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Zulma Faiad: «Mi único derecho es mi libertad»

Radiante como siempre, la popular actriz y vedete sigue haciendo teatro. Y afirma que, antes que la belleza, lo importante es el talento.

Por Teté Coustarot
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Mientras manejaba para encontrarla, pensaba que ella era la única Zulma de la Argentina, que uno piensa en ese nombre y automáticamente se le viene a la cabeza esa gran actriz que es Zulma Faiad. Una mujer que nunca abusó de su belleza y tiene una paz que inspira –aunque cuente que su tranquilidad tiene un límite–. Charlamos antes de que comience la gira de Mujeres de ceniza, una deliciosa comedia que habla sobre el mundo femenino.

¡Empezaste a trabajar muy chiquita, Zulma!
A los 9 entré al Teatro Colón y, más tarde, al Ballet Infantil de Beatriz Ferrari, en el Teatro Cervantes. La historia no me la contaron, la viví. Somos mujeres que hemos pasado la historia. ¿Quién te la va a contar, si no?
Es que te tocó ser mujer en una época divina, porque hemos evolucionado muchísimo…
Mi madre se divorció cuando yo tenía 12 años; un horror, porque la familia despreció esa acción. Soy una adelantada a la época, porque tuve una madre muy feminista, en el buen sentido de la palabra; porque no se entiende que el feminismo es defender nuestros derechos. Estos temas me interesan, porque más allá de un padre maravilloso, con una cultura impresionante y un gran lector, la mamá que tuve fue líder, era una rebelde.

¿Tu disciplina y la constancia de trabajar toda tu vida se te dio cuando empezaste?, toda esa gente que se formó en el Colón…
Los maestros fueron Zulma Castillo, Aida Mastrazzi, Jorge Tomín, Michel Borowski y Beatriz Ferrari. La disciplina me la dieron los maestros y la familia, muy numerosa; te imaginás que mi abuelo tuvo doce hijos y mamá seis. Soy la primera hija, la primera sobrina, la primera todo; el amor no es casual, forma a una persona.

Y a parte, el empuje de los adultos es fundamental…
Absolutamente, paz sí tengo porque eso hay que trabajarlo, pero no te creas que me da igual. El otro día en la tele me dijeron que provocaba mucha paz, que era muy tranquila y les respondí que tenía paz hasta que me provocan. Si me provocás, yo voy a defenderme de vos. El único derecho que tengo es mi libertad.

Además tenés mucho sentido del humor…
Eso me salvó y creo que también lo heredé; es genético, porque mi padre y mi madre no sabés lo que eran. La familia se disfrazaba para carnaval y todos eran Papa Noeles el día de Navidad.

Y hace un año que estás con el éxito de Mujeres de Ceniza.
Habla de las relaciones que tenemos las mujeres, cuando nos respetamos y nos amamos; porque decir te amo, es una palabra muy importante para mí; entonces hacemos relaciones muy importantes. Es una historia muy dura, muy graciosa también, porque tiene comedia, pero tiene suspenso y tiene su parte emotiva con personajes totalmente distintos. Mi Isabel es una mujer intensa, simpática y sometida a algo que yo jamás me hubiese sometido, a la mentira.

¿Sentís identificación en la platea?
Los hombres vienen arrastrados por las mujeres, somos nosotras quienes los traemos al teatro. Es una obra distinta donde se habla del orgasmo a nuestra edad y de una forma muy divertida. El público se identifica con el tema.

¿En qué momento de tu vida empezaste a tomar conciencia del poder que te daba la belleza?
Nunca, siempre estuve convencida de que era muy talentosa y para mí era un juego; yo era una actriz que hacía de vedete. Cuando me contrataron, tenía 17 y veía a todos muertos conmigo cuando bajaba la escalera, pero yo me miraba al espejo y decía: “Éstos creen que yo soy una mina matadora”. Y era virgen en ese entonces; para mí era un juego medio perverso y el poder pasaba por que yo sabía lo que ellos no sabían. Con eso jugué bastante hasta que dejé de ser virgen a los 22.

También brillaste fuera de la Argentina…
Sí, me contrató Manolo Fábregas, gran actor y una especie de institución en México. Hice Falta un metro para la olimpiada y más tarde La divina con medias. Fui contratada por 45 días, me renovaron, vine, arreglé todo y me fui con Melchor (N. de la R.: su primera pareja y el gran amor de su vida) a México, y me quedé siete años. Trabajé horrores, hice 35 películas, tuve mi programa de televisión con (Manuel) “El Loco” Valdés, no paré de hacer teatro, filmé por Pelmex en toda América hasta que un día dije: “Quiero volver”. A pesar de que vivía muy bien en una cabaña divina en el Valle de Bravo, sentía que no tenía mi lugar en el mundo. Ese lugar estaba acá, donde tuve a mis dos hijas.

Y en esta Buenos Aires, ¿cuáles son tus lugares?
Nací en Floresta y viví en Cabildo al 200, así que me gusta mucho Belgrano, porque hay lugares muy bellos. La arquitectura de la Capital me enloquece, mi hija dice que soy tachera, porque se dónde queda cada cosa. Los museos son un lugar mágico. Voy al Café de los Angelitos y sufro por la confitería El Molino, porque está destruida; cuando caminás Buenos Aires, hay que mirar para arriba, porque es una de las ciudades más lindas del mundo.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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