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TEMAS DE LA SEMANA

Votar por primera vez: de las aulas a las urnas

Son 120 mil jóvenes. Muchos de ellos militan con entusiasmo en las distintas agrupaciones políticas.

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Es la generación que en 2001 pasaba por las aulas de la escuela pri­maria y que arribó a la adolescencia en pleno renacer de la militancia partidaria. Son jó­venes de 18 a 22 años que com­prenden la manera en que los ma­yores hacen política partidaria en los locales y comparten allí dife­rentes actividades, pero extien­den su ámbito de participación a los blogs y a las redes sociales. Es­tos chicos votan por primera vez en una elección presidencial: sólo en la ciudad de Buenos Aires son 120 mil.

La cifra surge de un cálcu­lo estimativo realizado por la Di­rección Nacional Electoral, que se hizo a partir de datos proporcio­nados por la Secretaría Electoral de la CABA. Sin embar­go, no existe manera de conse­guir el número exacto, porque en los padrones no aparece la edad de las mujeres. Sí la de los varo­nes. La razón parece ser un tema arcaico de «coquetería femeni­na», muy entre comillas. En la Di­rección Nacional Electoral sonríen cuando se les pregunta sobre este punto, pero no lo confirman.

En estos comicios presidencia­les el número de electores porte­ños es menor que en los anterio­res. Son casi 100 mil menos. De 2.583.026 bajaron 2.493.113.

Por otra parte, es una particu­laridad de estos comicios que el nombre del triunfador ya se co­noce: Cristina Fernández de Kir­chner. No sólo eso, sino que este resultado ya fue aceptado por las fuerzas que compiten.

Esta realidad mueve a los mili­tantes a concentrar sus esfuerzos en conseguir votos para los can­didatos a ocupar un escaño en el Congreso de la Nación.

Por eso no existe demasia­do entusiasmo en el grueso de la militancia. Sin embargo, en­tre los más jóvenes, los que vo­tan por primera vez, las energías no decaen. Son los que pasan buena parte del día en los lo­cales partidarios, los que ensa­yan en las murgas, los que se ha­cen tiempo para asistir a charlas y cursos de formación, los que dan clases de apoyo escolar a los chicos del barrio. Y sobre todo los que prolongan el activismo a través de cuentas de Facebo­ok y Twitter y de los más diver­sos blogs.

La participación política en las redes sociales es un capítulo apar­te que los militantes de las gene­raciones anteriores no llegan a comprender del todo bien. Aún existen políticos que distinguen entre los jóvenes que militan te­rritorialmente «como lo hacíamos nosotros», del lado positivo, de los que están «con la computa­dora o la televisión». Algunos de esos políticos consideran una pér­dida de tiempo las actividades en el espacio virtual.

El abismo generacional, en este punto, es más que profun­do. Quienes continúan fuera de las redes sociales no registran las posibilidades de interacción entre «mundo real» y «mundo virtual». En las redes aparecen convoca­torias a reuniones, a actos parti­darios y a movilizaciones. Se di­funden comunicados, artículos periodísticos y entrevistas a candi­datos, y hay espacio para la discu­sión y el chicaneo.

Para estos chicos no es tan fá­cil, sin embargo, conjugar la mili­tancia con los viejos amigos, esos que tenían antes de volcarse a la actividad política. Algunas de esas antiguas amistades no llegan a entender ese tipo de discurso, ni siquiera cuando se comprende la militancia como la pertenencia a una suerte de espacio de parti­cipación ciudadana no demasiado ideologizado.

Los padres de hoy, por su parte, suelen mirar de costado el tema de la militancia de «los chicos», tanto en la calle como enfrente a la computadora o al celular inteligente. En estos tiem­pos los padres porteños suelen pensar que sus hijos «tienen que hacer su experiencia» y tienden a dejarlos volar sin ponerles dema­siadas trabas en el camino. Mu­chos de estos adultos tuvieron malas experiencias en su juven­tud pero aun así entienden que «éstos son otros tiempos». Como decía la canción de Sui Generis, «nuestro hijo traerá nuevas res­puestas para dar».

DZ/km

Fuente Redacción Z
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