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Teatro: Historia de un extraño amor prohibido

En La cabra, Julio Chávez escandaliza y hacer reír, pero sobre todo perturba.

Por Karin Miller
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El Antiguo Testamento dice en sus versículos 18:23: «Y no debes acostarte con bestias, haciéndote inmundo por ello, y tampoco mujer alguna debe acostarse con bestias; es perversión». El filósofo francés Michel Foucault, en Historia de la sexualidad, escribió: «Las sexualidades múltiples forman el correlato de procedimientos precisos de poder; recibieron una calificación peyorativa cuando se quiso dar un papel regulador al único tipo de sexualidad susceptible de reproducir la fuerza de trabajo y la forma de familia».
Llamada bestialismo, «crimen de la naturaleza» y conducta antinatural, la zoofilia es uno de los grandes ilícitos sexuales en la historia de la humanidad. En la cultura, hay decenas de obras que hacen referencia a la práctica. En Las mil y una noches se relatan dos escenas. A inicios de los 70, el dramaturgo Peter Shaffer conmovió a Gran Bretaña con su obra Equus, que contaba la historia de un adolescente que sentía fascinación sexual por los caballos. Y en 2007 se estrenó el brillante documental Zoo, sobre la historia de un hombre que murió luego de relacionarse con un caballo.
Hace 10 años, el estadounidense Edward Albee, autor de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, escribió La cabra o ¿quién es Sylvia? Y ahora acaba de estrenarse una versión local en el teatro Tabarís, con un elenco formado por Julio Chávez, Viviana Saccone, Vando Villamil y Santiago García Rosa, con dirección del propio Chávez. La historia es simple: Charlie (Chávez) es culto e inteligente. Tiene una familia hermosa y acaba de ganar un prestigioso premio de arquitectura. Sin embargo, cultiva un amor que lo perturba, con el animal que da nombre a la obra.
Siempre provocador, Albee dijo sobre este texto: «Por fin he escrito la función que me va a expulsar del teatro americano». Lejos estuvo de ser expulsado de ningún lado.
En la obra, Albee intenta entender un extraño amor entre dos seres de distintas especies, sin demasiadas metáforas ni simbolismos. Un amigo de Charlie (Villamil) cuenta el secreto y estalla la bomba, que se lleva así la armonía familiar. A partir de ese momento, en una escenografía clásica de living con biblioteca, la obra transita los caminos del horror y de lo risible; del enojo y del espanto por ese amor prohibido.
La cabra logra momentos de buena comedia y de tragedia griega. Sin embargo, a diferencia quizá de aquel brillante documental, esta versión no logra producir sentido en torno de la zoofilia. El humor y las súplicas de Charlie que repite varias veces un «no me vas a entender», la ira de la mujer y los conflictos del hijo sólo se quedan en lo enunciativo y en lo epidérmico del vínculo hombre-animal.
Fuera de ese reparo, la obra está lleno de erotismo y catástrofe; es potente, tiene diálogos hilarantes y a un Chávez al que, siempre, es gozoso ver en escena.

Datos
TEATRO TABARÍS
Avenida Corrientes 831. Miércoles, jueves, viernes y domingos, 20.30. Sábados, 20 y 22.30.

 

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