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Una novela sobre los años 70, el rock y la política

La escritora Gabriela Saidón vuelve sobre la década de los 70 en una novela cargada de resonancias personales.

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Gabriela Saidon FOTO Gabriela Saidon FOTO

Alguien escucha, alguien interpela la vida de Julia, una adolescente de los 70. Alguien anónimo, sin sexo, nombre ni identidad, intenta descifrar esos años, en los que una joven descubrió el amor, el sexo, la droga y el rock and roll. Una Julia que se descubre en la literatura de época y la cultura psicodélica. Gabriela Saidon, después de La Montonera –biografía de Norma Arrostito– y Santos Ruteros, crónicas de la Difunta Correa al Gauchito Gil, dio a luz novela Memorias de una chica normal (tirando a rockera). que, basada en mínimas historias de una tríada amorosa, narra la adolescencia de una chica en su primer noviazgo, el roce con la homosexualidad, los primeros recitales, las vacaciones en la costa y su relación con Lucy, una joven ¿imaginaria? que roza los límites.
En la novela hay elementos generacionales, la música y el cine, ¿algo perdura en los jóvenes hoy?
Alan Pauls dijo que los 70 no son nada más que los 70, ese tiempo que pasó hace cuarenta años. Pero los 70 son como una entidad actual, una categoría que permanece hoy. Pero no sé hasta qué punto a los adolescentes les pega tanto. Sí a los chicos de veintipico, porque son los hijos de los padres que vivieron esa época. Tengo un hijo de 25 años que está marcado por lo que uno les cuenta y creo que también es una época que está idealizada. En la novela, la música esta elegida a propósito, es una música muy generacional, muy marcada. Y no se sale de la época. Julia, puedo ser yo o puedo no ser yo, es un personaje literario, está atada sólo a esa época. Y ésa no es la música que escucho hoy, tal vez The Beatles, pero nada más. En general ella no evoluciona, ni la adolescente ni la Julia que habla en el presente. Quedó cristalizada.
Pero le falla la memoria, hay cosas que no recuerda bien o recuerda mal.
La memoria es falsa, caprichosa. Julia tiene una memoria que falla, como si recordara mal las cosas por un lado y por otro lado hay un montón de mitos –muchos vinculados con el rock– que son falsos. Eso me interesa mucho: de la música, de la literatura, del cine. Un ejemplo es “ladran Sancho, señal que cabalgamos”. No es una frase que esté en El Quijote y es la frase más famosa del Quijote. Me interesa la falsa memoria social y cultural: cómo ciertos mitos se van transmitiendo como si fueran la verdad más absoluta. En el libro hay un yo que narra en primera persona y la pregunta es ¿quién es yo? ¿es hombre, es mujer? ¿es un investigador, es periodista, es psicólogo? No tiene marca de género, no se sabe quién es. La única función de ese personaje es reubicar a Julia en la realidad de los hechos. Vos pensabas que Linda McCartney era Linda Eastman Kodak, todos pensaban que era la hija del dueño de Kodak, por el apellido y porque era fotógrafa. Julia se acuerda mal de las cosas, tiene que acordarse mal, la memoria es traicionera y nadie se acuerda exactamente todo lo que vivió. Julia no es una investigadora de su pasado, sino alguien que lo cuenta.
¿Qué recordás con nostalgia?
El cine rock. Ir al cine, hacer la cola, todo ese ritual para ver películas de Woodstock, El fantasma en el paraíso. Ver ciertas películas como existían en ese momento. El Cine Arte y el Cine Club funcionaban de una manera muy activa. Recuerdo particularmente las películas de Leonardo Favio, eran un evento social y cultural muy fuerte. Nazareno Cruz y el lobo fue una de las películas que más se vendió en Argentina. Íbamos a Uruguay para ver La Naranja Mecánica, en la época de represión. Cuando se levantó la prohibición, antes de la dictadura hubo un reflujo de cine internacional muy importante. Era otro Hollywood. Había una mística de cine diferente y hoy siento que no te emocionas, vas a ver las películas de superhéroes y te encanta, te divertís, pero no es la misma emoción. Es ir comer pochoclo y gaseosa y se transforma en una cosa mecánica, es como si fueras una maquinita que va al cine sin que pase tanto adentro. La cabeza se te rompía mucho, se reacomodaba todo el tiempo. Pero me encanta el cine de hoy, hay una libertad que antes no existía.
¿En qué estás trabajando?
En una novela policial que tiene que ver con el cine de los 80. Iba a ser una trilogía, pero se me rompió, cambié de género y los personajes. Por más planes que tengas cuando escribís todo cambia, la protagonista es totalmente diferente de Julia, es una chica sumamente alegre.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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