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Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Tránsito lento: todos al borde de un ataque de nervios

Más autos, motos y ciclistas. Embotellamientos, calles cortadas y ampliación de las horas pico.

Por Marta Bilbao
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Transeúntes y automovilistas coinciden en que se ha multiplicado el tiempo que lleva desplazarse dentro de la ciudad. Y también los obstáculos para atravesarla. En las horas pico se demora más de una hora y media en recorrer 50 kilómetros. Los embotellamientos, que en 2003 se producían entre las 8 y las 9.10 de la mañana hoy abarcan una franja mucho más amplia: desde las 6.30 hasta las 10.

Que el tránsito se convirtió en el caos nuestro de cada día no es ninguna novedad. Alcanza con salir a la calle, como peatón, como pasajero del transporte público o detrás del volante, para descubrir que aquello de que el cemento es una jungla es una realidad cotidiana. El Instituto de Transporte y Políticas Sustentables (ITDP, por su sigla en inglés) cronometró el tiempo que insume llegar desde Parque Centenario hasta la Plaza de Mayo en los distintos medios de transporte. Las dos ruedas ganaron ampliamente: recorrer ese trayecto en bicicleta tomó 26 minutos, mientas que hacerlo en colectivo demandó 40, y recorrerlo en auto, 41.

Según la Subsecretaría de Transporte del gobierno porteño, este año la hora pico se extendió porque ingresan en la ciudad 30 por ciento más de vehículos que en el 2002. Ernesto Arriaga, vocero de Vialidad Nacional, dice que para ingresar o salir de la Capital los peores horarios van entre las 6.45 y las 9.15 horas, por la mañana, y entre las 18 y las 20.15 por la tarde. «Durante años, solíamos volver de la isla el domingo a la noche, pero ahora si no podemos volver recién el lunes a la mañana no vamos. Sino todo el relax de la isla se te incendia en el estrés de la autopista», dice Julia, fanática del Delta del Tigre.

Es un consuelo relativo porque también las horas pico varían según los días: los lunes, el embotellamiento comienza bien temprano, a las 7.30. Y los viernes la desesperación por salir de la ciudad empieza bastante antes: desde las 15.

Un modo de comprobar esto es a partir de los registros de las autopistas 25 de Mayo e Illia. Según la empresa Ausa, entre 2008 y 2012 hubo una reducción del 2,4% en los viajes entre las 7 y las 9 de la mañana, aunque siguen produciéndose embotellamientos. Pero los viajes antes de las 7 aumentaron en 31%.

Arriaga dice que en las autopistas Riccheri, Buenos Aires-La Plata, el acceso Oeste y la Panamericana hay una variación de entre el 4% y el 6%. «Pero no se trata únicamente de vehículos que ingresan desde la provincia. Los mismos porteños sacan más el auto», asegura. El deterioro de los medios de transporte público explica en gran parte que nadie quiera bajarse del automóvil. También influye el tránsito pesado. «Los viernes aumenta la frecuencia de los micros que salen desde Retiro hacia el interior en un 8%. Y también hay mucha salida de camiones del puerto porque el sábado trabajan con el 10% de su capacidad», apunta Arriaga.

Muchas causas explican que viajar sea una pesadilla pero probablemente la determinante sea el crecimiento exponencial del parque automotor, alrededor del 40% en ocho años.

Los números hablan por sí solos: transitan a diario 1.600.000 autos, 200.000 motos, 50.000 camiones, 36.000 taxis y 9.800 colectivos. Es decir, 1.895.800 vehículos. El problema es que este crecimiento, propio de una época de bonanza económica, no se vio acompañado por grandes mejoras en la red vial ni en infraestructura, ni en la reorganización o jerarquización vial.

Hace diez años, en medio de la crisis, el número de vehículos que entraban los días laborales rondaba los 850.000. Esos ingresos se incrementaron casi 35% comparado con 2002. Este año el promedio es de casi 1.200.000 vehículos. Además, ingresan 1,5 millón de personas en colectivos y 750.000 en tren diariamente.

«No se han implementado centros de transferencia de transporte de carga y peor aún, se ha autorizado la instalación de fábricas y depósitos en la mayoría de los barrios porteños con la consiguiente sobrecarga de la circulación de camiones de gran porte que destruyen diariamente el asfalto y/o el empedrado de las calles, generan congestionamiento e incrementan el peligro, sin que exista la más mínima preocupación por parte de las autoridades al respecto», sostiene la asociación civil Luchemos por la Vida.

