Tiempo en Capital Federal

16° Max 14° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 82%
Viento: Sureste 30km/h
  • Martes 28 de Septiembre
    Cubierto con lluvias13°   16°
  • Miércoles 29 de Septiembre
    Muy nuboso14°   19°
  • Jueves 30 de Septiembre
    Cubierto con lluvias13°   18°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Villalonga: «Todos los espacios verdes de la Ciudad están en riesgo»

El presidente de la Agencia de Protección Ambiental, Juan Carlos Villalonga, dice que «Ciudad Verde» no es un eslogan vacío, pero admite que los terrenos vacantes están amenazados por las necesidades de logística del servicio de basura y los programas de viviendas.

Por Franco Spinetta
Email This Page
villalonga

Estuvo 16 años en Greenpeace, donde llegó a ser el principal referente en la Argentina. Desde allí impulsó la sanción de la Ley de Basura Cero y fue un crítico impiadoso de la gestión de residuos del gobierno porteño. Sin embargo, Juan Carlos Villalonga, oriundo del pequeño pueblo santafesino de Juncal, saltó el mostrador y se convirtió en el titular de la Agencia de Protección Ambiental (APRA) en 2012. Justificó su decisión luego de advertir un cambio de la política del macrismo con respecto al medio ambiente. Desde 2011, luego de dejar Greenpeace, formó el partido Los Verdes para dedicarse a sus pasiones: la política y el ambientalismo.

¿Qué es la APRA y cuáles son sus funciones?

Tiene tres grandes ejes de trabajo. Uno tiene que ver con las evaluaciones técnicas: toda actividad en la ciudad requiere de una habilitación ambiental. Después verificamos que se cumplan las normas ambientales. El tercer eje tiene que ver con estrategias ambientales, con el Riachuelo, cambio climático, energías renovables. Evaluamos los pasos que debe dar la ciudad en esos rubros. Además, la Agencia es representante de la Ciudad en Acumar y también en el Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema), donde están todas las provincias. Siempre he sido muy crítico del Cofema: su aporte es pobre. Cada provincia intenta defender sus barbaridades ambientales y el acuerdo es que nadie se mete en la barbaridad del otro. Es difícil trascender esa lógica: el que sobrepesca no se mete con el que desforesta, o el que tiene problema con los glaciares no se mete con la minería.

¿Por qué aceptó formar parte de un gobierno que había criticado duramente?

La Ciudad mostró vocación de aproximarse a una agenda ambiental. Lo hizo, en principio, con una dosis de liviandad. Yo creo que se ha encontrado con que los temas ambientales le son muy productivos en términos políticos, le abren una agenda a nivel internacional. Eso ha hecho que también se vaya profundizando. Hoy, el eslogan “Ciudad Verde” no es un eslogan vacío.

¿Cómo se incorpora el concepto de medio ambiente en la Ciudad?

Hace un tiempo la cuestión ambiental aparecía como lejana, relacionada con bosques y montañas, que acá no se ven. Pero hoy tomamos conciencia de los problemas urbanos: la mayor parte de la gente vive en ciudades. Y estamos en camino de ser todavía más: se calcula que el 75% de las personas vivirá en ciudades en 2050. La tendencia es clara y los temas ambientales van a ser parte de la vida cotidiana.

¿Y cómo está Buenos Aires hoy ambientalmente?

Estamos a la orilla de un inmenso río, con una excelente provisión de agua de muy buena calidad. Además, estamos en una planicie que hace que la polución se despeje fácilmente. Eso es lo bueno. Lo malo es que es una ciudad muy urbanizada: hemos perdido muchísimos espacios verdes. Es un déficit histórico. Y compartimos con la provincia de Buenos Aires la peor tragedia ambiental de la Argentina, que es el Riachuelo. En lo reciente, tenemos el problema gigantesco de la basura. El modelo de enterramiento está en crisis: en la basura hay recursos valiosos. A mediados de la década pasada, ya se sabía que los rellenos sanitarios estaban llegando a su fin. Hay que pasar de un paradigma de enterramiento masivo a otro de recuperación y reciclado masivo. Recién a partir de 2011, el Gobierno comienza a tomar seriamente la Ley de Basura Cero.

Tal vez empujado por las circunstancias.

Nos estábamos acercando al abismo. El Gobierno asumió el golpe y cambió.

¿Ese quiebre hizo que hoy esté al frente de la APRA?

