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TEMAS DE LA SEMANA

Victor Heredia: ‘Fui, soy y seré siempre contestatario’

El artista presenta un libro de poemas. Por qué se entusiasma con la Argentina que asomó en 2003.

Por Cecilia Alemano
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Nació en Buenos Aires, pero hace seis años se mudó a un barrio cerrado de Pilar. «Yo viví una ciudad distinta», dice. Y recuerda que en los 60 y 70 la efervescencia intelectual había transformado la calle y los bares en lugares de encuentro intelectual. «En esa época, para participar de esta Ciudad, tenías la obligación de haber leído, de poder debatir algo. Después, con la dictadura, estas cosas empezaron a perderse, por el miedo y la disgregación. Hacia el ’83 hubo un florecimiento de la cultura de la mano de Alfonsín y me tocó ser uno de los representantes de esa bandera. Extraño esa ciudad anterior al ‘89», suspira.

Año de asunción de Carlos Menem. ¿Qué ocurrió entonces?
Se pusieron bajo la alfombra cuestiones que tenían que ver con la vida social y política de la Argentina. ¡Se llegó al indulto! Entonces toda la ebullición intelectual que se había puesto en pie en el ‘83 volvió a caer. Recién en 2003 aparecieron cosas que salían de lo mediocre.

En ese momento asumió otro presidente, Néstor Kirchner. ¿Cómo fue su vínculo con él?
Muy afectuoso. Cuando me llamaron de Casa de Gobierno para decirme que el Presidente de la Nación quería que lo visitara me pareció impresionante. Lo primero que hizo fue mostrarme los discos míos que había atesorado durante su vida. Me pidió que se los firmara y desde ese día iniciamos una relación muy linda. Me gustaba muchísimo encontrarme con él.

Como figura política, ¿qué le mostró de distinto?
Creo que revolucionó la idea de lo político y generacional en la Argentina. Si yo pienso en la juventud de los años menemistas, ¿qué puedo decir? Me hacía acordar al pasotismo español. ¿Cuál era? ¿La que celebraba San Patricio o iba a Miami a comprar ropa? Esa generación les daba la espalda a los sucesos más dolorosos e importantes de la Argentina. En cambio, desde 2003 en adelante, empezamos a ver a una generación nueva, comprometida con lo que pasa en el país. La Cámpora, en mi opinión, no nace ahora, sino que es fruto de conceptos que se fueron generando en los últimos ocho años de la mano de chicos jóvenes. Me parece maravilloso que esto suceda. La Argentina lo necesita.

Usted musicalizó la primavera democrática. Después, según dijo una vez, el público dejó de sintonizar con usted. ¿Lo sigue sintiendo así?
No. Lo que hubo durante mucho tiempo fue una intención de determinados medios de borrarme de la lista de convocantes generacionales. Hablaban de lo que yo tenía, de los autos que me compraba, del dinero que ganaba, dando a entender que decía una cosa y hacía otra. Una mentira absoluta porque yo nunca me escondí, y lo que gané, lo gané honestamente cantando. Además siempre tuve una vocación solidaria que los medios se ocuparon de tapar.

¿Eso repercutía en su vínculo con el público?
La convocatoria seguía intacta, y los discos se vendían. Sí notaba que los jóvenes -que suelen curiosear – en los 90 estaban en otra cosa.

El rótulo de artista comprometido ¿alguna vez pesó?
No, pero sí me pesaba que me llamaran «cantor de protesta», a veces, incluso, peyorativamente. Pero fui, soy y seré siempre contestatario.

Está por sacar un libro de poemas…
Sí, una recopilación con prólogo de Silvio Rodríguez. Algunos de los poemas tienen 30 o 40 años.

¿Se reconoció en ese Víctor?
(Ríe) A veces no me reconozco, y me sorprendo. «¿Por qué escribí esto?», me pregunto. Hay una canción hermosísima de Alfredo Zitarrosa que dice «ahora que ya me olvidé del tiempo y de las cosas, ¿por qué me despierto de vez en cuando a la noche y escucho una voz cantando que parece ser la mía?» Tremendo. Pasa un poco eso: te entrevés entre las cosas.

En su web ofrece bajar su música. ¿Cómo se lleva con el formato MP3 y con el modo en el que hoy se consume la música?
Por suerte tengo hijos, porque desconozco lo que tiene que ver con la tecnología. De hecho no sé dónde están los agujeritos para enchufar los iPhones e iPods… Si mi hijo no viene de viaje, no escucho música.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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