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TEMAS DE LA SEMANA

Una suerte de Tarantino teatrero y sentimental

Dos obras de Juan Crespo se pueden ver en combo o por separado. El fin contrario a su naturaleza, además, es la segunda parte de una historia que estrenó en 2014.

Por Daniela Pasik
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La escena off del teatro porteño está viva, crepita, y contra todas las imposibilidades de presupuestos, habilitaciones, difusión y mil etcéteras igual sigue creciendo. Juan Crespo es un joven dramaturgo que viene asomando desde 2005, primero con guiones compartidos, después en 2011 como autor de obras que dirigieron otros y desde 2014 ya haciéndose cargo de la puesta de sus propios textos.

El fin contrario a su naturaleza es una obra de 50 minutos en la que pasan muchísimas cosas. Es una historia de amor, se trata de cómo es estar enamorado ahora, en Buenos Aires, siendo parte de una generación que bordea los 30 y no sabe si quiere, o puede, comprometerse. También habla de la escena cultural porteña, de las posturas, y de la soledad. Montañas de cocaína y parlamentos ajustados que conversan con la literatura. Bolsitas de poxy y desamor. Sangre, tiros y mugre con angustia, desesperación y, sobre todo eso, un humor ácido que arranca carcajadas crueles, acertadas.

Federico (Martín Pérez) está roto, vencido. Lo acompaña una amiga (la brutalmente genial Mara Teit), que también podría ser el coro griego trash de esta historia del reencuentro con el otro Federico (Pablo Fetis), la encarnación de “El amor”, la salvación aterradora a tanta soledad. Estos mismos personajes fueron los protagonistas en 2014 de La persistencia de las últimas cosas, la obra en donde comenzó este romance herido y mutilado.

A lo largo de El fin contrario a su naturaleza los personajes citan a Camus, Paul Auster, Sarah Kane, Zizek y hasta está la música de Apocalipsis Now, además de un homenaje a Mullholland Drive, de David Lynch, y a La pianista, de Michael Haneke. No siempre se develan estas referencias, aunque otras sí, y el espectador no se queda afuera, nunca. Incluso se ríe con la obra (o con los personajes, o con Juan Crespo) de esos hypsters porteños que necesitan referenciar todo, todo el tiempo.

No hace falta haber visto la primera parte para entender esta segunda entrega, pero es un contexto interesante para pensar algunos experimentos acertados de la dramaturgia actual. “Por alguna cuestión me interesa eso que sería el después del amor, o sea, cómo se sigue después de haber estado con alguien que ya no está”, dice Juan Crespo sobre su disparador para escribir El fin contrario a su naturaleza.

Hay realmente pocos antecedentes en teatro de obras con primera y segunda parte. “Lo más cercano que recuerdo a secuelas es la Telenovela teatral bizarra de Rafael Spregelburd, que se daba en el Rojas”, dice Crespo.  Fue una experiencia que llevó adelante el dramaturgo en 2003, y eran diez  obras-episodios con continuidad. Sin embargo, una puesta y su secuela no es algo que se haya visto antes en teatro, menos en el off.

¿Por qué creés que nadie lo hizo antes?
El teatro, y más aún el off, no se piensa como una cuestión comercial o de industria que supone producir un objeto de eficacia comercial ya probada para maximizar ganancias. El cine sí, y de ahí las secuelas infinitas de ciertos productos como Star Wars, que sería un buen ejemplo actual. Igual, en el cine argentino tampoco se hace mucho, porque no es industria a ese nivel, salvo excepciones como El lado oscuro del corazón, o el esperpento de la segunda parte de Esperando la carroza.

¿Por qué trabajás sobre citas? ¿Para qué sirve la intertextualidad en esta historia?
Debería decir que padezco de Posmodernidad y no puedo pensar por fuera de la cita, el intertexto, el fragmento y el pastiche, y estaría diciendo la verdad. Mi explicación, siempre precaria, para linkearlo con esta historia, es que en esos momentos de depresión emocional somos más “hablados” que de costumbre. En este caso lo hacen ciertas esquirlas de la cultura popular. Lo ejemplifico así: aunque seas un sofisticado oyente de ópera o música culta, cuando necesitás purgar un dolor muy primitivo apelás a las canciones más básicas, que toman al amor y a la pérdida del objeto de amor de manera fácil. Eso es algo que también puede pasar con ciertos films.

¿Y vas a hacer la tercera parte?
No, creo que ya dije todo lo pienso sobre el tema del amor, su inicio y lo que pasa después. La próxima obra que estamos por empezar a ensayar con Mundial Japón, que es el grupo con el que hicimos estas dos, es sobre la nada y sus implicancias. Basta de amor y desamor por un rato.

¿Qué es el Ciclo 4000 Caracteres, que sucede los viernes en el teatro Vera Vera?
El ciclo responde a las obras con ese formato que fueron publicadas en la revista especializada en teatro LLEGÁS y luego editó el Instituto Nacional del Teatro. Son 28 obras  breves de no más de 15 minutos de diversos directores. El proyecto es ir montándolas, con suerte, de a cinco.  En ese marco, con Mundial Japón hacemos Todas las minorías descansan sobre sus mártires, que habla de la corrección política abrumadora con respecto a las minorías de todo tipo que vivimos, al menos en el discurso superficial.

¿En qué sentido?

Hay que pensar todo lo que se dice, cómo y a quién, pero a la gente con sobrepeso aún se la sigue castigando sin piedad. Mara Teit, la actriz, tiene algunos kilos de más. Ahora bajó bastante, pero cuando hacíamos la obra el año pasado estaba en 96 kilos. Y ella se prestó para que yo pudiera hablar de este tema a través de experiencias de su propia vida, y sobre todo de su cuerpo. La obra denuncia que las personas con sobrepeso no son reconocidas como minoría porque no tienen ningún evento  histórico- social para martirizarse, como si casi todas las otras.

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Los viernes a las 21, en el marco del Ciclo 4000 Caracteres, se puede ver Todas las minorías descansan sobre sus mártires (duración, 15 minutos). A las 23.15 se puede ver El fin contrario a su naturaleza (Entradas, $100). Los asistentes al ciclo tienen un descuento del 50% para la segunda obra. En Vera Vera Teatro, Vera 108. Reservas, más info: mundialjaponteatro@gmail.com.

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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