Tiempo en Capital Federal

11° Max 7° Min
Muy nuboso
Muy nuboso

Humedad: 57%
Viento: Sureste 15km/h
  • Viernes 18 de Junio
    Despejado  10°
  • Sábado 19 de Junio
    Parcialmente nuboso  11°
  • Domingo 20 de Junio
    Cubierto  12°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Villa Lugano: Los que se quedaron en el acampe

Diario Z recogió el testimonios de tres familias que, luego de pasar por los paradores, decidieron volver al acampe de Cruz y Pola.

Por Franco Spinetta y Valentina Herraz Viglieca
Email This Page
Acampe_Lugano_5
Acampe_Lugano_4
Acampe_Lugano_3
Acampe_Lugano_2
Acampe_Lugano_6
Acampe_Lugano_1
Acampe_Lugano_7
Acampe_Lugano_8
Acampe_Lugano_9
Anterior Siguiente

El sábado 23 de agosto no fue un sábado más para las 700 familias que vivían en el barrio Papa Francisco. Apenas amanecía cuando la Policía Metropolitana, con el apoyo de la Gendarmería Nacional, cumplió una orden judicial de desalojo. Habían pasado casi siete meses desde la toma del predio lindero a la villa 20.

Desde entonces, las familias desalojadas se repartieron como pudieron. Algunas volvieron a la villa, otras recibieron ayuda de familiares. El gobierno porteño les ofreció el subsidio habitacional de 1.800 pesos por familia por diez meses y, mientras tanto, pernoctar en los paradores estatales. Unas 60 familias decidieron acampar en Cruz y Pola, frente al ahora ex barrio Papa Francisco.

En realidad, no se sabe exactamente qué pasó con todas las familias. El Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) realizó un censo, pero aún no mostró los resultados. La oposición exige, hasta ahora sin éxito, que el Ejecutivo porteño muestre los datos.

La Secretaría de Hábitat e Inclusión, en cambio, difundió un estudio en el que se asegura que la población de las villas porteñas creció un 70% desde 2010. Esto significa que hay 275.000 personas viviendo en las 14 villas, 24 asentamientos y dos núcleos habitacionales transitorios que existen en la Ciudad, según la Dirección de Estadística y Censos porteña.

Muchos de los que fueron a los paradores denunciaron maltratos y falta de higiene. El Frente de Izquierda (FIT) presentó un informe que detalla las pésimas condiciones en el Parador Pereyra, en Barracas. Afirman que el gobierno no garantizó, a pesar de que había comprometido, que los chicos desalojados pudieran ir a clase y que las familias son sometidas a un régimen “cuasi carcelario”, con una estricta rutina de entrada y salida de las habitaciones.

 

Beatriz, 31 años: “¿Quien te alquila por $1800 una casa para seis personas?”

Por Valentina Herraz Viglieca

Redacción Z

Beatriz tiene 31 años. Tuvo a la primera de sus cuatro hijos a los 17. Con su marido, que es jardinero, había comprado un terreno en Laferrerre por 12 mil pesos pero en dos años se inundó nueve veces. Se fue. Llegó al B° Papa Francisco el primer día, el 24 de febrero.

¿Los chicos están yendo a la escuela?

Mi hijo de siete va pero las nenas no porque es lejos del Centro de día donde dormimos y no tengo cómo mandarlas. No conseguí vacante en Capital así que cursan en una secundaria de Laferrere y perdieron los útiles y la ropa en el desalojo. Tampoco tengo plata para mandarlas.

¿Cómo es vivir en un Centro de Día?

Tenemos que llegar antes de las nueve de la noche para dormir, te sirven almuerzo y cena, de eso no te podés quejar, pero yo prefiero estar acá y hacer el aguante. En cambio, mis vecinas prefieren estar acá para que no las maltraten. El problema en los paradores es sobre todo con las bolivianas, yo soy argentina.

¿Qué problemas?

A las siete apagan las luces, no les dejan mirar la tele a los chicos, les sirven la comida sin ganas o que ni comen. Los mezclan a los que salieron de acá con gente de la calle, los tratan de negros usurpadores, le roban las cosas, lo poco que les quedó.

¿Hay discriminación por nacionalidad?

¡Claro! Y la nacionalidad no es algo para discriminar. Todos somos seres humanos, somos de distinta nacionalidad, somos todos iguales. Y la gente que trabaja en esos lugares y los que van de la calle tratan a las bolivianas como animales.

¿Por qué no agarran el subsidio y se van de los paradores?

Porque es una mentira, eso te lo van a dar dos o tres meses y después ya está. ¿Quien te va a alquilar una casa por 1.800 pesos para una familia de seis? Nadie. Acá en la villa ya están cobrando 2400 una pieza de 4×4  y ni te dan los recibos para que el gobierno te pague las otras cuotas.

¿Qué esperan en este acampe?

Una casa. Mi casa. Y que se les borre todo esto de la cabeza a mis hijos, que no recuerden nunca un 23 de agosto. La imagen de los perros y los gatos aplastados por las topadoras los hace llorar más que la de mi casa que hicieron polvo.

