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TEMAS DE LA SEMANA

Vanesa González, artista con un cable a tierra

La joven actriz estrena ‘Todos serán mis hijos’ de Arthur Miller.

Por jimena-trombetta
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Desde nena supo que quería ser actriz y siem­pre inventaba persona­jes y universos, pero sus padres lo atribuían a las fantasías típicas de una hija única. Alos 9 años, vio (a escondidas) El garante, donde Lito Cruz hacía del Diablo. Y pensó: «¡Como en la vida real!». Desde entonces, su curiosidad por saber cómo alguien podía hacer algo así la obsesionó. Tras intermi­nables sollozos y pataleos, la deja­ron ir a la escuela de teatro de Lito: «Tenía 15 años, pero a él le dije que tenía 17 para poder ir a sus clases. Y me creyó, ¡así que empecé bien con la actuación!», se ríe Vanesa.

Un casting por acá, un proyecto personal por allá, hasta que por fin despegó: primero fue la telenovela Son de Fierro, donde interpretaba a la rebelde y sufrida Morena; le si­guieron Socias (como la hija promis­cua de Mercedes Morán) y una par­ticipación en Mujeres asesinas. Su consagración llegó el año pasado, como protagonista de la obra de teatro El diario de Ana Frank. Aho­ra, después de su paso por Agosto, estrenará en el teatro Apolo, y bajo la dirección de Claudio Tolcachir, la obra, Todos eran mis hijos, de Ar­thur Miller, donde compartirá elen­co con Lito Cruz, Ana María Picchio y Federico D´Elía.

¿Cómo es trabajar con Tolcachir, que tiene una larga
trayectoria como director, pero no deja de ser un contemporáneo tuyo?

Trabajar con directores jóvenes es algo que siempre me atrae. Me se­duce por la mirada innovadora y arriesgada que toman. Y en espe­cial, trabajar con Claudio Tolcachir es un placer desde lo humano tam­bién. En lo personal, es un desafío grande. Claudio es joven pero tie­ne una gran trayectoria y desde mi lugar trato de dar lo máximo para acompañar este proceso.

¿Cómo encaraste los textos de la obra, un clásico de Miller?
Mi acercamiento a Miller siempre fue desde un lado relajado, des­de el placer que me produce leerlo como lectora de teatro. Nunca ha­bía trabajado sus textos y siempre los disfrutaba. Ahora, desde la mi­rada profesional, me encontré con unos textos superrealistas, sin una complejidad dialéctica y con una estructura clásica. Pero lo magnífi­co de esta obra son las infi­nitas posibilidades que nos abre a quienes la interpre­tamos. Hicimos lecturas de mesa del texto y cada vez le encontrábamos un matiz diferente. Es muy contemporáneo y un clásico a la vez. Tiene genialidad en la simpleza.

¿Cómo es tener a tu maestro de compañero de elenco?
Fue sorpresivo. Cuando me ente­ré quedé paralizada. Siempre tuve ganas de trabajar con él. Al prin­cipio tuve que acostumbrarme y correrme del lugar de donde lo miraba siempre. Tengo una gran admiración por sus trabajos. Pero a medida que pasaban los ensa­yos todo se fue normalizando. una excelente persona y un gran compañero. Hoy me resulta natu­ral trabajar con él, porque es muy sencillo.

Por tu papel de Ana Frank reci­biste el Premio Revelación de Clarín, ¿cómo te llevás con eso?
Yo nunca empie­zo un proyecto pensando que puedo ganar un premio. Al contrario, siempre sien­to mucha vergüenza, me .pregunto si lo estaré ha­ciendo bien, si voy por el camino correcto. Ga­nar un premio es un cierto alivio, pienso: «Bueno, sí, era por ahí». Es una linda aprobación.

Te ofrecieron hacer la tapa de Playboy y participar en Bai­lando por un sueño, pero no aceptaste. ¿Tenés que romper algún prejuicio?
No siento eso, pero me doy cuen­ta de que mis elecciones no son las que todo el mundo considera «normales». Cuando digo que no voy a posar desnuda, algunos me dicen que «ya voy a ceder». Y yo no creo que cambie de opinión, porque hay cosas que no me inte­resan y no las hago. No es pudor ni complejo, simplemente no me interesa abrir una revista y verme en pelotas.

¿Qué no te gusta de la profe­sión?
Cuando empecé a hacer televisión, había ciertos funcionamientos que no tienen que ver con el trabajo del actor, que yo no entendía. Creo que nuestra responsabilidad como actores es dar información, somos un medio de comunicación. Pero trabajando en la tele vi que había una parte del mundo artístico que no pasa por ahí y en el cual me niego a encajar. No pue­do transformarme en una raza apar­te, en una casta. Y lo padecí mucho al principio, hasta que entendí que uno a veces tie­ne que cumplir: si tengo que ir a un evento y sacarme la foto, lo hago, pero después me voy a mi casa, a es­tar con mi gente.

¿Cómo ves a tu generación de actores?
Me parece que el problema hoy es la poca comprensión de nues­tro trabajo. Para mí, ser actor no es ser lindo y salir en fotos. No lo criti­co, pero marco una diferencia en­tre el actor y el artista. ¡Sería tan diferente la calidad si todos juzgá­ramos nuestras capacidades antes de aceptar un papel! una pena ver a un actor que no llega a repre­sentar bien su personaje, que no logra contar su historia.

 

Fuente Redacción Z
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