Tiempo en Capital Federal

28° Max 21° Min
Parcialmente nuboso
Parcialmente nuboso

Humedad: 54%
Viento: Sur 22km/h
  • Viernes 15 de Noviembre
    Despejado19°   25°
  • Sábado 16 de Noviembre
    Cubierto con lluvias21°   25°
  • Domingo 17 de Noviembre
    Cubierto20°   28°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Yacht Club Puerto Madero: El río de los otros

Un lujoso amarradero que tiene escuela de kayakismo. 

Por Paula Jiménez España
Email This Page
veleros

No importa si hay basura, contaminación o lodo debajo de las aguas o compactados en la tierra, las construcciones de Puerto Madero tienen ese mágico don: hacer olvidar lo que las sostiene y las rodea. Es un raro barrio donde no hay colectivos, en cuyas anchas avenidas no parece haber smog y no se oyen ruidos. Será que el agua quieta devuelve paz, silencio, cierto orden.
Mirado desde el río, cuando es de noche, el Yacht Club es una de esas grandes casas de la costa (en los eventos entra un millar de personas), vidriada y luminosa, y se refleja en el agua turbia sobre la que flota su blanquísima estructura. Si el río crece o decrece, el Yacht, montado sobre un gigante playón, sube o baja con él, dócil al movimiento. A sus espaldas, el cruce de las calles Cossetini y Victoria Ocampo y una serie de bares que miran al río atan este club náutico a la gran ciudad. Allí está su entrada, con guardas y con sogas a los costados de la rampa de descenso por la que se ingresa al Dique IV. En la costanera, 250 barcos recrean otros lugares del mundo iguales de elegantes y apacibles, puertos deportivos frecuentados por personas que encuentran en el agua distracción a sus preocupaciones y su stress. Un lujo para la mayoría, una necesidad para ellos. Es el caso de los ejecutivos que a la hora del almuerzo, en lugar de sentarse a comer en un restaurante o hacer ejercicio en un gimnasio, eligen la actividad náutica. “Incluso en días muy fríos como hoy, salen a remar. Es un deporte muy completo y hacerlo en Capital Federal es muy atípico y sin embargo, está muy a mano. Esta es una zona de empresas y los empresarios la disfrutan. Cualquiera puede venir. Si decís que sabés remo, te toman examen; si no, vas a la escuelita. Te podés ir remando hasta el dique uno y te hacés de punta a punta la ciudad”, cuenta Alejandro Capaloza, gerente de marketing del Yacht Club Puerto Madero. Otra forma de relax son las regatas: “Se hacen muchas, para hacer negocios o trabajo en equipo. Juntan diez veleros y llaman a un profesional de coaching. Es muy integrador. Si vos querés fortalecer tu trabajo en equipo, invitás a los ejecutivos a pasar una tarde y si subieron peleados vuelven amigos. Cada uno decide si quiere ayudar al capitán o tomar sol”.
La definición de un amarradero es sencilla: un gran parking donde se amarran embarcaciones. No se requiere más. Pero existe un protocolo. Cada barco que quiere reservar su lugar en el Yacht Club debe hacerlo con bastante anterioridad y si es del exterior, mostrar, flameando, una bandera distintiva de su procedencia. Según Capaloza, llegan de todas partes. Una visita que lo dejó con la boca abierta es la de la primera velerista que dio sola la vuelta al continente: “Vino acá pasando por el Cabo de Hornos. Ahora debe estar llegando a su país, México. Es una actividad de mucho riesgo porque casi no se puede dormir. Duermen apenas un rato, cada hora y ella estuvo sola en medio del océano”.
¿No es frecuente que las mujeres manejen embarcaciones?
Sí, pero no que se dediquen al deporte en solitario. Requiere una personalidad especial. Recibimos a una alemana que vino en kayak desde Brasil y ahí mismo durmió, bajo la lluvia. Su compañero de viaje se cayó del bote y murió, picado por una raya. Y ella siguió.
Los barcos también salen del Yacht Club al Delta, a Uruguay. Otros, más grandes, a destinos más remotos, como el Caribe. Es un lugar de tránsito, donde se practican deportes, se parte, se regresa, se aprende a conducir un bote o se consigue un título de timonel. Está a poquísimas cuadras de las grandes avenidas porteñas, atestadas de autos, saturadas del humo de los caños de escape, levantadas entre construcciones grises donde viven y trabajan personas para las cuales un velero es una embarcación exótica, que estará siempre lejos.

 

dz/lr

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario