Tiempo en Capital Federal

8° Max 4° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 58%
Viento: Sureste 20km/h
  • Martes 20 de Agosto
    Muy nuboso  10°
  • Miércoles 21 de Agosto
    Cubierto  10°
  • Jueves 22 de Agosto
    Parcialmente nuboso  12°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

«Un libro sobre la libertad de amar de manera imprevista»

En su tercera novela, «Me enamoré de una vegetariana», la periodista y escritora Patricia Kolesnicov narra el romance de dos chicas a partir de un divertido registro juvenil escrito en primera persona para contar una historia de amor adolescente.

Email This Page
pato

Por Milena Heinrich

En su tercera novela, «Me enamoré de una vegetariana», la periodista y escritora Patricia Kolesnicov narra el romance de dos chicas a partir de un divertido registro juvenil escrito en primera persona para contar una historia de amor adolescente en una etapa de la vida en la que todo está por explorarse y en la que no caben etiquetas.
«No sabés nada del amor», le dice Aldana a Martina. Aldana quiere volver a España, su país natal, para estar con su novio, al que ahora ve hasta en la sopa conectada siempre a su celular; Martina es la narradora y todo lo que tiene de organizada y responsable se le desordena un poco cuando la ve entrar a clase por primera vez.
Sobre ese vínculo, que crece libre sin definiciones, transita la trama de «Me enamoré de una vegetariana», en la que Kolesnicov se mete en la cabeza y el corazón de una adolescente, con una divertida cuota de humor por momentos desopilante, pero al mismo tiempo con un componente dulce y tierno, digno de una buena novela de amor.
Este libro en clave juvenil, que publica Norma en su colección Zona Libre y que llegará a las escuelas, surgió «un día de casualidad», cuenta Kolesnicov (1965) -autora de «Biografía de mi cáncer» y «No es amor»-, cuando caminando por Villa Crespo vio a unas chicas que iban delante de ella riendo y de la mano, en una «situación feliz, lejos de secretos, miedos a la familia, persecución».
«Muchas cosas están peor en el mundo pero pensé que esta, la posibilidad de enamorarse de alguien de tu mismo género, había cambiado para mejor, por lo menos respecto a cuando yo era chica. No sé si está todo bien, no sé si no alterás las expectativas sobre vos pero, por lo menos en la clase media urbana, nadie te va a echar de tu casa», reflexiona Kolesnicov en entrevista con Télam.
Pero además de la relación entre las adolescentes, la novela explora otras zonas, como el desarraigo o la disfuncionalidad familiar, que invita a «repensar los vínculos, los límites de la libertad, los daños que puede causar, como decía Silvio Rodríguez: los muertos de mi felicidad. Hay varias situaciones conflictivas pero parece que la homosexualidad las tapa, como si ese tema, que creemos superado, siguiera siendo un tabú enorme».
La heteronormatividad parece exigirle a la sexualidad que se defina de una y vez para siempre, mientras que en esta novela Martina y Aldana se quieren y no importan mucho las etiquetas que caigan sobre ellas ¿Cómo leer la sexualidad en este libro?
En la novela no hay una definición de identidad a partir de la elección sexual. No estoy segura de que quiera definir la identidad de nadie por eso, pero mucho menos la de una adolescente. Es el período para explorar, probar, conocer, aprender a escucharse y a encontrarse. ¿Unos besos y ya sos lesbiana? ¡Por favor! ¿A quién hay que tranquilizar con esas definiciones? Este es, también, un libro sobre la libertad más sencilla y más básica, la de amar de manera imprevista, la de dudar, la de querer volver y querer quedarse, la de crecer.
El título sugiere un punto de unión entre la vegetariana y la lesbiana, como lo «distinto»: comer carne en un país de vacas, que te gusten las mujeres en un mundo heterosexual…
El título fue muy buscado, un larguísimo ping pong con las editoras. Uno diría que efectivamente desplaza apenas el tema de la novela. Enamorarse de alguien del mismo género es una disidencia que va camino a ser menor, como no comer carne. Está bárbaro ser vegetariano, pero tenés que avisar si vas a comer porque lo más probable es que lo previsto sea un asado.
En la novela «No es amor» (2009) ya habías abordado la relación entre dos mujeres en otro contexto y con otras edades, ¿fue distinto que las protagonistas sean adolescentes?
Fue un desafío en cuanto al lenguaje, la manera de mirar el mundo, la manera de situarse en la familia. Casi no tengo adolescentes a mi alrededor. La mayor parte de eso fue inventado en base a lo que yo recuerdo de mi adolescencia: mucha intensidad, mucho dramatismo, un mundo entre varias amigas. Respecto de que fueran dos mujeres, imaginé un impulso imparable y, porque viven hoy, cierta naturalidad. Pero no quiero exagerar con esto: también pienso que no es lo mismo para una chica estar con otra que hacer lo esperado que es estar con un chico, que hay muchas cosas de la relación que hay que crear y no vienen formateadas por la cultura, que hay que darles «la noticia» a los demás.
Es una novela con mucho humor ¿qué lugar le das a ese registro?
El humor sale solo, es una mirada sobre la realidad, sobre las reacciones de la gente. Tengo una fuerte inclinación al ridículo, diría un amor por el ridículo y lo veo en todas partes. La farsa institucional, las veladas paquetas, la estúpida admiración por la realeza o la riqueza, la obsecuencia. Lo veo todo el tiempo, como si tuviera un vidrio rosa chillón delante de los ojos. Por suerte mis personajes lo pueden expresar más que yo en la vida cotidiana.
Muchas veces los adolescentes son vapuleados por la opinión pública y los medios de comunicación, ¿cuál es tu opinión?
Por supuesto que los adolescentes no son una sola cosa, ni personal ni socialmente. Pero sé que, como son el futuro, los adolescentes van a ser directamente afectados por nuestras decisiones personales y políticas, son ellos los que van a pagar nuestra tarjeta de crédito, las cuentas de lo que hacemos ahora. Soy de la generación educada por (Luis Alberto) Spinetta y su «mañana es mejor». ¿Cómo me caen unos chicos que piensan que la educación es asunto de ellos y que van a poner el cuerpo por eso? ¿Que creen que si la educación sexual no se está implementando es hora de exigir que se lo haga? Me cae bárbaro.

¿Dice algo el hecho de que la novela integre una colección que llega a las escuelas? ¿Hay un compromiso literario, político, en ese sentido?
Cuando yo era chica, a principios de los 70, vendían unas planchas con figuritas en las que se veían próceres, banderas, «servidores públicos», alumnos con el pelo muy cepillado hacia el costado. A veces cuando me hablan de «las escuelas» me parece que están mirando esas figuritas. Las escuelas que yo veo están muy metidas en la realidad y son lugares de compromiso y participación política. En ese contexto, hay un compromiso y es el de la visibilidad. Lo contrario de «el silencio es salud». El silencio enloquece y enferma, los chicos tienen derecho a enamorarse de quien quieran y probar tranquilamente. Una historia de amor entre dos personas del mismo género que no es una tragedia y, además, involucra a las familias, muestra lo mejor de las familias en vez de lo peor.
«Me enamoré de una vegetariana» será presentada el martes 24 a las 18.30 en El Ateneo Grand Splendid (Avenida Santa Fe 1860, CABA), con la presencia de Leo Teti (editor), Carla Dente (youtuber), Natasha Jacentiuk (blogger), Facundo Tedesco (blogger), Martina Barenboim (bookstagrammer) y Florencia Méndez (blogger).

Foto: gentileza Editorial Norma

Fuente Télam
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario