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TEMAS DE LA SEMANA

Titiriteros del San Martín: casi 40 años de sueños y marionetas

Pioneros en convertir los títeres en arte de escenario, la calidad y cantidad de las obras y su prestigio ratifica la ventaja de mantener elencos estables en los teatros públicos.

Por Paula Sabates
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FOTO CIRCO CARLOS FLYNN

Cuando Ariel Bufano fue convocado por Kive Staiff, director del Teatro San Martín para adaptar y dirigir la obra de Sim Schwarz David y Goliat, no imaginó que estaba dando inicio a algo que hoy es patrimonio cultural de la ciudad: el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Pero así fue. Era 1977 y los títeres salían por primera vez de las calles y tomaban el escenario. También, dejaban de ser un pasatiempo y empezaban a convertirse en objetos de una profesión, digna, remunerada y para la que se empezó a requerir mucha formación.

La elección de Bufano no era caprichosa. Este mendocino afable y bonachón, nacido en 1931, a los nueve años ya fabricaba sus propios títeres. A los 17 se convirtió en alumno del mítico Javier Villafañe, el más grande entre los titiriteros argentinos. Con él aprendió los secretos de un oficio que no abandonaría jamás. Para los años 50, Bufano ya tenía su propia compañía y componía obras propias, construía los títeres, armaba escenografías, vestuarios e intervenía en todo el montaje del espectáculo titiritero.

Su compañera de toda la vida, Adelaida Mangani, directora del grupo desde que murió Bufano en 1992, comenzó con él aquel sueño, hace ya 38 años. Juntos gestaron la creación de un elenco estable de titiriteros que contara con el apoyo económico y técnico para desarrollar y experimentar alrededor de ese arte milenario, que por entonces estaba muy poco difundido en la Argentina, y que estaba circunscripto casi exclusivamente a los niños.

Poco a poco el grupo fue obteniendo más reconocimiento de artistas y público. “Es lindo mirar para atrás y valorar la tradición, la existencia y la permanencia del grupo, que en su momento fue de los primeros y que abrió las puertas para que la disciplina creciera mucho en todo el país”, dice Mangani, que reconoce como causas fundamentales del éxito al perfeccionamiento constante del grupo y a la investigación que se proponían en cada nuevo espectáculo, en los que se utilizaban técnicas nuevas o poco difundidas.

Hoy, el Grupo de Titiriteros es la compañía estable de títeres más emblemática del país y lleva más de treinta obras estrenadas en los teatros del Complejo Teatral de Buenos Aires. Considerado el “niño mimado” del San Martín, está compuesto por 32 profesionales del género. Dos se encargan de la realización de títeres, tarea que nunca es igual ya que los muñecos que se utilizan para cada espectáculo son diferentes: de guante, de varilla o marionetas, entre otras técnicas, y de goma espuma, plástico, madera, entre otros materiales.

En su taller, las artesanas dan vida a los personajes que luego adornarán las historias. Personajes que también forman parte de la gran familia titiritera. El resto del elenco, los actores-titiriteros, dirigen sus propias propuestas, o bien son intérpretes de las obras que coordina Mangani, como cabeza de compañía. Muchos fueron alumnos y hoy son profesores del Taller-Escuela de Titiriteros “Ariel Bufano”, que dirige Adelaida, y fue creado en 1987. La escuela, gratuita, también funciona en el teatro y pueden anotarse personas mayores de 18 años. Tiene una duración de tres años y es una las carreras de formación artística más prestigiosas de la ciudad en la que se forma a los alumnos en interpretación, dramaturgia, puesta en escena y armado de títeres, entre otras asignaturas.

Una experiencia que subraya el valor de un elenco estable, que se verifica en su amplio y variado repertorio, siempre de calidad, y en la influencia sobre posteriores generaciones en el arte de los títeres, que ya no es sólo para niños. Un arte que hoy no sólo ha tomado las plazas, como en sus comienzos, sino también cada rinconcito de un escenario, en cualquier lugar del país.

Fuente Redacción Z
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