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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Vecinos rechazan la construcción de microestadio

El anuncio de que una productora de espectáculos quiere hacer un estadio para 18.000 personas despertó indignación. Ocuparía una manzana de viviendas hoy convertida en tierra arrasada, propiedad de los Miguens, ex dueños de La Rural.

Por Franco Spinetta
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Un estadio para 18.000 personas (el Luna Park no supera los 9.000). Un hotel cinco estre­llas. Un salón de eventos. Salones corporativos. Otro edificio. Área comercial. Tres cocheras subterrá­neas. Dentro de tres años tal vez haya todo eso en Balvanera. Aqui­les Sojo, el dueño de la produc­tora de espectáculos Ake Music, asegura tener el aval del gobierno local para avanzar en este ambi­cioso emprendimiento: “Está pro­yectada la construcción de un are­na moderna, al estilo europeo, no americano”, confirmó Sojo a la re­vista Rolling Stone. “Son construc­ciones insonoras, no vibran, hiper­modernas”, se entusiasmó Sojo.

Una arena es un estadio con una importante área techada, casi siempre de forma circular u ovala­da, diseñado para eventos deporti­vos y recitales. Suele tener un gran espacio abierto en el centro, rodea­do por graderías y asientos. Su ca­racterística clave es que el evento se ubica en el punto más bajo, lo que permite una gran visibilidad.

Los rumores tomaron fuer­za luego de que finalizara la de­molición completa de la manzana delimitada por las avenidas Jujuy y Belgrano y las calles Moreno y Catamarca. La manzana en cues­tión supo tener edificios de de­partamentos de dos y tres pisos, con jardines en los de planta baja, mueblerías sobre la calle Belgrano, una carpintería sobre Catamarca, un gran estacionamiento en la es­quina de Moreno y Catamarca “y los comercios típicos de un barrio donde la gente todavía se cono­cía y saludaba no hace más de 20 años”, explica una vecina.

Fueron necesarios poco más de dos años de trabajo para de­jar disponibles –vacía– 10.000 m2 en un área de la ciudad privilegia­da por su centralidad y medios de transporte. Está a sólo cuatro cua­dras del Ferrocarril Sarmiento y el subte A –que coinciden en la Ter­minal de Once-, a diez de la subi­da de la autopista 25 de Mayo y al lado de la estación Venezuela del subte H. Un lujo.

Según explicó Sojo, el estadio se conectaría directamente con la Línea H a través de un túnel. Dia­rio Z intentó hablar con el empre­sario, pero desde el área de pren­sa de Ake Music respondieron que no darán entrevistas por el momento. Gracias.

El silencio quizá se explique por el malestar que ge­neró el megaproyecto. Los vecinos se oponen a convivir con un esta­dio que modificaría ra­dicalmente la fisonomía de un barrio que ya tiene bastan­tes problemas. “No necesitamos un estadio en este barrio, que tiene otras carencias más urgen­tes”, dijo a Diario Z Gloria Llopiz Ortiz, integrante de la agrupa­ción Buenos Vecinos. “Tenemos un déficit habitacional muy gran­de, con miles de personas vivien­do en hoteles y pensiones que cobran muy caro para dar un ser­vicio muy pobre. En esa manzana se podrían hacer viviendas socia­les y una plaza o un parque, por­que los espacios verdes también escasean”, agregó.

Los vecinos denuncian que na­die prevé el impacto ambiental de la obra. Y se preguntan qué pasa­ría con el incremento del flujo de personas, con las vibraciones y la contaminación sonora. Y quieren que la Legislatura tome cartas en el asunto. Al respecto, el legislador Pablo Bergel (bloque Verde Alame­da) pidió que el Ejecutivo contes­te formalmente qué aportará para que el proyecto se concrete.

“En primer lugar, no se pudo comprobar si el inmueble era an­terior al año 1941 y estaba prote­gido patrimonialmente. En segun­do lugar, los vecinos desconocen el destino que se le va a otorgar al predio, cuál va a ser el impacto que esa construcción puede tener en la población”, explicó Bergel.

La discusión está abierta: ¿ne­cesita la ciudad un estadio cubierto de esa envergadura? ¿Es Balvanera el lugar indicado para construirlo? Al jefe de gobierno, Mauricio Ma­cri, no parece disgustarle la idea. En declaraciones en el progra­ma Guetap de radio Vorterix, Ma­cri dijo que no ve con malos ojos la construcción de un estadio de esas dimensiones porque no existe otro semejante en la ciudad. El ar­quitecto Jaime Sorin, que preside la Comisión Nacional de Museos, coincide con Macri en que Buenos Aires necesita un gran estadio cu­bierto. Pero, dice, “no puede ubi­carse en cualquier lugar y menos en un área central como es el de­teriorado barrio de Once”.

