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Un té para salvar a la histórica Confitería Del Molino

Vecinos de la Confitería El Molino reclamaron ayer con una ceremonia del té por su recuperación.

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La performance se inició ayer a las 11 ante la puerta tapiada de confitería de Rivadavia y Callao para recuperar una de las esquinas más representativas de la ciudad de Buenos Aires.

«Venimos a apoyar la restauración y el mantenimiento de la Confitería El Molino», dijo Juan Manuel Martorell, integrante de «Basta de Demoler», una entidad que trabaja en defensa del patrimonio de la ciudad.

Para Martorell, en este caso «demoler y dejar caer son sinónimos. No hace falta venir con una topadora, sólo hace falta dejar todo como está, para que la Confitería El Molino se termine de caer», dijo irónicamente.

Si bien no hay una demolición efectiva, lo que se hizo desde 1995 en adelante «fue dejarla caer -algo así como una demolición prorrateada en el tiempo-«, añadió el activista.

«Al mismo tiempo, y mientras el edificio está protegido por las leyes de patrimonio de la ciudad -por lo que no se puede alterar su fachada-, desapareció una estatua de bronce del primer piso», precisó el integrante de Basta de Demoler.

La historia de El Molino se remonta a principios del siglo XX, cuando un italiano residente en Buenos Aires, Cayetano Brenna, mandó traer de su país puertas, ventanas, mármoles, manijones de bronce, cerámicas, cristalería y más de 150 metros cuadrados de vitraux, para construir el que fue en su tiempo uno de los edificios más altos de la ciudad.

La confitería fue inaugurada en 1917 y albergó tanto a personajes del mundo del arte, la filosofía y la política como a vecinos de la sociedad porteña, desde esos años.

Ayer, «la ceremonia del té» convocada por Basta de Demoler llamó la atención de cientos de personas que circulaban por esa zona de la ciudad, muchos de los cuales manifestaron su «preocupación por el estado del histórico edificio».

A la representación asistieron además legisladores que impulsan proyectos a la espera de ser debatidos tanto en Legislatura metropolitana como en la Cámara de Diputados de la Nación.

Eduardo Epzteyn, legislador porteño de Diálogo por Buenos Aires, es impulsor de una de las iniciativas para reactivar y poner en valor la totalidad del edificio, con fines culturales.

Otro proyecto, de los diputados radicales Claudio Presman y Rubén Campos, propone crear un centro cultural y un «museo de la democracia». Alfredo Palacios, Carlos Gardel, Irineo Leguisamo, Lisandro de la Torre y Leopoldo Lugones, el tenor Tito Schipa y la soprano Lili Pons, Niní Marshall, Libertad Lamarque y Eva Perón, entre otras figuras, son recordadas en numerosas crónicas sobre esta confitería.

El Molino fue centro de cómputos de varias jornadas electorales partidarias y sede de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP), durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

Mora Aráoz, integrante de Fundación Ciudad que se sumó a la performance de hoy, señaló que «respecto a la confitería en sí, hay proyectos de expropiación, tanto en el Congreso nacional como en la Legislatura porteña».

«En todos los casos, los proyectos apuntan a reabrir las puertas. Con la diferencia que dos buscan reabrir la confitería y una tercera iniciativa impulsa la creación de un centro de la democracia», dijo Aráoz.

Por ser anterior a 1941, el edificio histórico nacional está protegido por ley de la Ciudad de Buenos Aires, pero según denuncian las entidades defensoras del patrimonio arquitectónico porteño eso de hecho no ocurre y es necesario hacerse cargo y recuperar el edificio.

 

Fuente Redacción Z
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