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TEMAS DE LA SEMANA

Vecinos de Caballito vs. negocios inmobiliarios

Se oponen a que un megashopping de Irsa ocupe un predio en el que reclaman construir un parque.

Por Clarisa Ercolano
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En Caballito no querían festejar los 200 años de la Revolución de Mayo con platos típicos y bailes folklóricos. Esperaban la inauguración del Parque del Bi­centenario, un proyecto que plantea construir un espacio ver­de, con un complejo educativo y productivo, en las 17 hectáreas de la ex central de cargas del Fe­rrocarril Sarmiento, desde Neu­quén y Honorio Pueyrredón has­ta Donato Álvarez y las vías del tren. La iniciativa fue presentada oficialmente ante la Legislatu­ra porteña por la Proto Comuna de Caballito, organización veci­nal que trabaja en el barrio más densamente poblado de Capi­tal y que tiene el menor porcen­taje de espacio verde por habi­tante. Por eso, los vecinos vieron con preocupación que, en pleno festejo navideño, la constructo­ra Irsa montara en ese predio un show de fuegos artificiales simi­lar al que realizó en sus otros lo­cales comerciales.

Los preocupa que esas tie­rras, que alcanzarían para le­vantar un centro comercial de 37 mil metros cuadrados o para albergar a 15 mil personas en departamentos, sean captadas por la «voracidad inmobiliaria». «Contraponemos un proyec­to que beneficia a toda la Ciu­dad contra otro que dejaría en manos de pocos ganancias ini­ciales de 500 millones de dóla­res», aseguró Gustavo Desplats, coordinador del presupuesto participativo barrial y de la ONG vecinal.

«No nos extrañaría que el mismo Mauricio Macri reacti­ve la propuesta de rezonificar el predio y permitir que finalmen­te Irsa pueda llevar adelante su proyecto y el parque, bien gra­cias», se sinceró Desplats. Sin embargo, el diputado del PRO Martín Ocampo asegura que no se piensa en los planes comer­ciales de Irsa sino en lo que es mejor para la Ciudad: «El im­pacto es altamente positivo, va a hacer crecer al barrio. En Pa­lermo, con la construcción del shopping, la zona se revalorizó en los últimos 20 años».

«Queremos, además del par­que, instalar allí un centro de es­tudios o investigaciones y, ade­más, destinar un sector para que los emprendedores expon­gan y trabajen», dice Desplats. De esta forma, justifica la nece­sidad de que ese último «pul­món» con forma de semicírculo no se convierta en un aglomera­do de vidrieras.

Caballito tiene un prome­dio de 1,24 metros cuadrados de espacio verde por habitan­te y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 10. Más metros de cemento signifi­carían colapso sanitario, de ser­vicios públicos y de tránsito: «Ya ahora tenemos problemas con las cloacas, la luz que se corta y los embotellamientos, ¿qué pa­saría con más gente? Las cloa­cas colapsadas redundan en la contaminación del agua que to­dos tomamos», señala con pre­ocupación Ana Paulino, otra de las integrantes de la Proto Co­muna. La respalda el legisla­dor Eduardo Epszteyn (Diálogo por Buenos Aires) quien afirma que «seguramente el barrio su­friría una transformación seme­jante a la que padecen los veci­nos de Saavedra, con polución, contaminación sonora y conges­tionamiento del tránsito, ya que faltan lugares de estacionamien­to». Sin embargo, aceptarán un estudio de impacto ambiental, realizado por especialistas con­fiables, por ejemplo, de la UBA.

Cuando Aníbal Ibarra era jefe de Gobierno, un cartel anuncia­ba la inminente creación de un espacio público en el disputado sitio. Ganó el proyecto del ar­quitecto Daniel Silva Fader. Pero la debacle económica de finales de 2001 frenó todo y a Fader le dijeron que era inviable. Los ve­cinos recuerdan que, en 1998, «en pleno auge del menemato», el club Ferrocarril Oeste, que te­nía permiso para usar los terre­nos, los vendió en una manio­bra de la cual no les consta la transparencia -por ser tierras públicas- a Irsa, en dos millo­nes de pesos/dólares. «Después de 2002, elevamos un proyecto de readjudicación, para que en vez de ser de uso privado sean declaradas de uso público», re­cuerda Desplats. «Teníamos que llevar 30 mil firmas, o sea, noso­tros como vecinos teníamos que juntar en firmas el equivalente a los avales de siete partidos po­líticos y medio; es una traba le­gal, una locura».

Juntaron 12 mil y piensan que eso es más que suficiente. Entre los políti­cos que respal­daron su iniciati­va mencionan a Enrique Olivera y Teresa Ancho­rena (Ari-CC) y a Sebastián Gra­majo del FPV.

Ahora, Ep­sztein advierte que si se aprueban las normas, «se habilitaría a Irsa a todo tipo de usos permitidos por la zoni­ficación». Y prefiere que las ex­plicaciones sobre las razones de la insistencia oficialista, las brinde el PRO. Ocampo remar­ca que «nuestra obligación es el tratamiento de las leyes, que en este caso administran el es­pacio público, no de las políti­cas comerciales de grupos pri­vados». Mientras tanto, sólo se ve una extensión enorme de pas­to desparejo, nu­bes polvorientas que se levantan al paso del tren y algunas viviendas precarias, tras el telón verdo­so de la emble­mática cancha. «Conservamos la esperanza de que los árboles puedan ganarle al cemento, tenemos apenas un 10 por ciento del espacio verde que a nivel mundial se conside­ra saludable», insisten los veci­nos para concluir.

Fuente Redacción Z
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