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Vino blanco, el perdedor de las góndolas

Contra lo que se supone, las mujeres también inclinan sus favores por los tintos.

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Sonría ya. El vino blanco no mancha los dientes. Ésa es la única ventaja que se le conoce hasta el momento, en términos de cuidado de la salud. Una desgracia para el sector vitivinícola. El día en que el doctor René Favaloro recomendó que había que tomar una copita de tinto, las acciones del dorado vino se fueron a pique. Los consumidores porteños tomaron el asunto en serio y se pasaron en masa al borgoña y al malbec. Y los que no se bancaban mucho el tinto, cambiaron vino por cerveza. En el imaginario popular, las únicas que no dejaron el blanco fueron las mujeres. Los mayoristas de vino dicen que, en los pedidos para eventos y regalos empresariales, se pide incluir botellas de chardonnay para las damas.

Sin embargo, la realidad efectiva no corrobora esa presunción. Son muy, pero muy pocas, las mujeres que siguen firmes con el blanco. Casi inexistentes. Ni en los eventos más paquetes del Hotel Alvear, museos o embajadas, ni en los maxikioscos alrededor de la cancha de Boca, las mujeres eligen esta bebida.

En los eventos del Alvear, según revelan los camareros, para una mesa de diez personas se cuenta en promedio que ocho consumirán tinto -entre ellas todas las mujeres-, y dos se inclinarán por el chardonnay, única variedad blanca que se sirve. Estas dos personas invariablemente serán varones de más de 40 años. En tanto, en la otra punta de la ciudad, en el maxikiosco de Martín Rodríguez y Brandsen, a dos cuadras de la cancha de Boca Juniors, el 85 por ciento de los consumidores se vuelca al tinto en cartón y el 15 por ciento al blanco. Este pequeño porcentaje está compuesto sólo por varones mayores de 45 años.

El hecho es que, en las últimas dos décadas, se produjo una caída vertiginosa en el consumo de vino blanco, exactamente un 60 por ciento, mientras que el de tinto creció en un 44 por ciento. Según una encuesta encargada en 2009 por el Fondo Vitivinícola de Mendoza, el vino blanco cayó en todos los segmentos, pero mucho más en el envasado en cartón o tetrabrik. Diario Z recorrió varios autoservicios de la ciudad de Buenos Aires y advirtió que los vinos blancos en cartón cuestan entre uno y dos pesos menos que los tintos. Aun así, el público elige llevar la variedad oscura. En los vinos reserva, en cambio, no se registran diferencias de precio.

La palabra de Favaloro fue un estiletazo con tramontina para las variedades blancas. Y todo porque no contienen la carga de compuestos antioxidantes que se le atribuye al tinto. Hasta la fecha no apareció un estudio que le reconozca propiedades especiales al vino blanco. Únicamente los odontólogos lo recomiendan, a los pacientes que registran porosidad en el esmalte dental. Guerra a las manchas.

Así continúan los datos desfavorables. El mayorista Outlet de Vinos señala que en los pedidos para eventos se reparten así las variedades: un 80 por ciento de tinto y un 20 de blanco. «Suelen decirnos, ‘un poco de blanco, por si quieren’.» En los pedidos para regalos empresariales o agasajos, a veces se presupone que queda mejor regalar vino blanco a las mujeres. Se impone el mito.

A la ola mítica se suma el personal de algunas consultoras de investigación de mercado. Es llamativo que, cuando se realizan encuestas de este tipo -por ejemplo, para cambiar la etiqueta de un vino torrontés-, suele suponerse de arranque que se encontrarán más consumidores de vino blanco en el sector femenino. Todo bien mientras las presunciones no arrastren los resultados.

Es cierto que, en el terreno de las convenciones, el blanco sigue reinando sobre algunos manteles. En los restaurantes, los comensales pueden pedirlo para acompañar pescados, mariscos, sushi y comida picante o agridulce. En público, no queda bien acompañar frutos de mar con tintillo.

Juan Agustín Garay, director de la carrera de sommelier del Centro de Enólogos de Buenos Aires, recomienda el blanco para acompañar platos light o de bajas calorías. Por su parte Alejandro Rodríguez Aramburu, de la Escuela Argentina de Sommeliers, dice que hay que fijarse bien cómo le sirven a uno el vino blanco. «Hay que huir de los lugares donde te ponen una tonelada de hielo a la frapera o te traen agua fría con tres cubitos nadando.» Los sommeliers no le hacen caso a Favaloro.

Verano porteño. Quién puede negar que es hora de romper la tendencia. Happy hour para torrontés, chardonnay y chablis. Que traigan de una vez la frapera.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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