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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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Un furor que no llegó a boom

Por Dafne Casoy
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Mariano vive hace tres meses en un monoambiente todo eléctrico en Parque Chas. Se mudó ahí temporariamente y no eligió el departamento, sólo se le presentó la oportunidad. “La ventaja es la seguridad de que no va a haber un escape de gas”, dice. Con el resto, no está tan conforme: “El tiro balanceado es incomparablemente mejor que el aire frío-calor. Además, cuando quiero hacerme un mate tengo que esperar mucho hasta que se calienta la hornalla”. Y aunque todavía no le pasó, confiesa que le preocupan los cortes de electricidad.

En la Ciudad hay cada vez más edificios sin conexión a gas, donde todo funciona a 220 voltios: anafes, calderas, calefacción y refrigeración. No hay estadísticas sobre la cantidad, pero se calcula un 70 por ciento y comenzaron a verse hace cinco años.

Aunque parecía que reemplazarían todo, poco a poco fue bajando el furor. La demanda de permisos a Edesur y Edenor para realizar la instalación cayó en los últimos dos años. Se proyectan así para abaratar costos de construcción, pero en el uso aumenta el consumo eléctrico, lo que al final genera más gastos para el propietario.

Este tipo de construcciones comenzó en edificios de departamentos grandes, pero los desarrolladores admiten que actualmente sólo se hacen de este modo los de unidades más pequeñas.

Prenderse o no

Hace casi una década se dio una coyuntura en el país que alentó la construcción de edificios 100% eléctricos. La empresa Metrogas atravesaba problemas que se traducían en burocracia y dificultades para conseguir la conexión definitiva, y eso le entorpecía a arquitectos y desarrolladores la entrega de los departamentos a tiempo. Por otra parte, se preveía un gran aumento en las tarifas. Además, aparecieron en el mercado hornos eléctricos de marcas de calidad que antes no existían. El resultado: la gente empezó a animarse al cambio.

La construcción con todo eléctrico, sin embargo, sigue atrayendo a muchos desarrolladores. Es porque reduce costos al evitar las cañerías de gas y, además, simplifica la tarea, ya que al proyectar el departamento puede priorizarse el diseño sin tener que tomar recaudos para la ventilación.

Sea o no sea un edificio con conexión de gas, es necesario hacer la instalación eléctrica igual, así que muchos desarrolladores prefieren ahorrarse el primer paso y sólo reforzar la segunda. Pero claro, como bien teme Mariano, la principal desventaja es el riesgo de los cortes de luz. Si se va la electricidad, el usuario se queda sin nada: ni cocina, ni agua, ni calefacción.

Giselle Ghiglione administra consorcios y realiza alquileres personalizados. Ella cree que no hay una diferencia significativa en términos de costos para el usuario en los edificios con todo eléctrico: “Es muy difícil prever la factura del mes siguiente, tanto de gas como de electricidad. Además de los subsidios, hay múltiples variables en juego y la diferencia de costos no es tan significativa como para decidir por eso”. El problema real son los cortes de luz, dice, que se dan también bastante en invierno porque, justamente, se utilizan más elementos de calefacción eléctrica.

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Todo funciona a 220 voltios: anafes, calderas, calefacción y refrigeración.

Serenella Perrecca, arquitecta y titular de RSK, una empresa desarrolladora de edificios, sí percibe un cambio de costos para el propietario. Hace unos años hizo una tanda de edificios eléctricos y con el tiempo pudo notar que muchos usuarios se pasaban de la tarifa base.

Es por eso que finalmente la empresa constructora RSK abandonó el esquema todo eléctrico. Perrecca explica que prefieren hacer edificios mixtos, para –entre otras cosas– repartir los riesgos

“Antes, los problemas los teníamos con Metrogas. Hoy Metrogas anda mucho mejor y los problemas los tenemos para conseguir las instalaciones de electricidad con Edenor y Edesur. Las empresas están colapsadas. Estaría bueno poder tomar decisiones en función de un criterio comercial y no simplemente porque una empresa de gas o electricidad ande mejor o peor, pero así son las cosas”, cuenta Perrecca.

Mariano Casoy, arquitecto y titular de MC Arquitectura, construye edificios y complejos de PH desde hace varios años. Cuando se trata de unidades pequeñas o en edificios donde hay gran cantidad de departamentos por piso, la construcción eléctrica le parece una buena opción. Para él, las habilitaciones con Metrogas siguen siendo complicadas y dice que la instalación eléctrica le permite ahorrar muchos costos.

Con respecto a los departamentos más grandes, Casoy dice que las cosas son distintas. En las unidades de cuatro ambientes, cuenta que la gente quiere otro tipo de servicio, como la calefacción con caldera dual a gas a través de radiadores o piso radiante. En los departamentos más chicos se suele poner el sistema de aire frío/calor, una opción que muchos desarrolladores también prefieren, ya que les permite brindar al usuario los dos servicios, de aire y de calefacción, sin irse de presupuesto.

Recaudos a considerar

Las empresas de electricidad obligan a este tipo de construcciones a colocar una cámara transformadora en el edificio. Es para optimizar el consumo y achicar la brecha de los posibles cortes de luz. Uno de los problemas que genera esta solución –que tampoco es completamente efectiva– es que ocupan mucho lugar y, en un sótano, suele quitar espacio que, de otro modo, podría ser de cocheras.

Las cocinas eléctricas que se consiguen en la Ciudad son mayormente importadas. En los últimos años fueron aumentando bastante el costo, incluso los repuestos. Las más baratas salen alrededor de siete mil pesos, mientras que existen opciones de algunas marcas nacionales de hornos de gas que se consiguen por la mitad.

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Al no tener que pensar en la ventilación necesaria para el gas, puede priorizarse la estética.

“El típico tano constructor no te hace todo eléctrico ni por casualidad”, reflexiona el arquitecto Casoy en referencia a la idiosincrasia porteña al momento de pensar la casa. Pero sigue la línea de pensamiento y también especula que si el que construye es el nieto del tano, probablemente ponga todo eléctrico en un edificio chico: “Simplifica la tarea y queda fachero”.

Hay otro dato para tener en cuenta en los edificios eléctricos que, como está poco difundido, todavía no influye en la decisión de usuarios o desarrolladores, pero pronto podría comenzar a tener algo de peso en la balanza. La arquitecta Alicia Di Fede, que realizó numerosos cursos en Bioarquitectura para interiorizarse en formas más naturales de construir, considera que este tipo de inmuebles no son buena idea para la salud.

“Estamos acostumbrados a vivir entre celulares, wifi, computadoras, microondas. Los consumos eléctricos en general aumentaron considerablemente a los de épocas anteriores no tan lejanas. Si a todo eso sumamos una calefacción eléctrica que queda toda la noche prendida y cocinar con aparatos eléctricos, estamos recibiendo más cantidad de esas radiaciones”, dice Di Fede.

Los beneficios parecen tener más peso en desarrolladores que en usuarios. Las empresas de electricidad no ven con buenos ojos esta tendencia que multiplica el consumo y los pone más en jaque. Tendrán que pasar algunos años más para ver si este tipo de edificios llegaron o no para quedarse.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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