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TEMAS DE LA SEMANA

Un placer intenso: el sexo anal

Los consejos de Paola Kullock, asesora en juegos eróticos.  

Por Paola Kullock
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pareja entre sabanas pareja entre sabanas

El sexo anal lo hacemos por nosotras, nunca por ellos, ésta es la idea básica y fundamental. Lo hacemos porque queremos, porque nos da la gana, pero no por ellos, porque en ese caso podemos tener desgarros y fisuras. Si no se disfruta, es mejor no hacerlo.
Éstas son algunas recomendaciones para las mujeres que recién se inician.

1. Tener la idea. Decir “alguna vez lo voy a hacer”. Es no negarse a la posibilidad, pero nada más.
2. Pasarlo al cuerpo. Ver una porno y calentarte, leer un libro erótico y calentarte, o pensar en tener sexo anal y calentarte.
3. Él tiene que calentarte el mejor órgano sexual: el cerebro. Porque “al trasero se llega por la cabeza”. Hay mujeres a las que las calienta que le digan “¿puedo hacerte la colita?”, “dale, la puntita nada más”. Y hay otras que prefieren “¡vení que te parto!” No que lo hagan, ¡sólo que lo digan! Pensá qué es lo que te gusta a vos…

LIMPIEZA
Éste es un tema que nos condiciona muchísimo y nos cohíbe. Lamentablemente puede pasar que él se ensucie. Pero a ellos no les importa tanto como a nosotras.
Tres reglas imprescindibles. Sí o sí o sí.
1. Todo lo que te metés ahí tiene que tener base. Sí, tu pareja tiene una buena base, ¡claro! Pero nada de desodorantes, pepinos o juguetes que no sean específicamente para uso anal. Lo que no sea adecuado se puede deslizar hacia dentro.
2. Siempre con lubricación. La zona anal requiere de lubricante extra y lo ideal es usar uno específico para eso, que debería ser más espeso que el de uso común y minimizar el riesgo de lesiones. Si no conseguís, podés usar cualquier lubricante al agua que pueda utilizarse con preservativos.
3. No puede haber penetración vaginal después de la penetración anal. ¡Ni con los dedos! Tampoco se puede cambiar el preservativo y seguir. A veces, los hombres sacan flujo de la vagina y lo ponen en el ano y hacen ese caminito de ida y vuelta varias veces para lubricarte la zona. ¡No lo permitas! Eso puede provocarte irritación, contagios, infecciones. ¡Y pueden quedar bacterias en la zona de los pelitos! ¿Alguna vez tuviste cistitis? Si tuviste, no creo que quieras repetirlo, así que tomá las precauciones necesarias. Y recordá que lo mejor y más higiénico es que lo hagas con preservativo, ¡pero el sexo anal es lo último que hacés!
Estás limpita, confiada, caliente y con muchas ganas… Además de calentar tu cerebro, él debería empezar con los dedos y/o la lengua por toda la zona. Despacio y con movimientos circulares. Si te mete el dedo, que se ponga un guante o un preservativo. Aunque no lo creas, el dedo puede dolerte más que el miembro viril, y si está más blando duele más que si está duro.

POSICIONES
Hacerlo es “acumular millas”. No es que hoy te decidís y “lo hacemos”, hoy “viva la joda”, “hoy en cuatro patas”. ¡No es así la historia! Para empezar, la primera posición es la de “cucharita”. Los dos acostados de costado, él detrás tuyo.
Así, la vamos poniendo nosotras, tenemos el control. Empujando hacia atrás, mientras él se queda quieto. Y nos dilatamos de a poco. Lo ideal es que usemos un vibrador o nuestros dedos en el clítoris, y que nos caliente el oído. Si hacemos fuerza para afuera, se mete más adentro.
Segunda posición: nosotras arriba. Siempre arrodillada, no en cuclillas, porque sí te resbalás, te caés y… ¡hasta el cuello!
Tercera posición: vos abajo, él arriba. El clásico “misionero” pero vía anal. Más cómodo si ponés un almohadón debajo de tu cintura baja. Eso levanta la pelvis. Además si él se acuesta sobre vos, bien estirado, tu clítoris estará muy estimulado.
Cuarta posición, ¡recién ahí!: boca abajo o en cuatro patas. Porque en esas posiciones manda él. Y duelen si no estás bien caliente y dilatada.

Y dos cosas que nadie te cuenta:
1. Dejá el sexo anal para el final, no sólo por higiene, sino porque si tenés un orgasmo (sí, se puede) suele ser más intenso por esta vía. Y el umbral del dolor cambia cuando estamos excitadas. Y en cuanto tuvimos un orgasmo, la sensación suele ser “salí de ahí”, no nos aguantamos que siga adentro.
2. Y eso lleva a lo otro: si él acaba en la zona anal, funciona como “enema no controlado”. Cuando tengas ganas de ir al baño, lo cual puede pasar esa misma noche, o al día siguiente, tendrá que ser ya, en ese preciso instante. Así que si al día siguiente vas a estar lejos de un baño, te recomiendo que no dejes que termine adentro. 

 

 

Fuente Especial para Diario Z
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