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Zona de outlets: vestirse en Barracas

Las fábricas de golosinas y los talleres gráficos dieron lugar a locales de ropa de 2da. selección.

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A finales de los 80, los vecinos de Barracas dejaron de oír la sirena de la Compañía General Fabril Financiera. Al poco tiempo, los talleres gráficos cerraron por quiebra y se convirtieron, como tantos otros, en carcasas vacías, como antes había ocurrido con Medias París, Kraft y Peuser, Alpargatas, Canale, Bagley, El Águila y Noel. El edificio durmió durante algunos años hasta que, en 1998, el estudio de arquitectos Brunzini-Enea Spilimbergo puso manos a la obra y lo transformó en el complejo de oficinas Central Park. El artista plástico Pérez Celis lo vistió de colores flúo y el enclave se convirtió en un nuevo punto de referencia barrial. Tal vez por eso la manzana de las calles Herrera, California, Vieytes e Iriarte fue elegida por ocho importantes marcas de indumentaria para ser su punta de lanza hacia el sur de la Ciudad.

Así, los locales de la planta baja del Central Park pasaron a configurar un shopping a cielo abierto.

A partir del nuevo polo de outlets, la vieja zona comercial de Barracas comenzó, sin habérselo propuesto, a cerrar la herida abierta por la autopista del intendente brigadier Osvaldo Cacciatore. Pasaron casi 35 años. En realidad, la idea no es nueva. Hace más de dos décadas, una parte de los viejos talleres gráficos Peuser se transformó en galería comercial, sobre la avenida Patricios. Y en el edificio más moderno de la Fábrica Argentina de Alpargatas se instaló el primer local de discontinuados del barrio.

Pero el nuevo proyecto sobrepasa exponencialmente a sus antecesores.

La primera empresa en asentarse en el polo Central Park fue Levi’s, en la esquina de Herrera y California. A menudo visitan el local, para comprar remeras y jeans, futbolistas de los clubes Lanús y Banfield. En la otra punta de la manzana, en Herrera e Iriarte, funciona Lacoste, el negocio de mayor facturación y el elegido por los turistas brasileños. Al lado, se encuentra el local con mejores precios: prendas de Passport, Equus, Cacharel y Chistian Dior se ofrecen por precios superconvenientes (hay remeras desde 45 pesos). Aquí realiza compras de vez en cuando Diego Capusotto, que vive a 50 metros de los outlets, y según las vendedoras de la calle Herrera, «siempre que pasa, saluda».

También ofrece buenos precios Grimoldi, con un psicodélico desorden de zapatos, zapatillas, sandalias y carteras agrupados por número. El local de Cardón es visitado por brasileños que no tienen problemas en llevar ropa de segunda selección. Cliente destacado de la casa es el vicepresidente de River Plate, Diego Turnes. En Legacy hacen descuentos del 25 por ciento. Hasta aquí, la descripción de sitios sobre la calle principal. A la vuelta, sobre la calle California, los amplios galpones de La Martina, de Wanama y Cook abrieron apenas hace dos meses y son los preferidos por los turistas colombianos.

El polo se extiende tímidamente hacia la avenida Montes de Oca, donde se emplazan los locales de Mistral, Polo, Boating y Wilson Salomon, especializado en indumentaria de tenis.

Parece una novedad encontrar tantos negocios de ropa juntos en una zona que había sido abandonada en masa por los comerciantes, después de que Cacciatore borrara por decreto las más destacadas manzanas comerciales. Aquella barrida que dejó sin su añorada vivienda, entre otros, al actor Juan Leyrado, terminó llevándose la Comisaría 30ª, el negocio de fiambres de Araujo, la librería Vigo y el bar La Armonía. Después, con la merma de público, les llegó el turno a la legendaria feria de la avenida Iriarte y al mercado Pepín, cierre que implicó la pérdida de una de las mejores pizzerías de la Ciudad.

Cierto es que las calles de Barracas al Norte ya no huelen a galletitas y chocolates, ni a una antigua y extraña mezcla de depósitos de cueros y forrajes. Quedan pocos adoquines y algunas veredas que suben y bajan. Los rieles de los tranvías, que dejaron de circular en 1963, fueron completamente removidos. El club Sportivo Barracas, gloria del fútbol fundado en 1913, por mediación de Marcelo Tinelli se llama ahora Barracas Bolívar. Sin embargo, si algún porteño conocedor de la zona pasa hoy por la avenida Iriarte, el costado despoblado del polo de outlets, aún percibirá un dejo de aroma a tinta de la vieja Fabril Financiera. Es lo más extraño del paseo: veinte años después del cierre de fábrica, el olor de las revistas que nos acompañaron en la infancia se resiste a abandonar el barrio.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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