Tiempo en Capital Federal

10° Max 7° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 62%
Viento: Sureste 18km/h
  • Jueves 17 de Junio
    Muy nuboso  11°
  • Viernes 18 de Junio
    Nubes dispersas  10°
  • Sábado 19 de Junio
    Cubierto  11°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Taquígrafos: la historia, palabra por palabra

En cuerpos legislativos y otras instituciones los debates aún se registran a mano. Sigue siendo más rápido y eficiente. Perfil de una elite centenaria.

Por Juan Carlos Antón
Email This Page
taquigrafo

En esta época digital, en la que textos e imáge­nes se reproducen has­ta el infinito, existe un viejo oficio que se resiste a morir: el de los taquígrafos. Se trata de profesionales que, usando símbo­los y con la mayor velocidad posi­ble, se dedican a transcribir lo que escuchan en una sesión parlamen­taria, en un juicio o en una asam­blea. Todo con la mayor fidelidad posible ya que el producto de su trabajo se transforma en un docu­mento público de valor muchas ve­ces trascendental. Si bien ya que­dan pocos –en Buenos Aires, hay sólo cien–, el espíritu permanece y es defendido con pasión.

Gabriel Larralde, que integró la primera formación en Diputa­dos a fines del siglo XIX, adaptó al castellano el código del inglés Isaac Pitman y se transformó en el padre de la Taquigrafía en nuestro idioma. Alo largo de la historia, personajes como José Hernández y Mario Benedetti dedicaron par­te de su vida a este oficio.

Carlos Brizuela es uno de los apasionados actuales. De profe­sión abogado, empezó a trabajar en la Cámara de Diputados como taquígrafo en 1984 con apenas 20 años. Había estudiado los símbo­los en el Colegio Carlos Pellegrini, en tercero y cuarto año, cuando la materia era obligatoria. “Lo de abogado en rea­lidad me sirvió mucho como for­mación”, señala. “Pero lo mío es la taquigrafía, sin duda. Es lo que me gusta, me apasiona. No tengo pasta para las leyes.”

Afin de registrar el mayor nú­mero de palabras con la menor cantidad posible de trazos, los ta­quígrafos se valen de una serie de líneas rectas o curvas que re­presentan sílabas, círculos y gan­chos pequeños y grandes, trazos breves y abreviaturas. De esta ma­nera, un taquígrafo veloz puede captar hasta 180 palabras por mi­nuto, cuando una persona al es­cribir no supera las 40. La “veloci­dad crucero”, dice Brizuela, es de 120 o 130 palabras por minuto.

La mayoría de los taquígrafos porteños trabaja en la Cámara de Diputados, el Senado y la Legisla­tura. Y muchos lo siguen haciendo con papel y lápiz. “Tenemos máqui­nas pero si se rompen no hay téc­nicos acá y es muy caro mantener­las”, explica Brizuela. Apesar de los avances tecnológicos, el grabador no es ninguna competencia: “Lle­va mucho más tiempo desgrabar –explica el taquígrafo–, puede ha­ber problemas de sonido y están los denominados ‘ruidos parásitos’ (so­nidos provocados por cucharitas de café, toses, celulares, etcétera) que interfieren. La ventaja frente a la grabación es que uno puede iden­tificar quién es el orador. Además mientras el taquígrafo va tomando nota, identifica qué partes no se es­cuchan bien y presta más atención en esos momentos”.

 

JUDICIALES

Los taquígrafos suelen ser auxiliares de la justicia, aunque no tanto como en otros países don­de tienen roles establecidos le­galmente. “Ahora nos están lla­mando más, sobre todo para los juicios orales grandes. Recuerdo especialmente la época en que tuve que trabajar en el juicio de lesa humanidad que se hacía en simultáneo con España con el juez Baltasar Garzón”, señala Brizuela.

Además de su trabajo dentro de la Cámara de Diputados, Bri­zuela está asociado con otros ta­quígrafos en una empresa dedica­da a realizar trabajos para terceros. “Muchas veces somos solicitados para cubrir reuniones asamblea­rias o de directorio. También nos llaman los escribanos. Es necesa­rio en este caso que haya fideli­dad en lo que se escribe.”

Para que una versión taquigrá­fica sea tal tiene que contener to­das las expresiones producidas en el curso de un debate, con ajustes mínimos para adecuar la palabra oral a la escrita. “La idea es elimi­nar reiteraciones inútiles, muleti­llas, redundancias, errores grama­ticales pero conservando siempre el estilo y espíritu de lo que dijo el orador. Muchas veces las pala­bras no reflejan exactamente lo que se quiere decir sino todo lo contrario. Es común en el discur­so oral improvisado que uno vaya formando la frase y después por ahí, en el medio, cambia de opi­nión y la quiere reformular de otra manera y el que lo escucha reci­be otras palabras que no son las que él quería decir. Entonces, ahí es cuando uno tiene que hacer el esfuerzo de la interpretación”.