 

Reynaldo, 34 años: “En la villa, hay pequeñas inmobiliarias que se aprovechan de nosotros”

Por Franco Spinetta

Redacción Z

Hace cuatro años que Reynaldo y Alberta decidieron venir a la Argentina para buscar un futuro mejor para sus cinco hijos. Oriundos de Cochabamba, Bolivia, la familia sobrevive por las changas de Reynaldo en la construcción. En la Villa 20 pagaban $900 por mes para una piecita de tres por tres. Por eso, cuando Reynaldo se enteró de la toma, no lo dudó y ocupó un terrenito para su familia. No se imaginaba, dice, que todo terminaría así.

¿Cómo llegaste a la toma?

Llegamos el segundo día. Vivíamos en el este de la Villa 20 y bajamos ahí porque había una oportunidad. Había un rumor de que el gobierno lo iba a vender para un privado. Era un rumor que estaba dando vueltas desde septiembre del año pasado. Dio mucha bronca porque la situación en la villa es muy difícil.

¿Vos estabas alquilando?

Sí. El alquiler estaba 900 pesos para una habitación de 3,50 x 3,50. Lugar para dos cuchetas y nada más. Ahora lo llevaron a 1.200 porque saben que no tenemos otro lugar adónde ir. Ahí hay pequeñas inmobiliarias y punteros, que se aprovechan de nosotros. El gobierno no hace nada. Esos punteros tienen hasta 30 habitaciones y viven de eso. Eso está conectado también con la delincuencia y el narcotráfico. Esos son los verdaderos delincuentes.

¿Por qué no alquilabas en otro lado?

Porque te piden un sinfín de cosas que no tengo, garantías. Y el gobierno te da un subsidio habitacional de 1800 pesos pero nadie te toma a ese precio con los niños. Te empujan a que vuelvas a la villa y ahí nos acusan de narcotraficantes.

¿Cómo fue el día del desalojo?

Estábamos durmiendo. La policía vino a las 6 de la mañana. Me desperté porque la perra ladraba mucho. Abrí la puerta y un policía me dijo: “Esto es un allanamiento de morada, estamos buscando a un narcotraficante”. Apenas abrí nos empezaron a empujar, nos sacaron de la casita y recién entonces nos dijeron que era un desalojo. A mi señora la golpearon. Después vinieron con las topadoras, sin necesidad de hacerlo. Pedíamos que por favor nos devuelvan las cosas. No nos escuchaban. Perdimos todo… apenas pude sacar a mis hijos. Nos destrozaron la vida, ya ni siquiera importa el maltrato físico. Es un trauma que tratamos de olvidar.

¿Les ofrecieron enseguida ir a un parador?

Nos hicieron firmar unos papeles para que pudiéramos reclamar el subsidio habitacional. Pero no aceptamos nada. La policía nos insultaba para que algunos reaccionaran. Nos presionaron para que nos separáramos. No sabemos adónde fue mucha gente porque cada uno se fue por su lado.

¿Vos qué hiciste?

Fuimos al parador Pereyra. Llegamos el lunes 25 a las 9 de la mañana. Sabíamos que ahí había gente del barrio Papa Francisco y de mi pasillo porque me avisaron. Ese mismo día nos echaron a las diez de la noche porque no nos habían llevado de Desarrollo Social, sino que habíamos ido por nuestros propios medios. Nos habían tenido todo el día diciéndonos que no había problema, que íbamos a poder quedarnos. Llamé a un amigo de la Legislatura que me ayudó, nos recogieron a las tres de la mañana a unas ocho cuadras del parador Pereyra y nos llevaron a Parque Chacabuco. Ahí está parando la gente que salió de la cárcel… cuando llegamos nos empezaron a insultar para que nos fuéramos. A las 8 de la mañana quise ir al baño y no me dejaron. Ahí hay un maltrato psicológico terrible. No dejan entrar a nadie para que vea lo que pasa ahí adentro. Nos habían dicho que iban a recoger a los chicos para que fueran a la escuela, no la cumplieron. Tuvimos que agarrar otro camino y así volví al acampe.

¿Qué te pedían en los paradores?

Hacen una evaluación y te dicen que no tenés derecho a estar ahí porque eres un delincuente, que eres de la calle, que ahí tienes que volver. ¿Somos delincuentes por ser pobres? Nos han quitado todo. Los delincuentes son ellos, que están sentados en sus casas después de destrozarnos el alma con las topadoras.

¿Por qué te quedás en la Argentina?

Porque acá los chicos tienen derecho a ir a la escuela y usar una computadora, cosa que en otros países no pasa. Argentina es un país de puro inmigrante. Yo no soy argentino, pero la mayoría de mis hijos sí. Hasta donde yo sé, Macri tampoco es de acá, es hijo de inmigrantes. No nos pueden decir que porque somos inmigrantes somos delincuentes y narcotraficantes. No es así. Los narcotraficantes son multimillonarios que nos están explotando.