Fui ferozmente crítico durante el primer período. No había intenciones de cambiar la gestión de la basura porque no había convencimiento en las primeras líneas. En junio de 2011, Macri firma un compromiso con Greenpeace para cambiar la curva. De hecho, entre 2011 y 2012, se produce el primer decaimiento de la basura que se envía a los rellenos. Fue la primera vez que cayó, no por crisis económica, sino por aplicación de políticas. La caída de 2013 es algo nunca visto, creo que récord mundial. Hubo un acuerdo entre Scioli y Macri, muy duro, pero se cumplió al pie de la letra.

¿Tiene relación con la planta recicladora de áridos y con la organización de los cartoneros?

Los áridos se reciclan fácilmente y representan mucho peso. Es un material que vuelve a la construcción. Antes se enterraba. Hay un intento de que las cooperativas de recuperadores se inserten formalmente. Los cartoneros mostraron de manera elocuente que en la basura hay valor económico. Lo que no puede ocurrir es que cristalicemos una situación de malas condiciones laborales como parte del servicio de recolección urbana. Así y todo, las cooperativas van formalizando sus contratos con el Estado.

¿La clave es la separación en origen?

No es casualidad que sea la principal campaña: hay que producir un cambio cultural. Venimos de una relación con la basura que está basada en el descarte. La obligación del Estado es que haya una constancia. Hay que mantener una línea de comunicación porque estamos, otra vez, al borde del abismo.

¿Alcanza para cumplir la Ley de Basura Cero?

Estamos muy lejos de cumplirla. Arrancamos muy atrás. Estamos en el nivel de residuos que se enterraban en 2007. Por día, se mandaban seis mil toneladas. Hoy estamos en 3.800.

El Plan Buenos Aires Verde suena contradictorio con acciones anteriores, como la cementación de plazas, el uso de espacios públicos para obras. 

Hay una permanente tensión por los espacios vacantes. Todas las ciudades tienen sus plantas de tratamientos de residuos fuera del ámbito urbano. El relleno está en la provincia, hay terrenos de Nación en la Ciudad… es un conflicto de tres actores, muy complicado. La Ciudad está haciendo esfuerzos por mejorar la gestión de residuos, pero haciendo inversiones dentro de su territorio. Ahora, cuando necesitás una planta de separación de residuos, ¿en qué terrenos la hacés? Obviamente en terrenos vacantes que compiten con la necesidad de espacios verdes.

¿Eso explica el proyecto para destinar dos hectáreas de la Reserva para un estacionamiento de camiones de basura?

Fue un terrible error, que ya está solucionado porque se desistió con esa ley. Pero eso se produce por la imperiosa necesidad de contar con espacios para la logística de la basura. También hay déficit habitacional, cualquier programa de viviendas va en detrimento de los espacios verdes. Hay que ser muy conscientes de que todos los espacios verdes de la ciudad están bajo riesgo. El desafío es cómo equilibrar una ciudad que tiene concentradas las áreas verdes en la Reserva, el Parque Tres de Febrero y el sur. Las áreas verdes del sur están en riesgo por los planes de vivienda: la villa olímpica es un plan de viviendas en detrimento de un espacio verde.

Hay otros proyectos, como la playa de camiones en Parque Roca, la Terminal Dellepiane en Flores.

Yo me agarro la cabeza cuando veo esos proyectos, pero también hay que preguntarse si la ciudad puede convivir con el tránsito de camiones en determinados barrios. Es necesario que haya un centro de transferencia de cargas. El plan que plantea Chain es ambicioso, pero hay que recuperar espacios verdes porque no queda otra.

¿Por qué no se avanzó en la relocalización de las familias que están en el camino de sirga del Riachuelo?

La Corte ha puesto metas en materia de relocalización muy breves, desconociendo la complejidad que significa relocalizar familias. No sólo tenemos un problema con los espacios, sino que el espacio vacante está contaminado. Con lo cual, los trabajos de remediación del suelo atrasan todo. Además, son terrenos que también habitualmente están intrusados. A las familias no se las puede relocalizar en forma separada, hay núcleos que deben ser respetados. Y la Ciudad ha decidido no hacer torres. Por supuesto, sería más fácil meter a la policía y despejar todo. Pero no hacemos eso, entonces es un proceso mucho más lento.

¿Qué plazo podría establecer para cumplir con el fallo?

Es complicado, pero en no más de cuatro o cinco años tiene que estar resuelta la relocalización.

DZ / fs

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario