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TEMAS DE LA SEMANA

Virginia Lago: «El destino me trajo hasta acá»

Comenzó a actuar a los 15 años, pero asegura que «no tenia la menor idea de la profesión». Sobre el escenario o como presentadora de TV, sigue brillando.

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Me tomé el permiso de descubrir el pedacito de mundo de Virginia Lago, ese que coincide a la perfección con su living en Historias de corazón –su programa en Telefe– y con la estela que deja junto a su marido, Héctor Gióvine, en la obra que hace tres temporadas hacen juntos: Milagros del corazón. Rodeada de otoño, me adentré en la calle Cátulo Castillo… el almacén en la esquina, la verdulería, la ferretería… y en su casa, me esperaba Virginia en un jardín de ensueño.

¡Me encanta tu casa!, coincide con el clima de tu programa. ¿Siempre viviste en casa?
Nací en Villa Ballester en una casa grande, con siete hermanos; yo soy la menor. A partir de entonces vivimos en departamentos. Siempre soñaba con un poco de tierra, y aquí estamos.

¡Me cansé mirando todo lo que hiciste, cómo has trabajado tanto, y aún seguís!
Mucha gente me lo dice, fueron muchos años, Teté, desde los 15 que trabajo sin parar.

¿La vocación apareció rápido en tu vida?
Creo mucho en el destino, aunque uno tiene que ayudar un poquito, la vida te va llevando. El año pasado dirigí Romeo y Julieta, de Shakespeare y coincido, cuando yo empecé no tenía la menor idea de la profesión, el destino me trajo acá.

Seguís en Milagros del corazón, en la que interpretás a una mujer bastante engañadora de lo que sucede, como si fuera una manera de defenderse.

Es una gran simuladora y escondedora, pero lo hace para poder vivir. Tiene un enorme dolor en su vida y conoce a un médico, director de una clínica en la que ella es una paciente. Cada cual tiene su historia.

¡Y tiene un final feliz! Yo adoro los finales felices, porque creo que existen, no es sólo una fantasía de la ficción.
La obra tiene una cosa muy particular, es una historia de amor de gente adulta. Además, en el teatro Regina, donde estamos, estrenaron la misma obra Rosa Rosen y Carlos Muño.

Un día, hablando con Gustavo Yankelevich acerca de que Telefe hubiera vuelto a ser un canal familiar, me contó que el puntapié inicial fue por vos.
Me siento muy halagada. Además, tengo una relación divina con su hijo Tomás, es como un hijo. Ya vamos por el cuarto año del ciclo.

Y es fantástico que puedas contarle a la gente que lo que va a venir es bueno.
Y también compartir, contar un poquito qué es lo que pasa con lo que vemos. De pronto, me encuentro compartiendo películas maravillosas, miniseries extraordinarias. Por ejemplo, Avenida Brasil comenzó con nosotros, estuvo cuatro meses y después como un hijo voló para la noche… fue un éxito enorme.

¿Cuáles fueron los momentos en los que sentiste que esta profesión era tu lugar?
Me enamore de esta tarea y me gusta que la vida me haya dado la posibilidad de estar en esta profesión y compartir sentimientos y pensamientos. Lo que más añoro es cuando teníamos un grupo que se llamó Teatro Popular de la Ciudad. Duró casi diez años. Estaba Héctor, Víctor Hugo Vieyra, Gastón Breyer, entre otros, y hacíamos teatro de repertorios, obras como Pigmalión. Mi primer protagónico en una película fue en La sentencia: cada vez que pienso que me dirigió Hugo del Carril ¡no lo puedo creer! Y además, estuve en el pueblo de Guillermo cuando todavía él no había nacido –Virginia miró con complicidad a nuestro fotógrafo, oriundo de Pasteur– filmando con María Herminia Avellaneda y María Elena Walsh una película que adoré, Juguemos en el mundo.

Y representaste a mujeres que pasaron una posta maravillosa.
Édith Piaf, Frida Kahlo, Juana Azurduy en la tele, Violeta Parra en el teatro. Fueron mujeres en las que tuve que hurgar y me enseñaron tantas cosas de la condición humana.

¿Cómo nos ves con toda la evolución que tuvimos?
Nosotras les tenemos que agradecer a Frida Kahlo, a Juana Azurduy, a Victoria Ocampo. Cada día, ocupamos más lugares por suerte. Nos enseñaron a ser independientes, a defender nuestro lugar. De todos modos, estoy asombrada con los temas de violencia de género.

¿Qué tenemos que hacer para que estas cosas no sucedan?
Se necesita una campaña de educación muy grande, desde la escuela. Yo creo en el poder del maestro como ejemplo de la escala de valores. Ahora parece que los alumnos pueden cuestionar a los maestros. La educación es el abecé de todo. Hay que empezar de nuevo. Yo tuve padres que tenían una autoridad; mi papá jamás me levantó la mano, pero él decía “no” y era no.

Para terminar, ¿cuáles son tus lugares en Buenos Aires?
Me gusta pasear por la Avenida de Mayo y mirar los edificios, las cúpulas…. Me gusta mucho Palermo, la Costanera, deseando que alguna vez se pueda volver a disfrutar del agua. Me gusta mucho la zona de Lola Mora, y comer un sándwich de mortadela y queso en Recoleta. Voy seguido al Centro Cultural Recoleta y al Museo de Bellas Artes. Con Héctor salimos mucho.

¿Cómo está compuesta tu familia?

Tengo una nietita de siete años… ¡la que está ahí en la heladera!, esas fotos en la puerta. Sí… éste es mi hijo, ésta es Mariana que es una actriz extraordinaria.

Terminamos la nota viendo fotos e inmersas en ese mundo suyo que emanaba un suave aroma a otoño.

Fuente Redacción Z
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