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Violencia contra la mujer: Cuando el peligro está muy cerca

Aunque se incorporó al Código Penal la figura del feminicidio y hay líneas gratuitas para denunciar agresiones, se multiplican los casos de violencia de género.

Por Natalia Gelos
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Son pocas las que llegan a la tapa de los diarios. Sus nombres, sus caras, sus historias. Detrás de ellas se desprende una estela silencio­sa y cruel. En la Argentina mue­re una mujer cada treinta horas, víctima del feminicidio. Según da­tos de la Asociación La Casa del Encuentro, el año pasado el 52 por ciento de las 295 muje­res asesinadas murió en su casa o en la vivienda que compartía con su agresor.

“Tenemos que enten­der que esto impacta en todo el tejido social y que los mayores ín­dices de muerte para un mujer no son los delitos denominados de inseguridad. El lugar más inse­guro para una mujer es su propia casa o la casa compartida”, ase­gura Fabiana Tuñez, directora de esa ONG.

El 25 de noviembre, como cada año, es el Día Internacional de la No Violencia contra las Mu­jeres. La fecha fue tomada del día en el que tres hermanas domini­canas fueron asesinadas en 1960 por sicarios del dictador Leónidas Trujillo. Las Mirabal eran luchado­ras sociales y su muerte significó un quiebre en la República Do­minicana. En 1981, en Colombia, durante el Primer Encuentro Femi­nista Latinoamericano y del Cari­be, se eligió aquel episodio para recordar y refrescar la lucha con­tra la violencia hacia la mujer. Apartir de 1999, la Organización de las Naciones Unidas oficializó la fecha. Es que la violencia con­tra la mujer no conoce de fronte­ras. Según datos de la Organiza­ción Mundial de la Salud, el 35% de las mujeres del mundo han su­frido violencia de pareja o violen­cia sexual por terceros en algún momento de su vida. Anivel lo­cal, las cifras son igualmente alar­mantes: según los datos de la Ofi­cina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación, que atiende casos de la Ciudad de Buenos Aires, los casos de 2012 a 2014 crecieron de 797 a 967. “En­tre las afectadas las mujeres y ni­ñas son el 79 por ciento. En ge­neral, las personas agresoras son varones y en general parejas o ex parejas. La forma de violencia más frecuente es la psicológica que se asocia con la física y/o sexual”, se­ñala Mabel Bianco, de la Funda­ción para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM).

En la Argentina hay dos le­yes importantes: la 24.417, sobre “Protección de la violencia fami­liar”, y la 26.485, de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que de­sarrollen sus relaciones interperso­nales”. Esta última establece que la violencia hacia las mujeres no sólo es una problemática privada sino que se trata de un tema de orden público. El problema, sin embargo, no disminuye y fueron tipificados distintos modos de violencia: físi­ca, psicológica, sexual, económica y patrimonial y simbólica.

Para realizar denuncias, exis­te la línea 144, que es gratuita y funciona a nivel nacional bajo la órbita del Consejo Nacional de las Mujeres. Otra línea, también en funcionamiento y gratuita, es la 137. Este servicio fue pensa­do para el área metropolitana y se enmarca dentro del Progra­ma Las Víctimas contra las Violen­cias del Ministerio de Justicia de la Nación, que contabilizó durante 2014, unas 1.915 víctimas de vio­lencia doméstica.

Según Eva Giberti, coordina­dora de ese programa, en los úl­timos años, “el avance más sig­nificativo reside en la mayor conciencia comunitaria acerca de la violencia contra las mujeres. La ley 26.485 es el mayor avan­ce legislativo. Cubre múltiples for­mas de violencia, se ocupa de lo que hace años no se menciona­ba. Pero aún falta finalizar su re­glamentación y que la mayoría de los jueces la tengan en su escrito­rio. Otro avance fue la legislación acerca del feminicidio y haber re­tirado del Código Penal la alterna­tiva del ‘avenimiento’, es decir, la posibilidad de que el violador elija casarse con la víctima, lo cual lo li­beraba de la condena”.

Tuñez, de La Casa del Encuen­tro, rescata los avances en materia legislativa pero relativiza su eficacia. “Eso sólo no alcanza para prevenir todas estas muertes, que son evi­tables. Hay que tomar a la violen­cia de género como un problema integral de todo el país y hay que dotar de presupuesto acorde para que haya dispositivos de asistencia integral que puedan sostenerlo en el tiempo así como garantizar el ac­ceso a justicia igualitaria y gratuita para todas las mujeres en todo el país. La creación de fiscalías espe­cíficas sería una alternativa”, ase­gura. Además, señala que hay una situación muy despareja si se com­para a Buenos Aires con el resto del país: “Han aumentado las de­nuncias pero también aumentó la cantidad de mujeres que, con de­nuncia previas, terminaron muer­tas. Ahí vemos que está fallando el dispositivo. Ser víctima de violencia de género en el resto del país no es lo mismo que en una ciudad cen­tral. En el resto del país es muy difí­cil para la mujer llegar a la instancia de la denuncia”, concluye. Bianco, de FEIM, coincide: “En las regio­nes rurales se denuncia menos la violencia pero creemos que existe igual que en las ciudades. Tal vez la violencia sexual, económica y social es más frecuente en las ciudades que en la zona rural”. A su vez, reconoce: “Es evi­dente que mejoró el co­nocimiento de la violencia contra las mujeres y niñas, pero las menos identifi­cadas son la económica, la obstétrica y la simbóli­ca. La violencia psicológi­ca está ya muy identifica­da”. Para esta especialista, “es imprescindible tener un plan nacional y que to­das las jurisdicciones co­ordinen con el gobierno nacional su accionar. Ade­más que se asignen los fondos necesarios y que se implemente las campa­ñas de difusión para des­ensibilizar la violencia con­tra las mujeres y niñas”.

Giberti, por su parte, seña­la que son varios los desafíos que deberían plantearse en este sen­tido. “Debemos lograr una pro­gresiva emancipación de la mujer para que deje de pensar y de creer que su vida depende de un ma­trimonio, de la maternidad o de una pareja con un varón. Cuando pueda disfrutar de una pareja sin subordinación, sin sometimiento y disponga de autonomía en su vida y libertad económica para asumir sus responsabilidades”, señaló la reconocida psicoanalista.

Las señales pueden llegar de modos diversos, en cualquier lu­gar, en cualquier esquina, en cual­quier espacio público o en el ámbi­to privado. Una situación violenta se adivina en los gestos desmesu­rados, en la posición de los cuer­pos, en ciertas miradas, en un tono de voz elevado, en las pa­labras que se eligen. Pero ¿cómo se debe intervenir en estos casos, si uno advirtiera una situación de violencia contra una mujer? ¿Qué se debería hacer, según la opinión de los expertos? “Siempre corres­ponde meterse dentro de los lími­tes de la prudencia para no ter­minar lesionado por intervenir. Llamar al número de teléfono 137 y avisarnos al Programa para que intervengamos suele ser lo más eficaz”, concluye Giberti.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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