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Museo Etnográfico: un tesoro en el centro

Herramientas y obra de arte de las culturas originarias.

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En Moreno 350, pleno corazón de Montserrat, hay un museo de más de un siglo, poco conocido y por el que vale la pena dejarse sorprender. En un elegante edificio, construido en la década de 1870 para que funcionara la sede de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, está el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti. Con una colección de piezas únicas, expuestas de manera que puede seguirse perfectamente el derrotero de la historia de las comunidades originarias en nuestro territorio desde hace más de cuatro mil años, el museo lleva el nombre del más prominente naturalista argentino, un entrerriano de Gualeguaychú, nacido en 1865, autodidacto que logró convertirse en una figura de alcance mundial en las ciencias naturales.

El acervo del museo incluye restos arqueológicos y etnográficos asombrosos: tejidos antiquísimos, telares, alfarería de culturas diversas, urnas funerarias en perfecto estado de conservación, semillas originales, pipas, trajes ceremoniales únicos en el mundo: allí están expuestas unas prendas del siglo XVII que llevan el nombre de ‘‘Danzantes de la luz’’, un elegante y colorido vestuario que se usaba para bailes rituales y fue traído desde la ciudad de Sucre, Bolivia. La característica particular, que da razón al nombre de estos trajes, es que las capas de esta vestimenta llevan enormes placas de plata mediante las que los bailarines reflejaban el brillo solar. 

Una de las salas más elocuentes relata la historia de los yámanas y los selknam, dos de los pueblos que habitaban lo que hoy conocemos como Tierra del Fuego. Allí pueden verse las pieles de guanaco con las que los originarios se abrigaban, su calzado, los morrales de cuero en los que transportaban agua dulce, fotos de sus pinturas corporales que por un lado daban cuenta de los mapas estelares en los cielos del fin del mundo y por el otro de las ceremonias que los varones más jóvenes tenían que atravesar para ser considerados adultos. También hay imágenes de los sobrevivientes, como Lola Kiepja, la última selknam que vivió hasta 1966. según las costumbres de su pueblo. Las comunidades del extremo sur de nuestro territorio fueron masacradas con un grado de crueldad que espanta y en la entrada zigzagueante de esa sala del museo hay imágenes del imaginario de los conquistadores: dibujos que muestran la monstruosidad con la que se imaginaban y relataban su encuentro con los habitantes naturales de esa tierra helada. Pero hay algo que impacta en el centro de ese pequeño salón de objetos que atestiguan la existencia de las comunidades arrasadas: una de las canoas en las que los yámanas pasaban gran parte de su tiempo y en las que encendían el fuego protector. Esas hogueras que mantenían sobre las canoas en el mar y que hicieron que los conquistadores que las avistaron bautizaran como Tierra del Fuego a esa isla perdida en el extremo sur del continente.

En depósitos cerrados al públicose conservan piezas delicadas para estudio e investigación de arqueólogos, antropólogos y etnógrafos del la UBA y el Conicet, y está claro que uno de los objetivos históricos de la institución es la documentación, la divulgación y la docencia.
Su biblioteca, la más importante del país en su temática, es abierta al público y hay visitas guiadas. Desde el Chaco hasta la Puna, desde el altiplano a las zonas más frías de nuestro territorio, la historia de los indígenas habla a través de los objetos, sus usos y costumbres, y permite reconstruir sus culturas, conocer sus mitos, sus tecnologías. Con un patrimonio de gran riqueza, el museo puede ser un paseo deslumbrante para chicos y grandes, lleno de piezas de un pasado muchas veces esplendoroso, allí, en pleno corazón de Montserrat los Señores del Jaguar, los Alakalufes, los selknam y todas las comunidades que habitaron este suelo antes de nosotros parecen hablar y contar su propia historia.

Moreno 350. 4345-8196/97
www.museoetnografico.filo.uba.ar
Martes a viernes de 13 a 19, sábados y
domingos de 15 a 19.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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