No es todo culpa de los conductores. En los retrasos y embotellamientos inciden también los cortes de calles que se justifican por las más diversas razones -protestas, festividades, maratones, recitales, reparaciones por obras que deberían realizarse de noche-, el deterioro del transporte público y la ausencia de un sistema de multas efectivo que estimule a respetar las normas de tránsito.

La Legislatura porteña sancionó recientemente una ley que obliga al Gobierno a presentar recorridos alternativos para colectivos y autos en las zonas donde el tránsito está obstruido: se deberán colocar carteles al menos 300 metros antes, para que la gente sepa con anticipación que deberá desviarse y por dónde puede hacerlo. Y el que espera el colectivo sabrá donde buscarlo.

«Lo que pasa en Buenos Aires, pasa en todas las ciudades del mundo», sentencia el subsecretario de Tránsito y Transporte, Guillermo Dietrich. «Hay una cantidad limitada de calles y avenidas y una cantidad creciente de personas y autos… El crecimiento económico resuelve muchos problemas pero agrava la congestión: el crecimiento del ingreso per cápita cumple con la aspiración de mucha gente de comprarse un auto.»

De la mano va la otra tendencia social que destaca Dietrich: la de irse a vivir a las afueras. «Con la creciente destrucción del sistema ferroviario, en el que viaja menos gente que en la década del 60, tenés un montón de gente entrando en la ciudad y desplazándose por ella todos los días».

Si a este panorama se agrega que hay un promedio permanente de 4.000 baches que muchos multiplican por cuatro. Que no es raro que salgan de funcionamiento algunos de los semáforos que funcionan en 3.764 esquinas de la ciudad. Que no se respetan ni controlan horarios y lugares para carga y descarga, el resultado son las interminables filas de autos, esperas eternas, discusiones, conciertos de bocinazos. Insufrible.

Promesas incumplidas

Ordenar el tránsito urbano fue uno de los ejes de las campañas del oficialismo. Promesas hubo muchas: aumentar la extensión de las líneas de subtes y construir otras nuevas, rediseñar el tránsito vehicular, mejorar los accesos y salidas de la ciudad, cambiar los pasos a nivel por túneles y puentes.

Sólo en materia de subtes, más que incumplidas las promesas suenan irrisorias: Macri se comprometió a construir «10 kilómetros de subte por año» pero sumó sólo cuatro estaciones y rechazó hacerse cargo de la gestión de la totalidad del medio de transporte que utilizan un millón de personas diariamente.

Desde la Subsecretaría de Tránsito y Transporte aseguran, sin embargo, que la apuesta del gobierno es darle prioridad al transporte público, más eficiente y ecológico que el auto. Las ciclovías, el metrobús, los carriles diferenciados, van en este sentido.

Efectivamente, se crearon 25 km de vías para el transporte público en nueve avenidas y algunas pasaron a tener doble mano, como Pueyrredón y Jujuy. También se construyeron nuevas rotondas y se promete «poner en valor» otras 17. A lo largo de 12,5km de la avenida Juan B Justo se determinaron vías exclusivas para colectivos que unen Palermo con Liniers. El viaje se acortó unos 20 minutos. En el proyecto de presupuesto que envió el Gobierno se contempla la construcción de un segundo metrobús en la zona sur. Finalmente, la Ciudad cuenta ya con 90 km para bicicletas y se augura que en 2013 la red llegará a 120 km.

Estas medidas son fuertemente controversiales: muchos dicen que las bicisendas, sumadas al espacio que cubren los autos estacionados, ocupan un espacio crucial para el avance del tránsito. De la misma manera, los sapitos y contracarriles son resistidos por vecinos y comerciantes.

Otra de los compromisos fue construir alternativas que disminuyeran el impacto de las barreras ferroviarias (el soterramiento es potestad del Estado nacional). En la última inauguración, la de la calle Arias con las vías del Ferrocarril Mitre, en Saavedra, Macri sostuvo que «ya son diez los pasos bajo nivel que hemos inaugurado». Si se considera que Buenos Aires tiene 103 barreras, le llevará no menos de 70 años cumplir con su promesa.

Para caminantes

Según cálculos oficiales, circulan por el centro casi medio millón de autos cada día. Esa zona tiene solo cuatro calles restringidas al tránsito automotor: Florida / Perú; Lavalle, Reconquista, Suipacha.

