Tiempo en Capital Federal

23° Max 15° Min
Parcialmente nuboso
Parcialmente nuboso

Humedad: 68%
Viento: Nordeste 22km/h
  • Viernes 22 de Octubre
    Cubierto con lluvias15°   23°
  • Sábado 23 de Octubre
    Cubierto con lluvias14°   18°
  • Domingo 24 de Octubre
    Despejado12°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Violencia contra la mujer: no es amor, es afán de dominio

El asesinato de mujeres ya tiene nombre: femicidio. Muchos se creen con derecho a humillarlas, golpearlas y, a veces, matarlas. El 3 de junio es la cita para decir basta.

Por Valentina Herraz Viglieca
Email This Page
violencia_contra_la_mujer
mama_de_Lola_Chomnalez
Ni_una_menos
Anterior Siguiente

Necesitamos ropa de bebé y de mujer, todo sirve, juguetes también. Una amiga se fue con lo puesto de la casa porque el papá de su hija le pega, fue con la policía pero se negó a darle sus cosas y las de la bebé”, el mensaje llega por Facebook y se comparte y se comparte y se comparte. Llega unos días antes de que Chiara Páez apareciera enterrada en el fondo de la casa de su novio en Rufino. Unos días antes de que el colectivo casi espontáneo Ni Una Menos difundiera la cita del 3 de junio en el Congreso. Pero llega después del asesinato de cientos de mujeres, algunas cuyo nombre hoy reconocemos, otras anónimas.

En 2014 fueron asesinadas 277 mujeres. A 95 las mató el marido; a 61, ex parejas. El 80 por ciento ya conocía a sus victimarios. Los datos son del Observatorio de Violencia de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, la única que las cuenta, una por una, según aparecen en agencias y diarios nacionales.

El colectivo Ni Una Menos son periodistas, escritoras, artistas que ya habían organizado dos maratones de lectura en el Museo del Libro y de la Lengua. El primero, por la legalización del aborto. El segundo, contra los femicidios. Para participar sólo había que pedir la palabra. Ese mismo grupo, el 11 de mayo –cuando se supo que Chiara estaba muerta–, lanzó una cita que tomó fuerza en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Muchos asumieron la convocatoria. Artistas plásticos y diseñadores ilustraron la consigna, decenas de personalidades posaron con el cartelito “Ni una menos” y se sumaron trabajadores de los más diversos lugares. Ante cada caso nuevo #Niunamenos aparece como un sello. Madres de chicas asesinadas participan de la campaña. Y la cita del 3 de junio se extendió a muchas localidades del país, desde capitales provinciales hasta pueblitos pequeños.

La violencia contra las mujeres tiene distintas formas de expresarse. Algunas son discretas y es difícil darse cuenta tanto para la víctima como para su entorno. Comentarios “chistosos”, descalificaciones, control de los amigos, la familia, las salidas, las visitas. Y el dinero, ¿quién controla el dinero? Con independencia de quien lo gane, los varones violentos tienden a controlar los gastos de su pareja. Y la marquita negra en los brazos de la compañera de trabajo lo dice todo aunque ella mienta que es el picaporte el que la lastima, oportuno, los fines de semana.

Violencia es golpear, obligar a tener relaciones sexuales ”porque sos mi mujer y me tenés que atender”. Y en el extremo de la violencia está la muerte. Los asesinatos motivados por el odio hacia las mujeres son suficientes como para haber conseguido su propio nombre: “femicidios”.

En dos meses, en la Ciudad hubo varios casos, la joven asesinada por su hermano adolescente; la que apareció baleada en su casa en el centro; la abogada que se encontró en un bar de Caballito con un pretendiente y él la mató; la que fue a buscar un trabajo y no volvió. El mito de que sólo se mata a las mujeres en pueblos alejados del interior quedó demolido.

Números que arden
Una encuesta difundida por el Gobierno de la Ciudad muestra cifras que revelan que dentro de muchos ¿hogares? las mujeres son maltratadas psicológicamente por sus maridos como una conducta habitual. La encuesta abarcó un millar de casos entre noviembre de 2014 y enero de 2015.

Seis de cada 10 mujeres (55,8%) dice que sufre violencia psicológica, descalificaciones y está sometida a control. En el caso de la violencia sexual, el indicador desciende al 27,9. Pero esto significa que un tercio de las consultadas fue obligada a tener alguna práctica sexual contra su voluntad. El 20% de las mujeres dijo que le pegan. Para medir la magnitud del numerito se puede imaginar que de cada diez departamentos, en dos hay una mujer golpeada. ¿Cuántos departamentos tiene su edificio?
Las que tienen de 30 a 44 años son las que con más frecuencia viven el infierno de la violencia: siete de cada diez.