Sin embargo, esta interpreta­ción tiene sus límites, advierte Bri­zuela: “En un debate parlamenta­rio, el taquígrafo está obligado a interpretar para que cuando se lea el texto sea lógico, pero en un jui­cio los lapsus son significativos y tenemos que ser textuales. Tal vez la persona esté mintiendo o use una palabra que el día de mañana cobre intensidad. Las muletillas, el ‘qué se yo´, los puntos suspensivos, cuando no cierran una frase, son todos elementos que en este caso sí se toman en cuenta”.

LOS GRANDES DEBATES

A lo largo de sus casi trein­ta años como taquígrafo, Brizue­la vivió en primera fila hechos sig­nificativos para la historia del país. Recuerda especialmente sesiones maratónicas como las de la resolu­ción 125 en 2008 que duraron más de 24 horas o la privatización de las grandes empresas públicas a me­diados de la década de 1990. Sin embargo, no fue en su puesto en Diputados cuando ocurrió el acon­tecimiento que marcó su carrera de taquígrafo sino al trabajar en Santa Fe durante las sesiones para la re­forma de la Constitución. “Era una labor muy intensa de lunes a vier­nes. Cambió mucho la parte insti­tucional del país. Estaban todos los políticos, algunos que apenas se conocían como Kirchner y Cristina. Cada semana nos íbamos todos en avión allí. Trabajábamos hasta doce horas durante tres meses. Fue tras­cendental por lo que significó.”

Brizuela explica que en su tra­bajo, actualmente, hay mucho de enseñanza a las nuevas genera­ciones. “En Diputados entrena­mos a los más jóvenes, aunque para entrar ya tienen que tener una gran velocidad. Es una lásti­ma que ya no se enseñe en los co­legios. Sólo se puede aprender de manera particular.”

El cuerpo de taquígrafos en Diputados está integrado en gran parte por abogados, contadores y hasta por psicólogos. “Muchos somos profesionales que en al­gún momento dejamos nuestras carreras y nos dedicamos a esto porque amamos el oficio”, señala Brizuela. Con respecto a los avan­ces tecnológicos, nada de miedo. “Al revés –advierte–. Esas innova­ciones las incorporamos a nuestra tarea para lograr una mayor efi­ciencia en el trabajo. El taquígra­fo conlleva un valor agregado, es un testigo calificado, lo que brin­da al documento que elabora un mayor valor probatorio. Sin duda, nuestra tarea perdurará.”

 Un procedimiento arduo

La técnica de trabajo que utilizan todos los taquígrafos parlamen­tarios es, a grandes rasgos, similar. La Legislatura porteña cuenta con 29 profesionales para asentar los debates de sus sesiones, que en períodos ordinarios se realizan los jueves. Los taquígrafos se ubican en la mesa de trabajo al pie del estrado de Presidencia, frente a las ban­cas. Lo hacen por pareja –uno más experimentado y otro más joven– y trabajan durante períodos de cinco minutos. “Esto es así, porque cinco minutos es lo máximo que uno puede prestar atención”, explica Bri­zuela. Junto a ellos, un corrector sigue el debate durante 45 minutos.

Están organizados entre nueve y diez parejas por sesión. Algunos prefieren utilizar sólo lápiz y papel; otros, en cambio, apelan a la má­quina de estenotipia. Un dispositivo de parlantes especiales ayuda a los taquígrafos en su tarea.

Cumplidos los cinco minutos, la pareja es reemplazada. Los que se retiran, se dedican a elaborar la trascripción. El taquígrafo más experi­mentado dicta y el más joven escribe en la computadora de edición, que tiene un programa especialmente diseñado para ese fin. Terminado este trabajo que les demanda aproximadamente 40 minutos están en condi­ciones de tomar un nuevo registro. El conjunto de los textos del debate acopiados conforman la versión taquigráfica “preliminar” que es enviada a los diputados para que realicen el control formal de sus intervencio­nes. Al día siguiente, personal del Cuerpo de Taquígrafos y de Despacho Parlamentario hace el armado del acta con la incorporación y procesa­miento del material y las disposiciones aprobadas. Una vez concluido el proceso continuo de edición, revisión y corrección de discursos, textos y número de las leyes, resoluciones y declaraciones que produjo el Cuerpo Legislativo, la versión se publica internamente en el servidor como “Texto pendiente de aprobación por el Cuerpo”. Luego de ser aprobada por el Pleno pasa a ser documento público y es difundida en internet.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario