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TEMAS DE LA SEMANA

Editoriales artesanales

El sueño de publicar a bajo costo se hace realidad, a través de medios de producción alternativos.

Por Paula Sabates
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La irrupción, en el último tiempo, de los e-books o libros electrónicos llevó a muchos a pensar que se acercaba el fin de las editoriales que publican en papel. Lo cierto es que, lejos de desaparecer, cada vez hay más de su tipo. Muchos de los nuevos emprendimientos editoriales, sin embargo, no eligen la estructura tradicional, sino que optan por lanzarse como proyectos artesanales. ¿Qué implica esta categoría? ¿Se debe a una restricción económica o es, también, una decisión estética e ideológica? ¿Lo artesanal puede ser para cualquier autor y lector o sirve para un público específico? Diario Z habló con tres editoriales artesanales, que cuentan por qué apuestan a este modelo de producción en la era en que lo digital parecería haber tomado las riendas.
La producción artesanal supone que los responsables de los distintos emprendimiento son a la vez los encargados de seleccionar el material a publicar, imprimir las páginas, coserlas, encuadernar a mano el producto y venderlo. Según los editores de estos proyectos, los motivos que llevan a un editor a lanzar un proyecto semejante son varios, entre los que se encuentran factores económicos (es más barato que producir a máquina), pero también preferencias estéticas. También es «un deseo extremo de independencia», según Sol Tiscornia, fundadora, junto a Facundo Gari, de la flamante Editorial Mondiola.
«Una vez estábamos en una parada de colectivo. Adelante de nosotros había un hombre, un tipo cualquiera con nada fuera de lo común. Facundo me dijo: ‘Imaginate que ése es más talentoso que Cortázar, pero nunca lo vamos a saber porque jamás va a publicar’. Creamos Editorial Mondiola con la intención de que ese hombre también publique», cuenta Tiscornia, que es periodista y estudiante de Letras. Otros casos son la Editorial Funesiana, que surgió en 2007 con la intención de «publicar a autores cuyos libros difícilmente encuentren un lugar en editoriales convencionales», y Ediciones Siempre de Viaje, que integra un proyecto más grande, que incluye talleres literarios, y otra editorial, Viajera, que es «más tradicional».
Para Karina Macció, licenciada en Letras, escritora y directora de Siempre de Viaje, «cualquier autor puede ser editado en forma artesanal porque ésa es una decisión propia que tiene que ver con cómo quiere ver su obra y cómo quiere difundirla». Gari, también escritor y periodista, coincide: «En casa tengo un Cortázar con tapas de tetrabrik y se deja leer lo más bien. Un texto no es más placentero en paquete industrial que en envoltorio artesanal, ni viceversa. Los libros son vehículos, y dicen más del destino los autores que las tapas del texto». Para Lucas Funes Oliveira, director de Funesiana, sin embargo, «lo artesanal le da mucha satisfacción a muchos autores pero hay otros a quienes no les sirve. A escritores conocidos, que tienen más libros publicados y otro manejo de los medios, no les serviría publicar cien ejemplares».
Algunas de estas editoriales crean, además de libros artesanales, libros objeto, que se caracterizan por sus formas no tradicionales. Pueden ser artesanales o no, dependiendo de cómo se fabriquen. «El libro objeto deleita en lo visual, en lo táctil, en el formato particular que implica una relación también particular con el lector. Desafía conceptualmente y lleva al límite lo que podemos reconocer como libro», sintetiza Karina Macció. El próximo libro de Funesiana, por ejemplo, incluirá dibujos que van a estar adentro de una cajita que acompaña el libro. Y Siempre de Viaje editó, hace un tiempo, una sábana grande con poemas escritos a mano. Toda una innovación.
Respecto del e-book, los editores sostienen que no lo ven como un enemigo sino todo lo contrario. «Nunca se leyó tanto como ahora y eso es en gran medida gracias a lo electrónico. Con el e-book tengo doscientas bajadas durante el primer día en que subo el libro y eso es algo que no podría lograrlo nunca con el papel. Entonces estoy loco si no uso esta herramienta», dice Oliveira, que se le animó a lo electrónico. Y Macció concuerda: «Para algunos lectores, incluso, es más cómodo y más accesible». Aunque agrega: «Claro, no para los fans del libro con papel lindo, cubiertas delicadas y ese olorcito especial que tienen por su tinta, por la impresión».

DZ/LR

 

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