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Viki Montenegro: «Obligar a gestar es tortura»

La legisladora porteña Viki Montenegro (Unidad Ciudadana) fue una de las oradoras que hoy defendieron en el Congreso Nacional el derecho a la legalización del aborto como un derecho humano. Aquí sus argumentos.

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Viki Montenegro
Por Victoria Montenegro
Diputada de la Ciudad. Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos 

Hasta no hace mucho tiempo, yo no estaba comprometida con el derecho al aborto. Pero cambié de opinión escuchando historias de vida que no son la propia. Escuchando las razones de otras mujeres que cuando se enfrentaron a un embarazo no deseado, eligieron interrumpirlo, algo que yo no elegí cuando quedé embarazada a los 15 años.

A través de muchos años de militancia, pude entender que todas las personas que tenemos responsabilidades políticas y en el Estado, debemos representar un interés más amplio que el propio. Creo que esto es crucial para tomar posición con respecto al aborto. No se trata de lo que yo elegí ni de lo que elegiría en el futuro. Se trata de comprender una demanda social y responder por ella.

Es importante para mí mencionar a Verónica Marzano. Ella fue quien me guió en este proceso de entender que la despenalización del aborto también es una lucha por los derechos humanos.

Lesbiana, peronista y feminista popular, Verónica fue impulsora de la Línea telefónica “Más información, menos riesgos”. Surgida en 2009 para dar información sobre el uso seguro del misoprostol.

En esos años Verónica era parte de mi equipo en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Por eso, a medida que la Línea fue creciendo, pude conocer un sin fin de historias de vida. A través de ese teléfono, mujeres de las más diversas edades, sectores sociales, credos y profesiones, con y sin hijos, pedían información para decidir qué hacer con un embarazo que no deseaban continuar.

Esa experiencia fue reveladora para mi toma de posición a favor del aborto.

Con Vero aprendí que en nuestro país las mujeres abortan por las más diversas razones y que para ser justos con ellas tenemos que dejar de negarlas. Que el aborto en sí mismo no es peligroso para la salud, si se tiene información adecuada y se usa un método seguro. Que para muchas personas abortar no es un drama y que realizan esta práctica sin ninguna duda al respecto. Que puede ser incluso una experiencia empoderante. Y que el miedo, la vergüenza y la culpa se evaporan si se sienten acompañadas.

En este camino acompañada por Vero, aprendí que en este sistema patriarcal las mujeres somos subestimadas. Cada vez que alguien piensa que nos tiene que cuidar, que no podemos decidir por nosotras mismas, nos está subestimando. Y en los tiempos de la paridad eso tiene que empezar a cambiar. En este tiempo de feminismos masivos, nuestras decisiones deben ser respetadas.

En este Congreso Nacional se sentaron las bases que hoy nos permiten  avanzar hacia la legalización del aborto. En los últimos años diputados y diputadas, senadores y senadoras que nos precedieron, ampliaron notablemente la legalidad en materia sexual y reproductiva. La identidad de género, la reproducción asistida, la educación y la prevención sexual tuvieron en estas mismas salas en las que hoy estamos, sus debates y consensos.

Allí están los fundamentos para una ley de aborto amplia, democrática, profundamente solidaria con las situaciones de vulnerabilidad y que no imponga destinos a nadie.

Este debate se ilumina si reflexionamos desde la Memoria, la Verdad y la Justicia. Los juicios a represores y genocidas trajeron un mensaje claro a toda la sociedad: el Estado no puede dispensar tratos crueles e inhumanos. No importa qué conducta se esgrima como causa. Por el contrario, el Estado debe ser garante de los derechos humanos, arbitrando los medios para su protección.

Las restricciones al aborto, tal como hoy existen en nuestro país, condenan a una gestación no deseada. Obligar a gestar es tortura, es violación de los derechos humanos.

Sin aborto legal, lo que tenemos son embarazos forzados. Y la maternidad se degrada al ser un callejón sin salida.

Por eso, si estamos comprometidos con los derechos humanos, debemos despenalizar el aborto y abordarlo como lo que es: un problema de salud pública en el que se juegan la vida, la dignidad, la intimidad y tantos otros derechos que el Estado está obligado a proteger.

Todas las personas que tenemos responsabilidades políticas debemos comprender de una vez y para siempre que el Código Penal no sirve para enfrentar este problema.

Nuestro pueblo lo exige. Nuestra democracia lo merece. Necesitamos esta ley.

Fuente Diario Z
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