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TEMAS DE LA SEMANA

Villa Devoto: como en la edad de oro

Un campo deportivo con una historia ligada a la tradición de los empleados del viejo Ferrocarril.

Por Diego Zwengler
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Caminar por las calles de Villa Devoto es aden­trarse en un mundo de silencio y tranquilidad más propio de un pueblo que de un barrio porteño. Una casa tras otra, un jardín tras otro, un auto de vez en cuando. De repente, en Habana, entre Marcos Paz y Beni­to Juárez, el paisaje cambia su fi­sonomía y las mansiones con tejas azules dejan lugar al rojo del pol­vo de ladrillo característico de las canchas de tenis y al verde de las palmeras que la rodean. Es la en­trada del Ateneo Félix Marino.

La historia y el presente de este club, enclavado a metros de las vías del tren ramal San Mar­tín (antiguo Ferrocarril al Pacífico), contienen algunas curiosidades. Su campo deportivo perteneció a un grupo de jóvenes británicos, la mayoría vecinos, que habían fun­dado el Villa Devoto Lawn Tennis Club. Entre sus miembros se en­contraban los más importantes representantes de la comunidad inglesa y los empleados de altos cargos del ferrocarril.

Pero luego de que el club per­diera a la mayoría de sus socios, que volvieron a Inglaterra para combatir durante la Primera Gue­rra Mundial, y de la crisis econó­mica del 30, pasó a manos de la Federación de Círculos de Obreros Católicos. En este contraste radica una de las características de esta institución: que primero fuera fun­dada por la tradición inglesa y lue­go pasara a ser un club para la ju­ventud de obreros del ferrocarril.

La religión fue el nexo princi­pal y el que marcó el camino en los inicios. Aunque hay que decir que, más allá de que haya sido fundado sobre la base de valores cristianos, el Ateneo Félix Marino también re­cibe socios de otros cultos. Mante­ner la tradición y al mismo tiempo abrirse a los nuevos tiempos es el desafío de las autoridades.

Alicia Victorero, socia desde hace 25 años y secretaria, recuerda: «Cuando yo era adolescen­te, las mujeres concurrían por la mañana y los hombres por la tar­de. El domingo también era para ellos. Lo que pasa es que éste es un club con una tradición muy marcada. Se intenta mantener la disciplina y los valores morales, respetar al otro, cuidar las instala­ciones y que no haya peleas, todo dentro de un orden establecido. En eso somos un poco como en el ejército», confiesa entre risas.

La socia y secretaria explica que, si bien el Ateneo se encuentra ubicado en una zona residen­cial, concurre gente adinerada y no tanto. «Puede parecer un lugar de elite, pero viene gente de clase media y también algunas emplea­das domésticas que trabajan en la zona son socias del gimnasio y rea­lizan otras actividades. Por eso re­calco que las puertas están abier­tas para todos. Reconozco que hay ciertas reglas que cumplir, pero so­mos muy abiertos en otras cosas. Así debería ser en otros lugares, porque el mensaje que damos es que no hay que discriminar.»

De nuevo aparecen las re­glas. Para poder usar el gimnasio se debe tener más de 16 años. Es que las autoridades temen por el comportamiento de los más chi­cos y velan por el mantenimiento de las instalaciones. «Por eso te­nemos muy pocos socios adoles­centes. Vienen cuando son chicos y después ya casados y con hijos», describe Alicia.

Durante muchos años el club tuvo como ilustre vecino a Diego Maradona, que vivía a pocos me­tros del predio. Sin embargo tanto Alicia como el resto de los directi­vos rogaban para que no se hiciera socio. Es que el club intenta man­tener un perfil bajo y una continua asistencia del más famoso futbolis­ta habría trastornado la paz y la ru­tina. De todas maneras, Diego visitó las instalaciones en una oportuni­dad, aunque sólo estuvo un rato.

Actualmente 300 socios abo­nan la cuota de 170 pesos, con derecho a practicar taekwondo, natación, gimnasia artística, fút­bol y utilizar el gimnasio. El uso de las canchas de tenis y la pileta de verano se paga aparte. Además hay tres canchas de tenis, un fron­tón, una cancha de fútbol 7 y otra de paddle. El elegante restaurante funciona en el casco principal y se alquila para fiestas.

El espacio descubierto es el fuerte de este coqueto predio. Para Alicia lo importante es que mantenga el verde y que se edifi­que lo menos posible. «Tenemos unas parrillas y un solarium difícil de conseguir en otro lugar porque tiene muchas plantas y palmeras. como un oasis, hay rincones de este club en el que uno se sienta a tomar algo y se olvida que está en plena ciudad de Buenos Aires.»

• Dirección: Habana 4568.
• Barrio: Villa Devoto.
• Tel.: 4501-3839 y 4502-2328.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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