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TEMAS DE LA SEMANA

Un paseo por Nueva York con Diane Arbus

Es la primera vez que se se puede ver en la Argentina una muestra de la gran fotógrafa. ¿Qué clase de monstruo sos? es una de las preguntas que le deja al espectador En el principio.

Por Daniela Pasik
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El viernes 14 de julio inauguró en MALBA En el principio, la primera exhibición en la Argentina de Diane Arbus, una de las fotógrafas más influyentes del siglo XX y pionera de muchos recursos que hoy se dan por sentados. Como por ejemplo capturar un momento de una película mientras la estaba viendo, fotografiar la muerte sin remilgos y también la selfie, entre otros hits.

Curada por Jeff L. Rosenheim, de The Metropolitan Museum of Art Nueva York (TheMet), la exhibición reúne más de cien fotos producidas entre 1956 y 1962, período en el que Arbus comenzó a desarrollar los temas centrales de su carrera y su singular mirada, que busca registrar, según sus propias palabras, “lo divino en las cosas ordinarias”. Y lo logra. Ahí está el germen, como bien dice el nombre de la muestra, En el principio, de todo lo que llegó a ser. Pero también está el final, porque termina el recorrido con el portfolio Una caja de diez fotografías, que la artista armó entre 1970 y 1971 con algunas de sus imágenes más famosas.

Identical Twins, Roselle, New Jersey, 1967

Identical Twins, Roselle, New Jersey, 1967

Diane Arbus fue una gran artista de la fotografía, autora entre otras imágenes que quedaron grabadas en las retinas del público de la mítica foto de las dos niñas gemelas que miran a cámara serias, inquietantemente iguales y diferentes. Pero también fue una reportera gráfica que, en su estilo, de algún modo se adelantó incluso al periodismo bonzo, y puso cuerpo y alma para narrar historias. La de su ciudad de Nueva York, del modo que ella la vivía, más que nada a través de sus retratados, personajes siempre en los márgenes, eso que nadie quiere ver.

A medida que se recorre la exhibición, la sensación es como de estar paseando con Diane Arbus por una Nueva York que surge como una dimensión paralela a lo políticamente correcto, el otro lado del espejo idílico,  las joyas en el barro que ella sabía ver, que en su belleza resaltan el lodo que nadie había sabido o querido mostrar. “Este anhelo de conocimiento, esta curiosidad por la naturaleza oculta de la persona o el objeto que está fotografiando, unida a su creencia en el poder de la cámara para hacerla visible, es, sobre todo, lo que la distingue”, explica Jeff L. Rosenheim.

Así que la recorrida no es grandilocuente, sino íntima. La sala está en penumbras, y cada foto en una columna. Podría ser como caminar por una ciudad que se ramifica, que lleva de un alto a otro sin seguir un orden cronológico. No hay una forma de ver la exhibición, cada cual puede armar su propia muestra, dejándose llevar por lo que le llama la atención, como cuando Arbus sacaba sus fotos por Nueva York.

Como En el principio es el trabajo de esos primeros siete años de exploración, son fotos hechas con la cámara de 35mm, liviana y fácil de llevar por la ciudad. Arbus las reveló guardó para siempre. Nunca habían sido exhibidas hasta el año pasado en TheMet, de hecho. Y ahora están acá, en formato pequeño, original, tal cual ella las sacó del cuarto oscuro. Invitan a acercarse, a mirar con la nariz casi pegada, a dejarse invadir por lo que exudan, que es energía pura, la traza absoluta de la artista.

Desde todos lados Arbus le habla a quien mira sus fotos. Hay una pregunta fuerte, que cuestiona casi a los gritos a quien recorre su obra: “¿Y vos, qué clase de monstruo sos?”. Su trabajo, al verse en conjunto, resulta casi una propuesta introspectiva, una conmoción que obliga a mirarse, a examinarse a la vez que se descubren qué sentimientos genera por ejemplo estar en la habitación del hotel del hombre al revés, o ver lo aterradores que llegan a ser los niños, o encontrar lo hermoso en el momento final de la vida de un anciana, o la extrañeza estética de un cuerpo al que le acaban de hacer la autopsia.

The Backwards Man in his hotel room, N.Y.C. 1961

The Backwards Man in his hotel room, N.Y.C. 1961

Los títulos de sus fotos parecen ser descriptivos, pero en realidad contienen cierta poesía, un plus a su mirada. En la muestra tienen los nombres originales, que puso ella, y ahí aparece la Diane divertida, un poco ácida, con quien es un poco una risa recorrer esa Nueva York alucinada. “Hombre con un bebé curioso en el subte”, acota, por ejemplo, al pasar. O dice “Mujer con estola de visón y zapatos con moño” y “Hombre con sombrero, traje de baño, zoquetes y zapatos”.

Diane Arbus. Man in hat, trunks, socks and shoes, Coney Island, N.Y. 1960.

Man in hat, trunks, socks and shoes, Coney Island, N.Y. 1960.

Y si el público logra arrancar la mirada de las fotos y mira hacia arriba, se encuentra un bonus que completa la experiencia del paseo que propone En el principio. Ahí sueltas hay algunas frases, lo que ella anotaba en sus cuadernos mientras exploraba. “Lo único que quiero es lo que no sé”, por ejemplo suspira Arbus sobre una serie de morgues y moribundos, porque ella miraba (y mostraba) eso que la cultura no quería (ni quiere) mirar.

Diane Arbus fue una documentalista que vio la poesía de las calles, y de cada persona que la inspiró a detenerse para hacer clic. Su vida fue casi performática. Conocía a alguien en una plaza, le hacía una foto y de pronto hay otra imagen con esa persona en su casa, en su cuarto, en su cama. Del exterior al interior, al espacio íntimo que sospechó, la revelación de los mundos privados en una hoja en blanco y negro. Pasear con ella es un movimiento tan visual como psicológico, que impacta.

“A lo largo de estos años se da una evolución: el paso de imágenes de individuos que surgen de encuentros fortuitos a retratos en los cuales los sujetos elegidos se convierten en participantes activos”, cuenta Rosenheim, y agrega que Arbus “consideró la calle como un lugar lleno de secretos que esperaban ser desentrañados. Incluso en sus primeros estudios de transeúntes, sus retratados parecen mágicamente liberados –aunque fuese una liberación solo pasajera– del flujo y el tumulto que los rodea. Algunas veces este aislamiento es efecto del foco selectivo; otras se debe a la paciencia o la persistencia del fotógrafo; a veces es mera casualidad”.

En el principio es como ir a ver una banda punk sentimental que siempre te gustó mucho en vivo por primera vez. Es una experiencia musical, pero audiovisual. Genera, como un recital, ganas de gritar, reír, llorar, bailar, saltar, romper algo, aullar con fanatismo. Mirar es un acto creativo. Y queda claro en este paseo, en donde cada foto parece ser una epifanía que fulminó a la autora hace décadas y atraviesa el tiempo para llegar ahora a quien las mire.

 Jack Dracula at a bar, New London, Conn. 1961.

Jack Dracula at a bar, New London, Conn. 1961.


En el Principio
. Del 14 de julio al 9 de octubre de 2017 en MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415), Sala 5, Nivel 2. Todos los días de 12 a 20, martes cerrado, y miércoles de 12 a 21.  

Fuente Diario Z
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