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TEMAS DE LA SEMANA

Una Presidenta light

Pronósticos de un sector de la prensa proyectaron un gobierno débil y rodeado de conspiradores

Por Reynaldo Sietecase
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Contar lo que pasa y, de ser posible, explicar por qué pasa lo que pasa. Darle dimensión histórica. Ésa es una de las misiones básicas del periodismo. También contar lo que no quieren que se sepa. Es decir, investigar para luego revelar lo que está oculto y es de interés público. De eso se trata este oficio. Un trabajo que, si bien puede resultar complejo, no tiene grandes misterios. Sin embargo, en los días posteriores a la muerte de Néstor Kirchner, desde distintas usinas mediáticas se cometió alegremente un pecado informativo: reemplazar en los análisis políticos la realidad por el deseo.

En las 72 horas que sucedieron al sepelio del ex presidente, algunas notas periodísticas se asemejaron a pliegos de condiciones.

Le pidieron a la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, quien todavía guardaba luto, que removiera las principales
marcas de identidad de su Gobierno. Todo por el bien de su gestión que, supuestamente, quedó al borde del naufragio. «La tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir…» idea era sencilla: ahora que no está más Néstor Kirchner, la

Presidenta tiene una gran oportunidad para cambiar. «Puede
asumir el poder», señalaron. Sólo debe terminar con la confrontación; amigarse con los grandes medios de comunicación privados a los que se enfrentó; pacificar el país; alejarse definitivamente de Hugo Moyano; acercarse a los grandes industriales y las entidades del campo; tender puentes de diálogo con la oposición. Si no lo hace -advirtieron- la gobernabilidad corre serios riesgos. El deceso del líder patagónico fue equiparado a la muerte de Perón y por lo tanto, la conclusión era evidente: las esposas de ambos se parecen. Sugerencia final: debe cambiar antes que sea demasiado tarde.

Las más diversas conspiraciones estuvieron a la orden del día: Moyano discutió con Kirchner horas antes del ataque que terminó con su vida. El camionero es el principal enemigo de Cristina, está detrás de la muerte de Mariano Ferreyra y la traicionará. Por otro lado, el gobernador Daniel Scioli insistirá con su plan presidencial. relación con la Presidenta está rota. El kirchnerismo, a su vez, lo tiene en la mira. El gobernador operará sobre los intendentes y se convertirá en el candidato
de todos los peronistas. Los gobernadores tampoco la quieren. Apenas cinco de ellos concurrieron al acto que la CGT organizó
en el estadio de River.

Sin abrir juicio sobre los dirigentes mencionados, lo cierto es que Moyano no sólo dio un respaldo explícito a la Presidenta, aseguró que era «la jefa del Movimiento» y hasta la postuló para 2011. Scioli eligió una frase muy precisa para alejar cualquier fantasma: «Voy a estar donde la Presidenta me necesite»,
y luego convocó a los intendentes peronistas a un mitin de respaldo. La eventual deslealtad de Scioli sólo es atizada por los dirigentes del Peronismo Federal y por un grupo
de fundamentalistas K, quienes suelen coincidir en torpeza y malicia.

Los gobernadores, por su parte, también se turnaron para expresar respaldo. El martes, en Córdoba, ocurrió una suerte de milagro laico: el gobernador Schiaretti recibió a la Presidenta en la planta de Renault, abajo aplaudían obreros y militantes kirchneristas y, en primera fila, estaba sentado José Manuel de la Sota, quien viajó desde la Capital Federal junto con Cristina Kirchner. Una escena de unidad del PJ cordobés imposible
de imaginar hace una semana.

Bastaron las dos primeras alocuciones públicas de la Presidenta para dejar en claro que no sometería su gestión a ningún travestismo político. En la primera aparición televisiva, por cadena nacional, dijo que haría honor a la memoria y al gobierno de su esposo. Un día después, en Córdoba, aseguró
que era «hermoso recordar a los que ya no están y darse cuenta de que estaban en lo correcto». También señaló: «Es preciso tener buenos salarios y trabajadores que participen en la generación de la riqueza».

El proyecto político inaugurado en 2003 cuenta entre sus principales aciertos: la recuperación de la economía, la revalorización de la política como herramienta de transformación, la defensa a rajatabla de los derechos humanos, la creación de empleo y su decidida contribución a la integración regional.

El Gobierno también exhibe errores y excesos, está salpicado por denuncias de corrupción, mostró intemperancia y falta de diálogo, no contribuyó a la democratización sindical y omitió hacer una reforma fiscal.

Las dos síntesis son mezquinas. La de la Nación, Cristina Fernández, asumió esta semana el desafío de gobernar el país sin la asistencia de su aliado fundamental, el hombre que estaba a cargo de la generación de política. Los resultados
se verán con el tiempo.

Los periodistas debemos asumir el desafío de contar lo que pasa en base a los datos que ofrece la realidad, no bajo los parámetros de nuestros propios deseos o, peor aún, los de las empresas que nos contratan.

Fuente Especial para Diario Z
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