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Tras las Huellas de Cortázar en la Ciudad

El autor de Rayuela se llamó a sí mismo un “porteño perfecto”. A un siglo de su nacimiento el cineasta Manuel Antín rescata sus calles, librerías y bares predilectos. Hay tours que recorren los “rincones cortazarianos”.

Por Roberto Durán
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En París es fácil encontrar a Julio Cortázar (Bruse­las, 1914 – París, 1984). Está su tumba en el ce­menterio de Montparnasse; el Pont Neuf –quizá uno de los pun­tos más retratados por los fanáti­cos– que aparece en Rayuela. Y el edificio de la Unesco, donde traba­jó décadas como traductor y posó para Sara Facio en unas de sus se­ries de fotos más emblemáticas.

También se lo puede buscar en las ciudades argentinas en las que vivió. Afinales de los 30, lle­gó a Chivilcoy para cubrir una va­cante como profesor de historia y geografía. En alguna de sus cartas, escribió: “Chivilcoy inmutable en­frenta a las estrellas y a las estacio­nes con invariable firmeza, cuidan­do de no mover un solo músculo, de severo rostro, ni desordenar en lo más mínimo los pliegues de su vestido. Así de una manera un tanto homérica, permane­ce el apacible pueblo con sus numerosos ganados, sus preclaras gentes que comercian y dan vuelta a la plaza, y el majestuoso y despoblado de sus calles, que la sombra de venera­bles plátanos flanquea y ornamenta. Yérguese en sus márgenes las estruc­turas imponentes del Co­legio Nacional y la Escue­la Normal en la cual pasea este amigo la majestad de su toga profesoral y el aburrimiento de varios cursos de Historia, Geo­grafía, creencias malignas y retóricas.”

Otros textos cuen­tan sus años de profesor universitario en Mendo­za, en la Universidad Na­cional de Cuyo. “Piense usted, ¡es la primera vez que enseño las materias que yo prefiero! Es la primera vez que puedo entrar en un curso su­perior y pronun­ciar el nombre de Baudelaire, citar una frase de John Keats, ofrecer una traducción de Rilke”, le escribió a una amiga.

Queremos tanto

El director de cine Manuel Antín se hizo amigo de Cortázar después de leer su cuento “Cartas de mamá”. “Supe de él cuando era un escritor poco conocido. Y decidí conectar­lo para filmar sus cuentos y porque sabía de su pasión por el cine. Así iniciamos una relación epistolar de muchos años; después nos conoci­mos personalmente hasta que de­jamos de escribirnos por cuestiones practicas. ‘No te escribo más para evi­tarte peligros’, me dijo en su últi­ma carta”, recordó Antín, quien en 1962 estrenó La cifra impar, basa­da en ese cuento de Cortázar.

Antín opina que la relación del escritor con la ciudad era “entraña­ble”. “Era un vínculo más digno del psicoanálisis que de la escritura, de la descripción externa. En al­gunos cuentos, Cortázar recrea a Buenos Aires y algunos de sus barrios. Tenía un recorrido más o menos fijo cada vez que venía a esta ciudad”. Ese itinerario –re­cuerda– incluía La London City, la tradicional confitería de Ave­nida de Mayo y Perú, el Teatro del Pueblo (Roque Sáenz Peña 943) y “una librería que queda­ba en Las Heras, entre Larrea y Azcuénaga” (N. de la R.: la fa­mosa librería Norte, del poeta y librero Héctor Yánover). “Lo re­cuerdo muy ligado a Buenos Ai­res. Incluso leyéndolo hoy pue­do encontrar la descripción de una ciudad que no es otra que ésta. Fijate en Rayuela: es una mezcla de las dos ciudades –Pa­rís y Buenos Aires– de una mane­ra muy afectiva. Dos meses antes de su muerte, vino a Buenos Aires para despedirse de la ciudad”.

Itinerarios

Lara Mirkin inició hace un año un tour “cortazariano” en cas­tellano e inglés por el barrio de Agronomía. “El punto de encuentro es el par­que de Agronomía. Co­menzamos a recorrer­lo siguiendo los pasos que hizo el personaje de Clara en el cuento ‘Óm­nibus’, de Bes­tiario. Nos senta­mos a leer otros textos y nos de­tenemos en una esquina de Tino­gasta y Zamudio. Siempre decimos que más que un tour es una experiencia de lectura y de debate”, dijo, sobre el recorrido que también pasa por su casa de Artigas 3246. El itinerario, a pie, dura dos horas.

Mirkin cree que un futuro re­corrido puede incluir a Banfield, donde la familia Cortázar se ins­taló al volver de Europa. “A los 37 años se fue a París y nunca más vivió en Buenos Aires. Cuan­do venía de visita, paraba en ca­sas de amigos. Si pienso en armar otro paseo cortazariano, inmedia­tamente me viene a la cabeza la calle Florida, con la London y la Galería Güemes”. Esta última apa­rece en el cuento “El otro cielo”, de Todos los fuegos el fuego, don­de el escritor une esta galería con la galería Vivienne parisina.

La vida porteña de Cortázar se nutrió de largas charlas en los cafés, caminatas y librerías. Acá se inspiró para los cuentos “Casa toma­da” y “Circe” (Bestia­rio, 1951), además de la novela Divertimen­to (publicada recién en 1986). En diciem­bre del 83, para la res­tauración democráti­ca y dos meses antes de morir, Cortázar vino a Bue­nos Aires por última vez. Caminó la ronda de las Madres –el escri­tor había denunciado sin tregua los crímenes de la dictadura mili­tar argentina y expresado su apo­yo tanto a la Revolución Cubana como a la Nicaragüense– y tuvo la triste sorpresa de que el pre­sidente Raúl Alfonsín le negara una audiencia, En aquellos días, dio una entrevista en la que resu­me su vínculo con el país y la ciu­dad. “Mi relación con la Argen­tina es muy profunda y no se ha quebrado nunca. Soy un porteño perfecto, no podría escribir sobre otra cosa.”

 Actividades en el Año Cortazariano.

“Rompecortázar”. Muestra de ocho historietas inspiradas en sus cuentos, con curaduría de Juan Sasturain. Hasta el 21 de septiembre en el Palais de Glace (Posadas 1725).

“Rayuela. Una muestra para armar”. Propuesta interactiva y lúdica sobre esta obra clave de la literatura latinoamericana. Además se exhibe “El otro cielo”, que reúne las primeras ediciones de Cortázar. Hasta el 31 de octubre en el Museo del Libro y de la Lengua (Las Heras 2555).

“Julio Cortázar 1914-2014”. Recorrido biográfico, a través de foto­grafías de Sara Facio, Manja Offerhaus, Alicia D’Amico y Dani Yako. También fragmentos de textos, su voz y datos relevantes. Hasta el 28 de septiembre en la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985).

“El perseguidor: Cortázar y el jazz”. Ciclo de recitales gratuitos. En la Televisión Pública (avenida Figueroa Alcorta 2977).

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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