Para seguir demoliendo mitos se puede decir que haber estudiado más o menos no cambia nada. Maltratan lo mismo a la que no terminó la primaria que a la universitaria. Y se cae un mito más: golpear no es asunto de intoxicaciones. Siete de cada diez dice que cuando fueron atacadas el agresor no había consumido drogas. Y la mitad dice que tampoco había consumido alcohol.

Botoncito poderoso
La tecnología ya puede ser considerada parte de la violencia contra las mujeres. Para bien y para mal. Muchas de las primeras reacciones violentas entre los jóvenes surgen del control: si “hablaste con un tipo por Facebook” o le “diste me gusta a la foto de tu amiguito”. Chicas y grandes son controladas en las redes sociales, en los celulares, en sus chats.

Así como la campaña Ni Una Menos encontró un espacio protagónico en Tweeter y en Facebook, del mismo modo lo hicieron publicaciones que enseñan qué hay que observar para saber si se está inmersa en una relación violenta o en una situación peligrosa. Hay aplicaciones para smartphones que explican qué hacer frente a casos de violencia, test para identificar a los violentos y en algunas ciudades se implementó una aplicación que funciona como un botón antipánico.

El botón antipánico se entrega en la Ciudad, con orden judicial, a través de la Policía Metropolitana. Es una especie de control remoto muy chiquito, que al presionarlo por dos segundos vibra y envía un alerta a la policía. A partir de ahí todo lo que sucede se graba a modo de prueba judicial y para saber qué tipo de ayuda necesita la víctima. Un patrullero responde a la llamada –según la Metropolitana–, dentro de los cinco minutos siguientes al pedido de socorro.

Buenos muchachos
La conducta violenta se aprende. Cuando los niños son niños también lloran, dudan, temen, extrañan y piden upa. Cuando las niñas son niñas también quieren treparse a todo, ser valientes, probar sus destrezas. En algún momento la familia, la escuela, la sociedad, les enseñan lo que les corresponde. Y lo que no.

“El padre, el abuelo, los hombres le trasmiten a ese niño los códigos de la masculinidad. ¿En qué consisten? En ser más fuerte, no asustarse, en pelear. Y también en coleccionar sexualmente a las mujeres, no considerarlas sus iguales sino construir una sexualidad sobre la base del dominio”, explica Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Por eso para enfrentar la violencia contra las mujeres no alcanza con decirle a un varón “no pegue, no mate”. Sigue Meler: “El cambio cultural tiene que ver con que los varones no sientan que tienen que ser dominantes para ser masculinos. Hay que desandar un largo camino, el de los juegos, los colores, el pensar que si juega con muñecas ‘lo vas a sacar puto’ porque el niño lo que tiene es que ser valiente, pelear con monstruos, salvar la Tierra”.

El Programa Las Víctimas contra las Violencias que coordina Eva Giberti actúa en el ámbito de la ciudad y el conurbano. Sus registros son elocuentes. De 173 víctimas que llegaron al programa, el 73 por ciento eran mujeres y el 27 por ciento varones. Lo que impacta de ese informe es que el 92% de ese universo de varones víctimas de violencia son niños hasta los 15 años. En cambio, el 96 por ciento de los agresores son varones adultos. Y algo peor: el 75 por ciento de los agresores era el propio papá.
Meler opina que, a pesar de esos datos, se puede trabajar un cambio con los varones adultos y los adolescentes. “Tiene que haber programas colectivos de reeducación para varones violentos donde se trabaje en grupos coordinados por hombres”. En la Ciudad existe desde 1997 el Programa Hombres Violentos pero en todos esos años sólo han participado poco más de dos mil varones, en el 90% de los casos derivados por la Justicia.

Si sólo la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia (OVD) desde su creación en 2008 informa que recibió 36 denuncias diarias, cerca de 60 mil denuncias en total, podemos decir que son pocos, poquísimos, los violentos que fueron a un grupo de autoayuda. “La obligatoriedad de asistir a un grupo de autoayuda forma parte del conjunto de medidas que toman los jueces, exclusión del hogar, trabajo comunitario y el grupo del cual algunos hombres han salido logrando revertir su conducta violenta”, dijo Carolina Stanley.

¿Será que los casos denunciados ni siquiera llegaron a los jueces?

dz /fs

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario