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TEMAS DE LA SEMANA

Un Midachi llamado Mauricio

La victoria en primera vuelta en la CABA y la elección de Del Sel envalentonaron a la oposición.

Por Reynaldo Sietecase
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Mauricio Macri anda a cococho de Miguel del Sel con globos de colores en las manos. Se siente con derecho. El ex presidente de Boca apostó al cómico cuando el mejor chiste parecía la candidatura. Cómo no utilizarlo entonces frente a la segunda vuelta en la Capital. Cómo no agradecerle haber lanzado su postulación al 2015. Además, la buena elección del actor ayudó a bajarle el perfil a la denuncia de campaña sucia que investiga la Justicia en perjuicio de Daniel Filmus y que involucra de forma directa a su asesor Jaime Durán Barba. Si es verdad que no se note, parece la consigna. A pesar de la euforia, el ex presidente de Boca es uno de los pocos opositores que distingue con claridad la diferencia entre los resultados distritales y la elección presidencial. Una cosa es votar a intendente o a gobernador y otra distinta decidir quién gobernará la Argentina.

Como Carlos Menem en los noventa, Macri lo hizo. Apeló a un personaje popular y casi logra imponerse en unos comicios en los que su partido estaba derrotado de antemano. Más allá de las declaraciones públicas del jefe de Gobierno, en el PRO reconocen que la buena cosecha de Del Sel se debe más a cuestiones exógenas que a los aciertos propios. Es innegable que amplios sectores del peronismo anti-K, el duhaldismo (el Midachi agradeció públicamente a la Uatre y a los gastronómicos por su apoyo y Eduardo Duhalde ya imagina sus recorridos con Del Sel), el reutemannismo y los sectores más reaccionarios de la provincia de Estanislao López hicieron un aporte decisivo. Pero también el kirchnerismo y el socialismo contribuyeron a abonar «el fenómeno».

Las elecciones en Santa Fe ofrecen un abanico de señales que deberían leerse con atención dentro y fuera de la Casa Rosada. Un candidato sin experiencia política, sin programa de gobierno, sin definiciones ideológicas, sin propuestas claras, construido en cuatro meses, estuvo a punto de convertirse en gobernador. La paradoja es que el suceso se produjo en la provincia con mejor calidad electoral del país. En ese distrito hubo primarias obligatorias y simultáneas, se utilizó boleta única y hasta hubo intensos y civilizados debates entre los contendientes.

En los años noventa, cuando Carlos Menem designó a Reutemann como candidato a gobernador, el operador menemista Carlos «Chango» Funes fundamentó la decisión a la que muchos calificaban de locura: «Lo conocen diez de cada diez santafesinos, con eso alcanza. El resto lo pone el peronismo». Unos meses después, el ex corredor de Fórmula Uno se convirtió en gobernador. Ahora es senador nacional.

Esta semana, en un gesto calculado, el Lole se despegó del kirchnerismo y le dio su respaldo al Midachi. ¿Se la vio venir o fue su apoyo el que potenció al cómico? Difícil saberlo pero está claro que comparten votantes. Aquel Reutemann y este Del Sel tienen otras cosas en común. Manejan un discurso simple y supuestamente apolítico, tienen un estilo moderado, cuentan con fortuna personal, ambos se definen como «peronistas de Perón» y gozan del aval del establishment. Además tienen la capacidad de reunir el voto más conservador con el de sectores populares.

Más allá del formidable apoyo mediático que cosechó Del Sel -estuvo más horas en televisión que Marcelo Tinelli y cerró su campaña en el living de Susana Giménez- no deben soslayarse las ventajas otorgadas por sus rivales. El kirchnerismo logró la unidad formal del PJ pero subestimó la profundidad de las heridas que se abrieron durante el conflicto con el campo. Una confrontación que, mal que le pese al Gobierno y más allá de la legitimidad de las retenciones, enemistó al oficialismo con muchos habitantes de pueblos y ciudades de la Pampa Húmeda.

Durante la 125, el Gobierno se enfrentó con muchos de sus votantes. Metió a todos en la misma bolsa. Trató a gringos y chacareros de la misma manera que a los grandes productores y a los intereses concentrados del campo. En distritos donde Cristina Kirchner triunfó en 2007, el domingo pasado el candidato del Frente para la Victoria salió tercero. Del Sel no ganó ciudades y apenas obtuvo un puñado de legisladores. El castigo fue evidente.

Agustín Rossi, un militante vehemente y honesto fue una de las caras visibles de ese conflicto. Ganó la interna pero no logró sumar a ningún otro segmento del PJ provincial en la elección general. El peronismo del interior se volcó a Del Sel. La forma en que se definieron las candidaturas a diputados nacionales, sin contemplar la realidad territorial, tampoco ayudó. De nada sirvió la política del gobierno central que les permite a los productores del agro obtener ganancias extraordinarias, ni las obras públicas destinadas a la región, ni el boom de consumo, ni los subsidios. Rossi hizo la peor elección del peronismo en el distrito. Sin embargo, María Eugenia Bielsa ganó la elección a diputados. Pregunta inevitable: ¿la hermana del ex DT de la Selección no debería haber jugado otro rol?

Después de un escrutinio para el infarto, el socialismo celebró la victoria. Hermes Binner cuenta ahora con el impulso indispensable para disputar la elección presidencial. Su partido gobernará la provincia otro período aunque con minoría en ambas cámaras legislativas. El dato negativo es que Antonio Bonfatti obtuvo diez puntos menos que en la elección de 2007 cuando le arrebataron la provincia al peronismo. En el Frente Progresista todavía buscan respuestas. No alcanzó ni la buena imagen de la gestión provincial, ni la inversión en obras públicas en educación y salud, ni la ausencia de denuncias por corrupción para ampliar la base electoral. Una buena: quedó ratificada la fidelidad de sus votantes en Rosario, donde gobiernan desde hace 22 años. Miguel Lifschitz ganó la elección a senador provincial en ese departamento con más del 50 por ciento de los votos. La diferencia con Del Sel en ese distrito superó el margen por el que se impuso Bonfatti en la general. El socialismo seguirá gobernando Santa Fe gracias a los votos cosechados en Rosario. Pregunta inevitable: ¿el intendente de esa ciudad no debería haber jugado otro rol?

Los resultados de Santa Fe funcionan como antídoto contra el triunfalismo y la soberbia. Confirman que es posible inventar un candidato a medida. Sólo hay que dotar a una figura popular de apoyo mediático irrestricto, mucho dinero y discurso populista. No es tan difícil y ni siquiera es un invento argentino. Pero ningún engendro político crece tanto en la consideración popular si enfrente tiene una alternativa inteligente, con propuestas sólidas, enmarcada en una convocatoria amplia y transformadora. A la antipolítica sólo se la puede derrotar con política.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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