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Tendencias: Gatos en adopción

Mujeres solidarias en la web encuentran hogar a mascotas abandonadas.

Por sebastian-hacher
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Hacía un mes que la gata Felisa estaba con ellos. La habían rescatado de una caja en Parque Centenario, raquítica y con mucho frío. Se llamaba así porque siempre estaba feliz. Los arañazos y mordidas, había dicho la veterinaria, eran porque no tenía hermanitos. En la convivencia con un igual, les dijeron, aprendería a moderar el uso de la fuerza.
Tener dos gatos para que se hagan compañía entre ellos es común. Tenerlos en un departamento de dos ambientes puede ser un problema. ¿Cómo saber en qué terminará la convivencia? Igual que con una pareja humana, hay que probar y ver. Lo discutieron. A él le gustaba la idea, pero tenía algunas dudas: el doble de comida, el doble de vacunas, el doble de olor y pelos. A ella le parecía genial. Él la veía tan entusiasmada que no era capaz de decir que no. Le pidió que lo dejara pensarlo. Imaginó un plan: aparecer con un gato el día de su cumpleaños. Dos días antes se puso en campaña. Una amiga de una amiga conocía a alguien que tenía un refugio para animales. Llamó por teléfono. Les dijo que no tenía preferencias de color: no quería elegir un gato como si fuera un auto. El único requisito era que tuviera menos de tres meses. Para que fuera pareja con Felisa. Y que se lo entregasen el día de cumpleaños de su novia.
-Creo que tengo algo -dijo al teléfono la dueña del refugio-. Venga mañana a las diez.
El lugar era un caserón reciclado en pleno San Cristóbal. Adelante tenía un depósito de antigüedades. Atrás, en un salón, dos filas enormes de jaulas guardaban decenas de gatos, cada uno en una celda individual.
La mayoría eran grandotes, viejos: doble pechuga.
La dueña no estaba.
-Llega en un rato -explicó una mujer con uniforme de mucama-. Si quiere puede ir viendo los gatos.
Entró en la habitación y el vaho de las piedras sanitarias le hizo doler los dientes. Era un olor agudo, húmedo, impregnado en las paredes. Algunos gatos se levantaron. La mucama se puso guantes de látex y se acercó a repartir comida en un sector. Le hizo una seña como diciendo «usted elija». De un vistazo, entendió que allí no había cachorros.
-Yo sólo les doy de comer -dijo la mucama-. Ni siquiera los toco: no me gustan. La dueña vuelve en un rato.
Esperó durante una hora. Intentó llamar a la dueña, pero nunca apareció. Los cachorros, le dijeron después, en esa época del año -poco antes del verano- eran difíciles de conseguir.
Faltaban seis horas para que llegara su novia del trabajo. Para tener que entregarle el regalo. Sea el gato o lo que pudiera inventar en el momento.
No se desanimó. Entró en Facebook y le escribió a cuanta página de proteccionistas encontró. Mandó una decena de e-mails. Pronto, su casilla se llenó de mensajes. Algunos venían con fotos de gatos bellos y tiernos algunos, mutilados y enfermos otros. Todos los gatos eran de más de ocho meses. Contestó uno por uno los mensajes: explicó que necesitaba un hermanito para su gata Felisa de todas las formas posibles. Entre las proteccionistas había maestras, veterinarias, enfermeras, amas de casa y jubiladas. Todas quedaron en ver qué podían hacer. Le quedaban tres horas para conseguirlo o pensar un plan alternativo.
A las cinco de la tarde, recibió un llamado. Una empleada bancaria jubilada le daba de comer a una gata cimarrona en una casa abandonada en Agronomía. Tenía cachorros de 45 días. Iban a intentar sacarle uno, pero no sabían: la gata era brava de verdad.
Voy para allá -contestó.
Ya estaba jugado.
Llegó y las mujeres eran dos: ex compañeras de trabajo. Lo hicieron pasar a un departamentito de dos ambientes mínimos. Sobre un sofá lleno de pelo descansaban dos gatos obesos. En una caja estaba el cachorro. Era pequeño pero morrudo y de color naranja. Estaba en pánico.
Lo sentaron y le hicieron mil preguntas: una especie de psicoambiental hablado, amigable pero severo. Las convenció enseguida y huyó con el gato en brazos. El primer taxi que paró aceptó llevarlo. En el camino, el gato se clavó al tapizado, huyó rumbo al baúl e intentó rasguñarlo.
Cuando su novia llegó a la casa, el cachorro estaba durmiendo abrazado con Felisa.
-Se llama Roco -dijo ella.
Y vivieron felices para siempre. Durante un mes, la casilla de e-mail se le siguió llenando de mensajes ofreciendo animales. Esa red inmensa de mujeres solidarias y sensibles con los animales había entrado a su vida.

Castraciones gratuitas:
Hasta el 27 de febrero, de 8 a 11.30.
Jueves 16, Villa Lugano (Barrio Nagera). Dellepiane 4400 esq. Av. Escalada. Centro de Jubilados «Renacimiento».
Viernes 17, Villa Lugano (Barrio Nagera). Dellepiane 4400 esq. Av. Escalada. Centro de Jubilados «Renacimiento».
Viernes 24, Flores. Varela 1420.
Lunes 27, Flores. Varela 1420.

No es necesario solicitar turno. Depto. de Sanidad y Protección Animal (DSYPA) Tel.: 4887-9100 interno 199 / Mail: patitasdebsas@gmail.com

 

DZ/LR

 

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