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TEMAS DE LA SEMANA

Un edificio nuevo sin insumos básicos

El hospital pediátrico más viejo de América tuvo una renovación radical. Pero jamás trabajaron con material de peor calidad y faltan insumos tan básicos como pipetas para nebulizar o ibuprofeno.

Por Alejandra Hayon
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Creado como hogar para niños huérfanos y abandonados en 1779, la ex Casa Cuna y hoy Hospital Doctor Pedro de Elizalde –en honor al médico que impulsó su transformación– se levanta sobre su antigua fachada en el corazón de Constitución. Adentro, un moderno edificio de amplios ventanales y pasillos que conectan los pisos por el aire dejan en evidencia la radical renovación que lo llevó a convertirse en uno de los hospitales pediátricos de punta en Buenos Aires. Pero, como sucede en otros centros de salud porteños, médicos y pacientes deben lidiar a diario con la ausencia de insumos, de enfermeros y esperas de hasta un año para operaciones programadas.

Las obras, financiadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), comenzaron en 2003 y se inauguraron por etapas, en 2005 y 2007. También se ampliaron servicios, como la terapia intensiva, se crearon otros, como el hospital de día y la terapia intermedia, y se compró equipamiento nuevo.

En el Elizalde se atienden 250 chicos por día –que pueden triplicarse en el invierno a causa de las enfermedades respiratorias–, se realizan alrededor de 300 cirugías por mes y trabajan unas 1800 personas entre médicos, enfermeros, residentes, y empleados administrativos y de mantenimiento.

El principal reclamo de los trabajadores es la falta de insumos. “En época invernal nos faltan drogas muy básicas y pipetas que se usan para nebulizar o para tratar afecciones de los oídos. Tampoco hay ibuprofeno y a veces faltan medicamentos que no pueden ser reemplazados para chicos en tratamientos oncológicos. No te queda otra que pedirles a los padres que vayan a la farmacia a comprar”, cuenta Carlos Sánchez, que hace veintidós años es enfermero y se conoce el hospital como la palma de su mano.

A los insumos básicos que escasean, se suman las sábanas, frazadas y almohadas –que deben llevar las familias– y hasta suelen hacer colectas entre los médicos y enfermeros para poder cambiar los colchones más deteriorados.
“Desde que el gobierno porteño centralizó la compra de insumos para todos los centros de salud, la dirección del hospital se lava las manos y dice que ellos no pueden hacer nada, excepto el pedido. Pero las cosas no llegan y hay que inventar cómo reemplazar lo que no hay o cómo recortar y adaptar las vías para adultos que nos mandan cuando necesitamos pediátricas”, se queja Sánchez.

Otro problema es la calidad de los materiales. Tránsito Fernández es enfermera del Elizalde desde el 85 y cuenta que nunca antes habían trabajado con elementos de tan mala calidad como los de ahora “que se desarman en la mano y lastiman a los chicos”. “No sabés lo que son las tubuladuras, las vías, los catéteres y el resto de los elementos de laboratorio. Hay nenes muy débiles, que son pacientes oncológicos, y el riesgo de infección es mayor, y los tenés que estar pinchando más de la cuenta, porque el material es malo y se rompe”, se lamenta Fernández.

Vocación y mucho amor es lo que caracteriza a los enfermeros del Elizalde, quienes deben suplir la falta de personal de su área con incontables horas extras. Según cuentan los trabajadores, actualmente hay uno o dos enfermeros por sala y tienen más de veinte pacientes a cargo cuando deberían ser cinco para atender a esa cantidad de niños. El problema, según ellos, es que no hay nombramientos. “Tardan entre seis y siete meses en cubrir una vacante y en ese tiempo se jubilan o renuncian otras diez personas”, cuenta Fernández. Los bajos sueldos y las duras condiciones de trabajo hacen que los más jóvenes elijan el sector privado.

La falta de personal afecta también al ritmo de los quirófanos y los turnos para las operaciones programadas pueden demorar hasta un año. “Tenemos un único anestesista por guardia, mientras hay tres quirófanos disponibles. Lo mismo sucede con los instrumentadores o técnicos. Si entran por guardia dos chicos para operar, hay que ver a quién se prioriza”, explica una médica que prefirió no dar su nombre.

Luego de la reforma, el Elizalde se transformó en un hospital de alta complejidad que, según sus propios médicos, da respuesta a la demanda pediátrica de toda la zona sur. En su moderno edificio conviven la excelencia de sus servicios y profesionales con la falta de insumos básicos y enfermeros. En el medio, y como si se tratara de la vieja institución de caridad que cobijó a bebés abandonados, la voluntad y el esfuerzo de los trabajadores hacen el resto.

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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