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TEMAS DE LA SEMANA

Una calle con luz propia

El pasaje Bollini atesora viejas historias de peleas a cuchillo y enamora a sus visitantes.

Por Diego Zwengler
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Sólo son dos cuadras entre Pacheco de Melo y French, en el barrio de Recoleta. Pero el pasaje Bollini encanta con sus veredas angostas, sus calles empedradas y una historia que junta a Jorge Luis Borges con viejas disputas a cuchillo y a Luca Prodan con noches de fiestas, en plena dictadura militar.

Declarado «Área de Protección Histórica» por iniciativa de los vecinos, este pintoresco pasaje de tan sólo siete metros de ancho de pared a pared intenta resistir el embate de las grandes construcciones de los últimos años. Bollini fue declarada «zona con valor patrimonial, que posee gran calidad urbana y arquitectónica» por lo que, entre otras cosas, los propietarios deberán mantener el estilo típico de las casas y no podrán colocar equipos de aire acondicionado en el frente.

«Este pasaje es especial, el sol le da una iluminación tan particular que parece un cuadro. Es diferente a otros, oscuros y húmedos, porque a la mañana el sol da en una vereda y a la tarde en otra, no se oyen bocinas ni ruido de autos aunque estamos cerca de varios lugares concurridos», describe Cecilia Leoni, propietaria de La Dama de Bollini, el más característico bar y centro cultural de la zona, y presidenta de la fundación Pasaje Bollini. Son célebres las exposiciones de pintura que Cecilia organizaba en La Dama, en las que participaron artistas como Guillermo Roux, Raquel Forner, Raúl Soldi y Pérez Celis. La fundación tiene como objetivo la promoción de las artes plásticas y la preservación de las características originales del pasaje. «Ésta es una calle cultural y ésa es su bandera. Es un pasaje paquete, pero también bohemio y popular; debe ser argentino sin distinción de clases», afirma Leoni.

La relación de esta callecita con la cultura es histórica. Jorge Luis Borges, en su libro Evaristo Carriego, narró antiguas historias referidas a esas dos cuadras y también hizo referencia a la calle en su poema «La Cortada Bollini»: «Contemporáneos del revólver, del rifle y de las misteriosas armas atómicas… sentimos la nostalgia de las modestas y secretas peleas que se dieron aquí hacia mil ochocientos noventaitantos a unos pasos del Hospital Rivadavia. La zona entre los fondos del cementerio y el amarillo paredón de la cárcel se llamó alguna vez la Tierra del Fuego; la gente de aquel arrabal elegía (nos cuentan) esta cortada para los duelos a cuchillo», reza el poema. Leoni explica que «Borges amaba el pasaje porque para él en este lugar comenzó el tango».
Los comienzos del pasaje se remontan a 1887, cuando se oficializó el nombre actual. Cerca de 300 inmigrantes -italianos en su mayoría- se asentaron en terrenos que pertenecían a la quinta de Bollini y fueron delineando su fachada. Por un breve lapso se transformó en un mercado donde se vendían frutas y hortalizas, por lo que era conocida como Calle de la Feria.

A lo largo de su historia, Bollini sufrió varias transformaciones. A comienzos de los ochenta, en plena dictadura militar, Luca Prodan y Pipo Cipolatti, entre otros, pasaron más de una noche por El Corralón, una conocida casa de comidas. En 1989 unos pocos vecinos impulsaron la idea de hacer de esta calle una peatonal; entonces comenzó el loteo de casas a un precio mucho mayor del que tenían y, aunque la medida no arribó a buen puerto, el pasaje se llenó de boliches. Con el tiempo recuperó su tranquilidad habitual cuando los bares fueron clausurados por ruidos molestos. Hoy quedan varias casas recicladas, La Dama, dos parrillas, una cochera y unos pocos edificios. Bollini transcurre sus días lejos del malevaje, con sus silencios y sus propias luces.

 

Fuente Redacción Z
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