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TEMAS DE LA SEMANA

Una ciudad revestida de agua y barro

Construcción que impermeabiliza el suelo, nuevos fenómenos climáticos y freno a obras pluviales.

Por Miguel Grinberg
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Una vez más, la confluencia de una serie de circunstancias anómalas ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de la ciudad ante fenómenos atmosféricos como las lluvias torrenciales y los temporales. Las situaciones críticas pueden reunirse en dos grandes grupos: por un lado, una metrópolis cada vez más impermeabilizada por su caótico desarrollo inmobiliario; por el otro, la agudización de fenómenos climáticos que Naciones Unidas rotula como «eventos extremos» (tales como oleadas de calor, récords de temperaturas elevadas y -en muchas regiones- muy intensas precipitaciones inductoras de graves inundaciones.

Esto último configura una crisis ecológica que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), creado en 1988 por dos agencias de la ONU (la Organización Meteorológica Mundial y el Programa para el Medio Ambiente) viene documentando con rigurosa prolijidad. Una de sus más recientes investigaciones, elaborada por 220 especialistas de 62 países, aborda el problema bajo la sigla SREX (en inglés): «Reporte especial sobre gestión de los riesgos de eventos extremos y desastres en el marco de la adaptación al cambio climático».

Simultáneamente, durante el pasado fin de semana, Buenos Aires (un potente temporal) y Nueva York (el huracán Sandy) han confirmado los diagnósticos del SREX: «Probable aumento de la potencia de eventos extremos o incremento de la proporción total de lluvias intensas en muchas áreas del globo» y asimismo «incremento de la duración y la intensidad de las sequías en algunas regiones». Lo cual, en el contexto de la vida cotidiana de millones de personas, induce la necesidad de tomar en cuenta una creciente evaporación de agua oceánica a causa de temperaturas elevadas y una migración anómala de las nubes resultantes: donde sobran hay grandes inundaciones y donde faltan hay desoladoras sequías.

Por su parte, el informe mundial del Programa de la ONU para los Asentamientos Humanos (Hábitat) ha advertido que los efectos de la urbanización y del cambio climático están convergiendo en peligrosas direcciones que suponen una seria amenaza para la estabilidad medioambiental, económica y social de la humanidad. Dado que más de la mitad de la población vive hoy en ciudades, el documento señala que, con el incremento de la urbanización, entender los impactos del cambio climático sobre el medio urbano deberá ser un aspecto cada vez más importante de las políticas públicas.

En los grandes centros urbanos ya vive la mayor parte de la población mundial, y se estima que para 2030 el 59 por ciento de los habitantes de la Tierra vivirá en áreas urbanas, aunque en los países desarrollados, que son los más urbanizados, la cifra se elevará al 81 por ciento.

El doctor Joan Clos, secretario general y director ejecutivo de ONU-Hábitat, ha sostenido que para lograr políticas más eficaces, los gobiernos necesitan ampliar el ámbito de actuación, la responsabilidad y la eficacia de la participación y el compromiso con las organizaciones no gubernamentales, grupos comunitarios de base popular, el sector académico, el sector privado y los líderes de opinión.

A lo largo de 2012, la crucial problemática del SREX, en lo referido a las opciones para la gestión de riesgos, ha sido abordada en seis cónclaves regionales: dos en abril (La Habana y Beijing), tres en mayo (Nueva Delhi, Bangkok y Addis Abeba) y uno en junio (Dakar). El PICC está planificando una sesión para América Latina. Nada indica que la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad haya avanzado en los rubros principales del SREX, cuyos postulados han sido analizados por más de mil publicaciones científicas.

El encuadre de la problemática porteña ante eventos extremos como los grandes temporales excede la temática centrada en el manejo de las obras hidráulicas necesarias para mejorar el desempeño de los entubamientos de los arroyos que circulan bajo la superficie de nuestra ciudad, a la par de una enorme, y en parte obsoleta, red de desagües pluviales. No basta la «política del bombero» para enfrentar los desastres con asistencia a los damnificados una vez que han ocurrido. Es preciso diseñar políticas ejecutivas para atenuar los impactos destructivos. Las 600 páginas del SREX enfatizan la importancia de la prevención técnica y científica ante estas serias calamidades con inmensas pérdidas económicas.

Entretanto, durante las últimas dos décadas, en numerosos barrios de nuestra Capital Federal (cada vez más cementada e impermeabilizada) hemos visto desaparecer numerosos «espacios verdes» que absorben parte del agua de lluvia (por ejemplo, las plazoletas de la avenida 9 de Julio, convertidas en patios embaldosados donde los canteros son ínfimos). Y, en particular, la autoridad municipal ha sido incapaz de regular la desaprensiva actitud de muchos vecinos que siembran las veredas a cualquier hora con bolsas plásticas de basura doméstica, verdaderos tapones de las bocas de tormenta cuando caen lluvias descomunales, con su lógica consecuencia: el anegamiento general de sótanos y comercios.

Para la gestión de los entornos locales, ONU-Hábitat sugiere -en líneas generales- que los legisladores urbanos comiencen a concientizarse de las aspiraciones y preferencias de desarrollo local, conocimiento local de necesidades y opciones, realidades locales que determinen las elecciones y posibilidades locales para la innovación. En este contexto, las autoridades locales urbanas deberían:

1) Definir su visión de desarrollo futuro y encontrar modos de relacionar las respuestas al cambio climático con las aspiraciones de desarrollo urbano.

2) Ampliar el campo de actuación y participación comunitarias por parte de los representantes del sector privado, barrios (especialmente los pobres) y grupos de base popular, así como todos los líderes de opinión con el fin de asegurar una serie de perspectivas más generales.

Y con el uso de un procedimiento participativo e incluyente, las ciudades deberían llevar a cabo evaluaciones para identificar riesgos comunes y diferenciados para sus planes de desarrollo urbano y sus diferentes sectores demográficos, y tomar decisiones sobre objetivos y modos de reducir estos riesgos.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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