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TEMAS DE LA SEMANA

Un buen día para largar el pucho

En nuestro país, cada año mueren 40 mil personas a causa del tabaquismo. Representa el 16% del total de las muertes de personas mayores de 35 años. Mejor es dejar.

Por Néstor Rivas
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Durante un siglo, la publicidad –en todas sus formas– infundió en las mentes de millones y millones de personas “el placer de fumar”. O algo por el estilo.

A los hombres, prometía hacerlos interesantes y viriles; a las mujeres, elegantes y sofisticadas. Para los adolescentes, era un símbolo de rebeldía, de madurez, de estar contra el sistema, en contra de los padres, un símbolo de pertenencia o la nada misma, una manifestación de aburrimiento o de abulia.

Hasta hace muy poco, se fumaba en todas partes. En los bares, en los restoranes, en las casas, en los hospitales, en los aviones, en los estudios de televisión, en los ascensores. La gente fumaba y nadie decía nada.

En las pantallas de cine y televisión, todos fumaban. Hombres, mujeres, grandes, chicos. En los filmes de las décadas del 30 al 60, un cigarrillo y un vaso de whisky eran la cura a todos los males, se trate de un desengaño amoroso o de un intento de asesinato. Fumaban los pacientes y los médicos. Fumaban hasta las embarazadas.

Fumar era tolerado dentro de un mismo ambiente por los que no fumaban, a pesar su olor pestilente y de la suciedad que generan las colillas y la ceniza. Los carteles de “Prohibido fumar”, si existían, eran ignorados. Como mínimo, tomados con fastidio.

Recién en 1990 comenzaron las primeras restricciones. Hoy, 25 años después de las primeras sentencias contra las tabacaleras –que si bien no les movieron un pelo, más allá de imponerles las advertencias sobre los graves problemas para la salud que acarrea el tabaquismo-, fumar ya no es algo tan “cool”. Al menos ya casi no se fuma en espacios cerrados. Algo es algo.

El tabaquismo, a esta altura, es considerado una epidemia global. De hecho, es la principal causa de mortalidad evitable que existe en el planeta.

Se estima que 6 millones de personas mueren por año en el mundo a causa del cigarrillo, de las cuales 40 mil son argentinos. En nuestro país, representa el 16% del total de las muertes de personas mayores de 35 años.

El tabaquismo causa el 71 por ciento de las muertes por cáncer de pulmón, el 42 por ciento de las enfermedades respiratorias crónicas y un 10 por ciento de las enfermedades cardiovasculares. Se estima que la mitad de los fumadores muere de una enfermedad relacionada al consumo de tabaco y que viven en promedio 10-15 años menos que los no fumadores. Los niños menores de dos años que respiran diariamente humo de cigarrillos en sus hogares, tienen entre cuatro y seis veces más posibilidades de contraer o ser hospitalizados por bronquiolitis.

El cigarrillo, vale reiterarlo, no posee ninguna de las “virtudes” que vende la publicidad de las compañías tabacaleras. No ayuda a la digestión, ni hace más placentero el momento posterior a una relación sexual, no suprime el aburrimiento ni marida bien con el café ni con el vino ni con nada y tampoco ayuda a la concentración, como alguno cree. Todo lo contrario. El tabaco contiene un alcaloide, la nicotina, que genera dependencia. La industria se basa en la captura de adictos a la nicotina a través de la publicidad. El fumador persiste porque está atrapado en esa dependencia.

Bien pensado, hay que ser cabezadura para seguir fumando. Los beneficios de dejar de fumar son inmensos. Mejora el aseo personal, el olfato y el paladar; mejora la concentración, nos hace más independientes –el fumador es un adicto– y nos permite ahorrar dinero. Bastante dinero si lo pensamos un minuto. Un atado de puchos sale cincuenta pesos. A razón de uno por día, son mil quinientos mangos por mes. Dieciocho mil al año. Bien pensado, qué mal negocio que hace el fumador.

Lo más importante para dejar de fumar es la fuerza de voluntad. Eso no se compra en ningún lado. Hay que masticar el asunto y mandarse. El acompañamiento de los especialistas –y el ejercicio y ciertas rutinas–ayudan, sin duda. Pero lo más importante es convencerse de los beneficios que le esperan a uno y listo, perder el miedo a largar el pucho. Nadie se murió por dejar de fumar. Todo lo contrario.

El 31 de mayo es el Día Mundial Sin Tabaco. Buen momento para empezar.

Bah, en realidad, es tan bueno como cualquier otro. Te lo dice uno que fumaba como loco.

 

DZ/nr

 

Fuente Redacción Z
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