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TEMAS DE LA SEMANA

Últimos ruidos antes del verano

Por Eduardo Blaustein. En medio del debate en torno a la calidad institucional del Poder Judicial, el gobierno nacional obtuvo dos importantes fallos favorables: la devolución de la Fragata Libertad y la constitucionalidad de la Ley de Medios. Una última manifestación de la CGT opositora no opaca esos logros.

Por Eduardo Blaustein
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creistinakirchner-presidentaargentina Cristina Kirchner obtuvo dos fallos favorables: la devolución de la Fragata Libertad y las constitucionalidad de la Ley de Medios.

El acto sindical que se realizará en la Plaza de Mayo después de que se escriban estas líneas (con probabilidad de chaparrones) seguramente será la última protesta social ruidosa de un año agitado, antes de que el ruido de la política quede amortiguado por el clima de las fiestas y la partida en masa de millones de personas que saldrán de vacaciones. Esa larga marcha hacia las playas, sierras y montañas será también un dato político: que millones puedan saturar los destinos turísticos nacionales habla de una situación económica menos fiera de lo que se pinta. Y que algunos sindicatos opositores poderosos sigan inaugurando instalaciones hoteleras que disfrutarán sus afiliados, es algo más que un dato de color.

Hasta el día anterior a la marcha, tanto Pablo Micheli como Hugo Moyano redoblaron esfuerzos para nutrir la convocatoria llamando a las clases medias a participar. Esa insistencia revela algunas cosas. La primera: la necesidad de sumar número para llenar la Plaza. La segunda: difícilmente ese colectivo gaseoso llamado “clases medias” tenga una relación de identificación ya no con Moyano o Micheli en particular sino con el gremialismo en general. La tercera es un extenso malentendido que deviene de la simplificación. Si es por ingresos, muchos trabajadores camioneros y no pocos estatales, por citar dos gremios emblemáticos, son parte de las clases medias.

Y si es por eso que se llama clases medias, la UCR, el partido que en el pasado lejano las representaba en buena medida, anunció primero su participación en el acto y luego la desdijo parcialmente. Hasta ayer, el radicalismo satanizaba a Hugo Moyano, quien fue el que denunció el affaire Banelco durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el que junto con la destrucción de industrias y puestos de trabajo recortó un 13% las jubilaciones.

Una y medio a favor

La protesta no alcanzará a convertirse en novedad política ni podrá opacar las noticias que le permitieron al Gobierno cerrar el año con un clima algo mejor del que se percibía un par de meses atrás. A los indicios de recuperación económica el Gobierno sumó dos nuevas a favor (o una y media). Por un lado recibió un rotundo espaldarazo de la justicia internacional ante la embestida de los fondos buitres para quedarse con la fragata Libertad. Un día antes se había conocido el fallo del juez Horacio Alfonso, que rechazó el planteo de inconstitucionalidad de la ley de Medios y levantó la cautelar que pesaba sobre algunos de sus artículos. Como parte del enredo judicial, sin embargo, el martes siguiente el mismo juez concedió la apelación presentada por el Grupo Clarín. La Corte Suprema de Justicia será la que resuelva finalmente, sea por el recurso extraordinario o por la eventual aceptación del recurso de per saltum que anunció el ministro de Justicia, Julio Alak.

La absolución en Tucumán de los acusados por la desaparición de Marita Verón generó un impacto nacional que puso la lupa sobre las complicidades de sectores del Poder Judicial con las redes de trata y explotación sexual. Una complicidad que excede los estrados judiciales e involucra también a franjas del poder político y las fuerzas de seguridad, como se ha cansado de denunciar la valiente madre de Marita, Susana Trimarco. El hecho volvió a poner a la orden del día un proyecto de ley que contiene importantes correcciones a la ley nacional contra la trata. La Presidenta ordenó que fuera votado en sesiones extraordinarias. El encuentro entre Trimarco y la Presidenta renovó el compromiso de Cristina Kirchner con la lucha de esta mujer que se ha convertido en un símbolo internacional.

Habrá que ver si el kirchnerismo sale de ésta y otras disputas con parte del Poder Judicial por la propositiva, mediante algún proyecto de ley a favor de una mayor democratización y mejor construcción de justicia. Sería prudente buscar consensos con otras fuerzas a la hora de discutir esos proyectos.

Lo mismo podría decirse (en el plano de lo ideal) respecto del retorno de la fragata Libertad. Ya que se espera una suerte de bienvenida solemne al buque escuela, el Gobierno podría invitar a ese acto a representantes del arco opositor. Claro que no está claro cuál podría ser la respuesta de éstos, siendo que algunos, con liviandad, denunciaron al Ejecutivo antes que defender la posición argentina.

Santas instituciones

El solo hecho de apostar a una iniciativa política renovadora conviene al kirchnerismo, pero siempre depende de los contenidos y las formas en que se lo haga. Por supuesto que a la vez le valdrá otro previsible enfrentamiento con los medios conservadores y con espacios partidarios. Hay un sector del radicalismo, el más reaccionario, cuyo poder justamente se afinca en ciertas redes opacas que van de los partidos a los tribunales y de allí a ciertas representaciones empresarias. No es necesariamente cierto que el radicalismo en su conjunto sea más “institucionalista” que el kirchnerismo, que en su ciclo inicial renovó la Corte Suprema.

Para hacer esa comparación acerca del respeto a las instituciones y la República, que tiene mucho de odiosa y más de compleja, conviene hacer un poco de memoria. Por lejos, los radicales encabezaron un ranking de colaboracionismo con la dictadura en el que también figuraban peronistas, desarrollistas y demócratas progresistas. Quien escribe recuerda de qué manera ciertos columnistas describían en los 80 cómo la designación de jueces se decidía como un simple reparto de poder entre el radicalismo y el peronismo.

Ya sea en la discusión sobre el rol del Poder Judicial o en el plano de la acción gremial, como en tantos otros aspectos del quehacer político, en Argentina no hay actores ni puros ni homogéneos. Dentro mismo de las cinco centrales sindicales hoy existentes (salvo quizá en la que encabeza Luis Barrionuevo) hay distintos grados de representatividad, de defensa de los intereses de los trabajadores o de transparencia. Hay incluso distintos modos de pararse ante el gobierno kirchnerista, en un escenario absolutamente fluido.

Fuente Especial para Diario Z
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