Sorin les da la razón a los veci­nos cuando señalan que las priori­dades son otras, como el reorde­namiento del espacio público y la necesidad de viviendas. “Un es­tadio cubierto en esa zona mul­tiplicará los inconvenientes que ya tienen, potenciados por el in­cremento del tráfico de vehículos, el impacto sonoro en construc­ciones de cierta antigüedad y de alto valor patrimonial y la oferta de nuevos espacios comerciales. Todo eso destruirá la actual trama de locales, ya afectada por demo­liciones y desalojos”. Sorin se re­fiere a las construcciones previas a 1941 catalogadas como patrimo­nio por la ley 3.056 y que abun­dan en Balvanera.

En la misma línea, el urbanista Guillermo Tella indica que la cons­trucción de megainfraestructuras como el estadio proyectado ter­mina condenando a la “desinte­gración social de los barrios popu­lares de la ciudad, y Balvanera ya presenta un proceso de creciente degradación, con un tejido social y urbano pauperizado”. En ese marco, Tella se pregunta si acaso el gobierno prevé “la mitigación de los efectos negativos que el emprendimiento genere”, como parte del impacto ambiental.

Para Sorin, habría que ubicar el estadio en una “localización periférica, que serviría para mejo­rar condiciones urbanas en áreas que pueden absorber el impacto incorporando nuevos usos y ayu­dando a densificar zonas que ne­cesitan mayor actividad”. Con la salvedad de que “no puede ser un negocio privado que no le aporte nada al entorno”. Más preciso, Te­lla opina que “la zona más apro­piada es la Comuna 8 por la baja ocupación del suelo y la accesibili­dad en materia de transporte”.

La construcción de un estadio multipropósito es un viejo objetivo de las empresas ligadas al entrete­nimiento. Pero ya fracasaron dos iniciativas privadas. Una se propo­nía construirlo en La Rural, en Pa­lermo (los vecinos pusieron el gri­to en el cielo), y otra en el predio de la Obra Social de Buenos Aires, en Núñez, que impulsaba Fénix En­tertainment Group. Por su parte, el Gobierno de la Ciudad inauguró a fines del año pasado el BA Rock en el Parque de la Ciudad, pero para recitales al aire libre.

 Sombras nada más

A pesar de las afirmaciones de Ake Music, todavía no hay nada concreto con el gobierno. La em­presa aún no tramitó los permi­sos de construcción y tampoco se avanzó en la rezonificación del predio. Si bien hubo sondeos ante el Banco Ciudad para pedir un crédito por 130 millones de pe­sos, desde la banca porteña dije­ron a Diario Z que no hubo avan­ces. Sojo informó que el costo del estadio ascendería, en total, a 120 millones de dólares. Los fon­dos serían aportados por inverso­res privados y por el sponsoreo de una importante gaseosa, que le daría el nombre al estadio.

El vocero del Ministerio de Desarrollo Urbano, en tanto, con­firmó que aún no se ha abier­to ningún registro de obra y no se tramitaron los permisos nece­sarios para comenzar a construir. Quien sí habló fue el subsecreta­rio de Inversiones del Ministerio de Desarrollo Económico, Carlos Pirovano, que le dijo a La Nación que, “prima facie, la zonificación del lugar, con características co­merciales, permite la edificación de ese tipo de obra. Resta cono­cer el detalle para analizarlo y ve­rificar que cumpla con la normati­va y no perjudique a los vecinos”.

Sin embargo, las cosas no se­rían tan sencillas. La manzana en cuestión tiene, como casi todo el barrio, dos zonificaciones: R2all y C3I, según el Código de Planea­miento Urbano. Traducido al cas­tellano, significa que la zona es  residencial y comercial, restringi­da a cierto tipo de construccio­nes. En ningún caso se permite la construcción de un estadio de esa magnitud, aunque sí podrían construir un auditorio sobre una de las parcelas de Jujuy.

En principio, se debería enviar un proyecto a la Legislatura que cambiara la zonificación. Algo que necesita de doble lectura (debe ser votadas dos veces) y de una Au­diencia Pública (que prometería ser numerosa). Para lograr un sí, el PRO necesitaría ayuda de alguno de los bloques opositores.