 

Charo, 52 años: “Usaron nuestras chapas para armar el cerco”

Por Valentina Herraz Viglieca

Redacción Z

Charo es una mujer de expresión cansada, pelo corto y aros y anillos que la muestran coqueta. Tiene 52 años y dos hijos varones de 18 y 24 años. Antes de llegar al Barrio Papa Francisco vivía en una pieza de 3×3 por la que pagaba casi mil pesos. Es manicura y pedicura –“te dejo los pies como la piel de un bebé”, dice– y arregla ropa con una máquina de coser de pedal. Hace 15 años llegó a la Argentina desde Bolivia, donde se crió, aunque nació en Brasil. Llora, habla y llora. Charo perdió casi todo pero le sobran lágrimas.

¿Estás viviendo en un parador?

Estaba en el de Parque Avellaneda pero me vine al acampe porque no aguanté más. La gente que trabajaba ahí se las agarra siempre con las bolivianas, las tratan mal. Y hacían cosas para que los otros piensen que la gente de la toma, hacíamos las  cosas malas.

¿Tu hijo tuvo que faltar a la escuela?

No. (Charo chifla y el hijo sale de adentro de una carpa. José Antonio es alto y moreno, de suave andar, tímido. Tiene 18 años y empezó a estudiar hace unos años, va a 4/5 grado de un acelerado). Cuando las paisanas salvaron mis cosas lo primero que sacaron fue su mochila, no faltó ni un día al colegio. Lo que llevamos en la cabeza es más valioso que lo que llevamos en el bolsillo. Muchos se quedaron sin útiles. Los mellis de mi vecina lloraban a los gritos cuando vieron cómo las topadoras aplastaban sus computadoras.

¿Cómo llegaste a la toma?

Me enteré por la televisión, entramos a caminar y al tercer día nos animamos a preguntar si quedaba algún pedazo de tierra. Ya las estaban vendiendo entre cuatro y diez mil pesos. Les dije que no tenía esa suerte. Una de las delegadas anotó mi nombre y volví a la otra mañana, me dio para que me haga una chocita al lado. Nos quedamos.

¿Cómo era tu casa?

De plástico y una carpa de techo, casi en diagonal a Jumbo. Adentro pusimos machimbre y de a poquito pude comprar chapa (llora). Tenía todo, cama, mesas, sillas, muebles. Tenía mi sommier, ahí dormía con mi hijo porque no había lugar para dos camas. En un mueble redondo puse la garrafa y clavamos una hornalla.  Un placard, una heladera que me compré usada. Hace 15 años que estoy en la Argentina, cuando llegué me inscribí a la AFIP, pagué mi monotributo, me iba bien y de pronto la vida se me dio vuelta.

¿Cómo fue el día del desalojo?

El jueves habían simulado un allanamiento y todo el mundo salió pacíficamente y después volvió a entrar. El sábado la policía decía: “allanamiento, allanamiento”. Salimos todos como niño a quien le ofrecen un chupetín. No saqué ni mis medicamentos. Con todos afuera empezaron a sacar las armas largas y gritar “desalojo, desalojo”. Pedí que me dejaran sacar mis remedios porque soy diabética y no me dejaron.

¿Perdiste todo?

Entre mi hijo y unas mujeres sacaron mis cosas. Se me quedaron tres muebles y la cama de mi hijo que hacía de techo. A eso le pasaron todo por encima. A Mica, mi gatita negra, también. Mica apareció aplastada (llora).  A veces siento que no pasó, que voy a llegar y a entrar a mi casa.

¿Por qué no aceptaste el subsidio?

Es por diez meses. Los primeros dos meses juntos -3600 pesos, después 8 meses de 1.800 pero tenés que presentar recibo legal, DNI del que te alquila, su firma y una boleta de pago de luz o algún servicio. Por esa plata podés encontrar algo en la villa pero si pedís firma y número de documento ya estás afuera. Y si no presentás los papeles no te dan las otras cuotas.

¿Por qué te quedás en el acampe?

Vi llorar a mi hijo, sentí un miedo terrible. Voy a estar ahí hasta el final, si querés ponelo eso ahí en letra grandota. Por eso no recibí un centavo ni lo voy a recibir. Yo necesito un techo. Ellos me sacaron de mi casa, están usando nuestras chapas y tirantes para armar el cerco. Usan lo que yo pagué con mi platita.

¿Sacaron a los delincuentes?

No. Ellos saben quiénes son los que venden merca. Fuimos muchas veces a Gendarmería y a Metropolitana a pedir que nos resguarden, no nos dieron importancia. Dijeron que teníamos que abrir calles para que pudieran entrar,  después dijeron que había mucho barro y pozos y caminitos angostitos y que teníamos que rellenar para patrullar con motos o cuatriciclos. Juntamos la plata, hicimos lo que dijeron. Nunca vinieron.

¿Un deseo?

Poder tener una casa donde vivir mi mamá y yo tranquilos, se apura a contestar Juan Antonio. Charo le apoya la mano en la rodilla, llora y dice: “Yo quiero lo mismo”.

 

DZ/nr

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario