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TEMAS DE LA SEMANA

Torneo Clausura: los grandes en su laberinto, por Alejandro Fabbri

River y Boca, lejos de los títulos y el buen juego, luchan por recuperar algo de la gloria perdida.

Por Alejandro Fabbri
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Los dos goles que metió Lean­dro Caruso le permitieron al trabajador River de Juan José Ló­pez sacarse de encima a un muy discreto Newell’s y subirse al pelo­tón de quienes siguen al incombustible Es­tudiantes de La Plata. River ganó, es cier­to, pero no jugó bien y no contagia elfútbol que históricamente tuvo.

Boca gozó de un perfecto tiro libre de Juan Román Riquelme y superó con lo justo a un tibio Colón en el hostil territorio santafesino. Boca mostró mayor solidez de­fensiva y mereció la victoria, a pesar de los problemas cada vez mayores que afronta Martín Palermo para concretar las escasas pelotas que le llegan.

A River, la victoria le sirvió para mante­ner la distancia sobre Huracán y ponerse en la misma línea que Independiente y Tigre. Hoy por hoy, el objetivo de llegar a los 60 puntos se mantiene: ya cuenta con 43 y la Copa Sudamericana está cada vez más cer­ca. Lo que parecía un tesoro oculto y difí­cil de obtener, lo está logrando con mucho esfuerzo, gotas de fútbol, buena defensa y una dosis de oportunismo necesaria y sal­vadora.

Claro, en la exitosa historia del equipo que mejor fútbol ha practicado en el pa­sado, suena a poco. A sus hinchas, a muchos periodistas, no les alcanza. La realidad se encarga de demostrar por qué ésta es una buena campaña y cuáles han sido las causas por las que tuvo que arremangarse y pelearla. Con buenas armas, claro. ¿Alcanza? Sí, pero no. O no, pero sí.

Boca retomó la miel del triunfo des­pués de tres caídas consecutivas y ese sa­blazo de Riquelme lo puso a ocho puntos del líder, Estudiantes. Justamente lo enfrentará en la Bombonera y puede ilu­sionarse con una remontada. Jugadores tiene, chapa también, poderío económi­co le sobra, pero lo que no abunda es el gol. Tres conquistas en siete fechas es unacantimplora de agua en el desierto.

No hay demasiados antecedentes de semejante sequía: cuatro goles en siete jor­nadas convirtieron entre el Beto Acosta, Sergio «Manteca» Martínez y el «Polillita» Rubén Da Silva durante el aciago Apertura de 1993. Un gol por encima del registro actual, con un tanto de Erviti, otro de Mouche y el tiro libre de Román. Palermo afronta su peor marca sin convertir, que abarca siete jornadas consecutivas y lo pone a un tris del reemplazo ante la juventud y el entusiasmo de Lucas Viatri.

Boca reúne 32 puntos en la tempora­da, once unidades por detrás de River, lejos de la Copa Sudamericana y a 28 del líder, Estudiantes. Semejan­te diferencia explica las preocupaciones en­tre la multitud de hin­chas y las razones de tanta irregularidad: las lesiones de Riquel­me, las incorporacio­nes que no han rendi­do como se suponía, el cambio de entrena­dor, las constantes dis­cusiones entre los diri­gentes que conducen el club, la falta de gol de Palermo y de sus eventuales acompañantes y/o sustitutos.

Demasiadas razones para no entender por qué Boca no anda, por más empeño que pongan todos. ¿Alcanza? Claro que no, el título está lejos aunque faltan muchas fe­chas; la Copa Sudamericana está también a una distancia considerable y el tiempo de Palermo y Battaglia se está acortando dramáticamente.

A los dos colosos del fútbol vernáculo los aquejan problemas parecidos dentro de la cancha: cómo meter la pelotita en el arco contrario. Lesionado Mariano Pavone, mu­chos desconfiaban de Caruso, pero el ex-Go­doy Cruz respondió con un doblete y agran­dó la duda, al revés. ¿Quién lo puede sacar ahora a Caruso? En Boca, Palermo tiene a un Viatri agazapado esperando su chance, mien­tras los otros que aportan en la delantera (Mouche, Noir, Araujo) juegan poco y nada.

Los boquenses disfrutaron de su abul­tada billetera al traer una defensa comple­ta (Lucchetti, Cellay, Caruzzo, Insaurralde y Clemente Rodríguez) más la renovación millonaria de Riquelme y la llegada de Rivero, Erviti y Somoza. En River, tras la desastrosa gestión de José María Aguilar, hubo poco paño para comprar y mucho para solucionar deudas y más deudas. Por eso Carrizo, Pavo­ne, Acevedo y Bordagaray vinieron a présta­mo y por poco dinero. Los problemas que tiene el presidente Passarella no han alcan­zado la suficiente difusión como para entender la magnitud del descalabro económico.

River y Boca siguen siendo los que más hinchas tienen, algo que se empeñan en ali­mentar la mayoría de los medios de prensa argentinos. Continúan gozando de cier­tos privilegios, aunque las diferencias son cada vez menores y han sido perjudicados por distintos arbitrajes, algo impensado en otra época. A sus hinchas, creemos, no les alcanza con justificaciones, excusas, culpas propias y de los rivales. Tendrán que adap­tarse a la época. Ya vendrán tiempos mejores. O no.

DZ/km

 

Fuente Especial para Diario Z
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