El plan Prioridad Peatón es otra de las apuestas del plan de movilidad sustentable del gobierno macrista. La propuesta es cerrar al tránsito unas 100 cuadras de la zona comprendida entre Avenida de Mayo, 9 de Julio, Leandro N. Alem y Santa Fe. Por ejemplo, las calles Sarmiento, Perón y Bartolomé Mitre, entre Alem y la avenida 9 de Julio, que son muy transitadas por peatones. También las transversales a Suipacha, Florida y Reconquista, como 25 de Mayo, San Martín y Maipú, entre otras. Las únicas excepciones serán las avenidas que atraviesan la zona.

La peatonalización incluye trabajos para nivelar las calles y las veredas en las esquinas del microcentro y convertirlo en un espacio más «amigable» para los transeúntes. El gobierno pretende disminuir la contaminación visual en la zona, controlar las marquesinas de los comercios y los carteles publicitarios para quitar los que estén fuera de la normativa.

Esta política encuentra a sus principales detractores entre los dueños de garajes y estacionamiento. La peatonalización en curso de 25 de Mayo, entre Rivadavia y Córdoba, y la vereda oeste de la avenida Leandro N. Alem entre Córdoba y Paraguay y la calle San Martín entre Roque Sáenz Peña y la avenida Córdoba-, afectaría a 190 establecimientos donde estacionan 37.000 autos, según el presidente de la Cámara de Garajes y Estacionamientos de la República Argentina (AGES), Eduardo Sánchez. El hombre cree que estas restricciones dispararán la tarifa de los garajes que queden en pie a más del doble.

El problema no es menor: se estima que faltan 500.000 lugares para estacionar: hay 1.700.000 vehículos pero 1.200.000 lugares para dejar el auto en calles, playas de estacionamientos o edificios. Para paliar este déficit, el gobierno habilitó la posibilidad de estacionar del lado izquierdo en 1.700 calles en los últimos dos años. Este año se agregarán 800 nuevas cuadras en 11 barrios.

Dietrich dice que para descongestionar el microcentro hay dos caminos: prohibirles a los automovilistas entrar en ciertas zonas de la ciudad -o cobrarles, lo que sería casi lo mismo y tendría que tener el aval de la Legislatura-. O tentarlos con una alternativa mejor. El gobierno de Macri, afirma, eligió la segunda opción.

«Nuestro desafío no es que el que viaja en auto viaje peor sino que el que quiere elegir otra opción, viaje mejor», dijo el subsecretario.

Faltas y sanciones

Finalmente, la Ciudad cuenta con sólo 200 agentes en la vía pública para labrar multas y corregir las malas conductas viales. Son 981 efectivos asignados, en seis turnos. La Policía Federal no labra infracciones desde hace más de dos años, su prioridad en las calles es controlar la seguridad de los vecinos. Según datos oficiales, de las 1.522.489 multas labradas en los primeros ocho meses del año, el 75,2%, (es decir, 1.145.758 infracciones) fueron realizadas por fotomultas; el 13,5% por los agentes de tránsito de la ciudad; el 4% por efectivos asignados a las grúas de acarreo, y más de un 2% por la Prefectura Naval Argentina. Hasta 2008, el porcentaje de actas labradas a mano era mayor que las fotomultas (1,7 millón frente a 1,4 millón, respectivamente).

Según un informe del Ministerio de Seguridad y Justicia de Buenos Aires, en 2011, se retuvieron las licencias de 13.088 conductores. En 2010, habían sido 10.741. La infracción más frecuente fue la violación del semáforo en rojo (en un 46,4 por ciento). El exceso de velocidad corresponde en el 24,5 por ciento de los casos. Los motociclistas que no usan casco conformaron el 12,3 por ciento de las retenciones de licencias.

«Hace falta planificación pero también es fundamental que haya un aceitado sistema de control y sanciones efectivas. Y ese sistema no funciona en la ciudad de Buenos Aires ni en ninguna ciudad del país», afirmó el presidente de Luchemos por la Vida, el doctor Alberto Silveira. «El estacionamiento indebido, la carga y descarga en cualquier lado, la realización de obras en cualquier lugar sin desviar al tránsito de una manera planificada no da la impresión de que haya un plan coherente ni siquiera a largo plazo, aseguró.

Silveira no habla de imprevistos. Ocurren cosas que se saben con semanas de antelación y, aún así, no hay previsión.

DZ/km

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