Otra opción es forzar la inter­pretación del Código, apoyándo­se en la posibilidad de construir un auditorio, para que el estadio avance sin discusión legislativa. Según explicó a Diario Z la sub­secretaria de Derechos Urbanos y Ambientales de la Defensoría del Pueblo, la arquitecta Bárbara Ros­sen, la empresa podría “englobar todas las parcelas y utilizar la zo­nificación C3I para toda la manza­na”. Esto, claro, dejaría el campo abierto para una serie de litigios judiciales.

Fuentes legislativas especula­ron con que el Ejecutivo enviará el pedido de rezonificación recién cuando estén los votos garantiza­dos. La empresa podría avanzar, en paralelo, con la presentación de una iniciativa privada (como la utilizada para habilitar la cons­trucción de la Terminal Dellepiane en Flores). En ese caso, el gobier­no otorgaría los avales formales para la construcción.

“Estamos acompañando a los vecinos en el seguimiento de este emprendimiento, y entende­mos que no debería vulnerar sus derechos ni incumplir los encua­dres normativos o de impacto am­biental. Un auditorio con locales comerciales a la calle es un equi­pamiento de prestigio que genera beneficios al barrio. Pero debe es­tar en armonía y en escala con su entorno”, añadió Rossen.

Diario Z solicitó una entrevis­ta y luego envió un cuestionario por escrito al subsecretario Carlos Pirovano para aclarar estas cues­tiones. No obtuvo

respuesta.

Destrucción del patrimonio

En la manzana 66 sólo quedan algunas facha­das que ofician de tapia para ocultar el terreno arrasado por las topadoras. La demoli­ción de los 20 inmuebles que ocupaban las 22 parcelas (había, además de viviendas, comercios, una carpintería, un galpón y un estaciona­miento) se hizo lenta pero sostenidamente. Según el Registro de la Propiedad In­mueble, la familia Miguens –a través de la sociedad Micrisol– es la dueña de la manzana. Luciano Miguens, ex presidente de la So­ciedad Rural y actual asesor del PRO en la Fundación Pensar, es uno de los vicepresidentes de Micrisol.

El terreno estuvo a la venta en internet hasta hace poco por 28 millones de dólares. La empresa to­davía tiene domicilio en Jujuy 353, donde hay sólo un descampado. A pesar de que uno de los inmuebles había sido catalogado como patrimonio (y no podía demolerse), los dueños pidieron un “reconsidera­ción” y el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP) finalmente autorizó la demolición. ¿Qué pasó en el medio? Tal como contó Diario Z en septiembre de 2012, la ex presidenta de la Comisión de Patrimo­nio, Mónica Capano, denunció que antes de la nueva inspección patrimonial, los dueños se encargaron de que todo lo que tenía valor (boiserie del siglo XIX, escaleras de mármol) fuese destruido. Todas las de­moliciones fueron autorizadas por la arquitecta Su­sana Beatriz Bosoer, asesora en materia de impacto ambiental de la Agencia de Protección Ambiental.

 

Respuesta textual del Ministerio de Desarrollo Económico

Existe un anteproyecto para desarrollar en terrenos privados la construcción de un microestadio con capacidad para 18 mil personas en la manzana compren­dida por las avenidas: Belgrano y Jujuy y las calles Moreno y Catamarca, en el ba­rrio de Balvanera. Hasta hoy no existe un proyecto oficialmente presentado.

¿Cuál es el rol del GCBA?

Por ser un emprendimiento privado, el rol del GCBA será el de verificar que se cumpla la normativa y que el emprendimiento le signifique un impacto positivo al barrio. El gobierno está muy involucrado con el desarrollo económico sustentable de la zona sur, promoviendo actividades que aporten empleo de alto valor agregado.

Por otro lado, según el proyecto que finalmente se presente, puede requerir la aprobación de la Legislatura.

Beneficios para el barrio

La ciudad de Buenos Aires como todas las grandes ciudades del mundo necesita un Arena ya que el turismo de espectáculos es un producto que toda gran ciudad debe ofrecer a sus visitantes. Una construcción con tecnología moder­na y acorde a la normativa, puede impli­car un impacto muy positivo en términos de desarrollo local. Un desarrollo de es­tas características no tiene porqué signi­ficar un impacto negativo para el vecino. Sin embargo, la preocupación planteada por los mismos, es válida. Será responsabilidad del emprendimiento trabajar so­bre las objeciones del barrio y despejar dudas. Y será responsabilidad del Gobierno controlar el impacto del proyecto en su entorno y promover un proyecto sus­tentable y con impacto positivo.

Qué dicen los vecinos

Opina Gustavo Vera. Legislador Bloque Verde Alameda

Opina  Patricia Kolesnicov. Periodista

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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