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TEMAS DE LA SEMANA

Urbanismo: Mónica Lacarrieu: Los unos y los otros

Los procesos de segregación se profundizaron en los 90 y generaron fuertes tensiones sociales.

Por Federico Raggio
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En la ciudad de Buenos Aires, los procesos de segregación no son nuevos. Un fenómeno bastante visible ligado a estos procesos es la sucesiva expulsión de poblaciones hacia el conurbano, que se profundizó ostensiblemente en la década de los 90.

Mónica Lacarrieu, doctora en Antropología Social de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet, explica que «el intento de expulsión de los sectores populares de las villas de emergencia en la última dictadura militar fue un intento de cierre de procesos anteriores, en los que la higienización, la moralización y la exclusión social fueron objetivos centrales».

Lacarrieu se ocupa de proyectos de recualificación urbana, consistentes en el mejoramiento de la calidad de vida a través de transformaciones urbanísticas.

De acuerdo con la especialista, hay que hablar de tres momentos -complementarios entre sí- que contribuyeron a una perspectiva fragmentadora de Buenos Aires: «Por un lado, los procesos de recualificación, de los cuales Puerto Madero fue el prototipo. Luego, los de periurbanización o urbanización de la periferia urbana, cuya expresión son los barrios cerrados. Y por último, los de relegación social».

¿Cómo se produjeron los procesos de segregación social en la ciudad de Buenos Aires?
Los procesos de segregación se dieron por efecto de prácticas expulsivas de población de ciertos espacios y situaciones de tensión entre sectores sociales. Los procesos que aparentemente transformaron los espacios en los últimos años tendieron a producir una crisis del vínculo social basada en desencuentros entre «unos y otros», y colocando en determinados «otros» el problema de la vida urbana. Desde los extremos de la relegación sociourbana (los asentamientos, las villas, las ocupaciones) y de la periurbanización (los barrios privados) parecieron extremarse distancias económicas que contribuyeron a la crisis de la «urbanidad» que supuestamente había sido lograda desde la ciudad moderna. Por otro lado, las situaciones tensas de sociabilidad en los espacios públicos, producto de «miedos y patologías urbanas» que, aunque no precisamente nuevas, se incentivaron desde procesos de segregación que permitieron crear «buenos vecinos», de condición neutral, apolíticos, no ciudadanos, por oposición hasta «otros» vistos como peligrosos.

¿En qué momento se dio la expulsión de los pobres al segundo y tercer cordón del conurbano?
En los años 40 y 50, la ciudad de Buenos Aires -como sucedió también en otras urbes de América Latina- comenzó a recibir migraciones que provenían del interior del país. Un buen número de estos migrantes fueron asentándose en el conurbano, fabricando asentamientos o villas de emergencia. La magnitud del fenómeno no admitió que estas poblaciones se asentaran en la ciudad central, aunque obviamente una parte quedó en las villas, conventillos y conjuntos de vivienda social que comenzaron a construirse como «remedio» a los problemas que se incentivaron a raíz de estas llegadas. La última dictadura militar incrementó las expulsiones hacia el conurbano, pues su política consistió en la promoción de desalojos compulsivos a fin de remodelar una Buenos Aires blanca, europeizada y estéticamente bella. Este modelo no dejó de subyacer a quienes han venido planificando la Ciudad. Si bien las políticas ligadas a los gobiernos democráticos han tendido a radicar a quienes ya viven en la ciudad central -en el intento de frenar nuevos ingresos-, la problemática subsiste y se ha profundizado.

¿Cuáles son los efectos sociopolíticos y culturales de estos procesos de urbanización?
Esta pregunta es bastante amplia y compleja. Políticamente, los planes urbanos se han mostrado como la receta a las patologías urbanas. Pero dichos planes se han quedado en discurso. Hay que decir que mientras la cultura ha tomado cuenta de vastos espacios de la Ciudad -mediante apuestas al diseño, la estatización, mayor relevancia dada al patrimonio-, los procesos de segregación social no han sido ajenos a ella. Estos procesos en buena medida no sólo son producto del empobrecimiento de espacios y sectores amplios de la población, sino también del control y poder material y simbólico que a través de la cultura puede ejercerse sobre la Ciudad y sus ciudadanos. Los efectos se observan en el deterioro del vínculo social y en la producción de socioespacialidades que tienden a la exclusión o inclusión de sectores populares, según el caso. Por otra parte, las ciudades centrales tienden a vaciarse de residentes. En Buenos Aires, el estancamiento del incremento de población residente, e incluso la disminución, muestran que la ocupación de la ciudad central es más producto de movilidades entre la periferia y el centro que de ocupaciones vinculadas al habitar.

¿Qué factores condicionan el encarecimiento de la vivienda en la Ciudad?
Dejando de lado procesos macroeconómicos, hay factores ligados a las políticas de planificación urbana que pueden promover aumentos o descensos en los costos de la vivienda. Pero también hay factores vinculados a procesos inmobiliarios que, en ocasiones, van unidos a grupos de «empresarios de la arquitectura» que promueven transformaciones espaciales -desde torres country, hasta remodelaciones vinculadas al patrimonio o a la ciudad «consumo»- que inevitablemente mueven los costos del suelo y la vivienda. De cualquier modo, lo que ha cambiado en los últimos años es que el Estado ya no se dedica en exclusividad a regular el precio del suelo, sobre todo en aquellos lugares donde la relegación social es mayoritaria. En parte porque el mercado viene ocupando espacios que antes habría desdeñado, como puede ser hoy la zona del Abasto.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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