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Un paisaje diferente

Arroyos, lagunas y bañados fueron parte de Buenos Aires hasta hace un siglo.

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Ribera del Río de la Plata

Pese a que puede parecer plano, el terreno sobre el que está cons­truida Buenos Aires no lo es. Está surcado por arroyos que desem­bocaban en el Riachuelo o en el Río de la Plata y que hoy en día corren bajo tierra, ocultos por hormigón, adoquines y asfalto. Incluso a fines del siglo XIX, el paisaje porteño incluía pequeños (y no tanto) cursos de agua, barriales, lagunas y puentes que hoy serían pintorescos pero que eran una señal de atraso para los porteños de la época, que se quejaban de malos olores, basura y mosquitos.

Juan de Garay, en 1580 indicó al Zanjón de Granados, que nacía detrás de lo que hoy es Constitución, descendía por Perú continuaba por Bolívar y llegaba al río por Chile, como límite sur del tejido urbano. Por el norte, lo marcaba el Zanjón de Matorras, que nacía en Indepen­dencia y Entre Ríos, formaba la laguna Zamudio en la Plaza del Parque (hoy Plaza Lavalle) y llegaba al río por Viamonte-Tres Sargentos. Otros arroyos estaban más “lejos” de la ciudad que crecía a partir de Plaza de Mayo, y llevó más tiempo para que quedaran dentro del trazado.

A fines del siglo XIX ya estaba delimitado el perímetro actual de la ciudad de Buenos Aires. Todavía Flores y Belgrano eran pueblos sepa­rados del núcleo urbano por zonas de quintas. El sur del actual barrio del oeste estaba regado por varios arroyos que desembocaban en el Riachuelo: el Cildáñez, a la altura de Lugano, el Ochoa Elia, en Pom­peya y más al este una serie de pequeños riachos que corrían por Ba­rracas y La Boca. Por el lado de Belgrano, había otros tantos: el White, que desemboca detrás de Ciudad Universitaria y el Medrano, hoy bajo la avenida García del Río.

Más importantes eran otros dos. El arroyo Manso fue durante mu­cho tiempo el límite oeste de la ciudad. Nacía aproximadamente en la intersección de Venezuela y Saavedra y corría por lo que hoy es la ave­nida Pueyrredón hasta el río por lo que hoy es Sánchez de Bustamante. El otro es el célebre Maldonado, que corre por debajo de la Av. Juan B. Justo y desemboca a la atura de Av. Sarmiento. Fue el último en entu­barse, recién en 1932. Antes de que se hiciera esta obra, se manejaron otras alternativas. Durante el gobierno de Rosas, el Maldonado atra­vesaba su famosa quinta de Palermo, y el gobernador tenía barcazas que llegaban hasta el río. En 1887 hubo un plan para gestionar sus crecidas, que ya por entonces eran un problema. Éste proponía hacer un gigantesco canal que llegara hasta el Riachuelo, cruzando toda la ciudad, y dotarlo de diques con compuertas para regular las aguas. En la desembocadura de Palermo, se construiría un puerto de cabotaje y se ganaría terreno al río con las tierras de la excavación. El proyecto, del ingeniero Ebelot, francés, volvió a tomarse en cuenta en 1902 y 1924. Finalmente, se optó por el entubamiento. ¿Cómo hubiera sido Buenos Aires con un canal interno navegable? Imposible saberlo.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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