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TEMAS DE LA SEMANA

Taiana: “La gente valora la actitud militante”

El ex Canciller entre 2005 y 2010, primer candidato a legislador por el Frente para la Victoria, dice que uno de los mayores problemas en la Ciudad es la falta de canales de transmisión de demandas y necesidades.  

Por Romina Calderaro
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jorge_taiana

  La política bien entendida es más sacrificada de lo que se cree. Hace unos días, Jorge Taia­na, primer candidato a legislador porteño del Frente para la Victoria, se cruzó con una señora que estaba paseando a su perro en la cuadra en la que tiene su sede la AMIA. Él salía de una reunión con las autoridades de la entidad y la noche anterior había estado en un programa de televisión. Preocupada, la señora lo interceptó y le recomendó más tiempo de descanso: “Me voy a dormir y está en la tele. Salgo a pasear al perro a la mañana y lo vuelvo a ver. Tóme­se un respiro”, le dijo. ATaiana lo enterneció el comentario, pero es consciente de que no se puede descansar mucho en la campaña: des­de que Cristina Fernández de Kirchner lo ungió candidato, los días del ex canciller son frenéti­cos. El resultado de tanto esfuerzo se conocerá el próximo domingo 27 de octubre.

En pocas palabras
• Nació en Buenos
Aires en 1950.
• Casado, con 3 hijos.
• Es hincha de River.
• Es sociólogo. De
chico quería ser
jugador de fútbol.
• Fue preso político
entre 1975 y 1982.
• Fue canciller entre
2005 y 2010.
• Su padre fue
ministro de Educación
de Juan Perón.

Cuando lo entrevistamos apenas empezó la campaña, usted había comenzado una dieta por sugerencia de su esposa, la pe­riodista Bernarda Llorente. ¿Qué fue más difícil? ¿La intensa actividad cotidiana o mantener una alimentación hipocalórica?

Los primeros días respeté la dieta, después me fui relajando, sobre todo aprovechando que Bernarda viajó. Ella se da cuenta de todo, ése es el problema. Sorprendentemente, los primeros días en los que no mantuve la dieta bajé de peso igual. Pero ese efecto se ha ido perdiendo. Por lo cual se va a cumplir la regla que indica que uno termina la campaña con un poco más de peso que cuando la empezó.

¿Qué es lo más lindo y qué lo más difícil de estar en campaña?

Es lo mismo. Lo más lindo es el afecto de la gen­te y uno lo siente de verdad. Y lo más duro es lidiar con las expectativas y las necesidades de esa gente que deposita en uno su esperanza y te ve como un canal para resolver problemas.

Usted tiene una trayectoria interesante y ha ocupado cargos importantes. ¿Por qué cree que la gente debería votarlo?

Yo creo que lo que la gente valora en mí es lo que podemos llamar la “circulación vertical”: la disposición para estar en distintos niveles (sociales, políticos o de poder) con la misma disposición y el mismo entusiasmo. En una re­unión con jubilados muestro el mismo interés que en cualquiera de las reuniones con grandes líderes que tuve como canciller. Me parece que la gente valora la actitud militante. Creo que en mi vida me he mantenido constante y leal en ciertas posiciones, de modo que se valora lo que yo considero mi coherencia. Los que están de acuerdo con mi mirada política me apoyan y los que no están de acuerdo, me respetan.

¿Cómo se hace en el frenesí de la campa­ña para no descuidar la vida personal?

Es un esfuerzo que requiere la complicidad de la gente que a uno lo quiere. Ob­viamente, es una sobreexigencia hacia los demás. Uno ve menos a la gente que quiere y tiene la cabeza puesta en otras cosas. Hay que tratar de no estar tan alienado en la campaña para no perder la sensibilidad con los afectos. De todos modos, los demás perdonan ciertos olvidos porque apoyan esta ta­rea que es compartida.

¿Tiene claro cuál va a ser el primer proyecto que va a presentar?

Son varios porque las necesidades son muy variadas. Y uno de los mayores problemas de la Ciudad es la dificultad del funcionamiento de los canales de transmisión y de procesamiento de las demandas y las necesidades.

Usted se define como un militante. ¿Qué lo motivó a dedicar su vida a la política? ¿Sigue creyendo que tiene sentido?

Siempre supe que el mundo era injusto y que la minoría explotaba a la mayoría. Y que por razones de nacimiento y de educación yo era un privilegiado que se sentía con cierta obli­gación de ayudar a intentar corregir esa in­justicia. En ese sentido, yo soy optimista: creo que la humanidad ha avanzado. Con enormes costos, pero ha avanzado.

Usted fue un preso político de la última dictadura militar. Estuvo varios años pri­vado de la libertad. ¿En qué sentido cree que lo cambió esa experiencia?

Todos somos libres en cierto sentido y todos estamos pri­vados de la libertad en cierto sentido también. La prisión es una restric­ción de la libertad también hasta cierto punto: siempre podemos ejercer nuestra libertad de algún modo. Siempre podemos decidir traicionar o no, ser consecuentes o no. Voy a contar una anécdota. En una época yo estuve preso con Dardo Cabo en Devoto. Yo había militado mucho con él. Alas 9 de la mañana nos abrían la puerta. No íbamos a ninguna parte: salíamos al pasillo. Todo el mundo salía co­rriendo, como los chicos al recreo. Dardo Cabo no salía. La tercera vez en la que no salió entré a su celda y le pregunté. “Dardo, decime una cosa. ¿Por qué no salís?”. Me miró con un profundo desprecio, como diciendo “este tarado no entiende nada” y me dijo: “Jorge, lo impor­tante no es salir; es saber que se puede salir”. Ahí comprendí qué era la liber­tad. La cárcel es como la vida y hay gente que tiene vidas mucho más duras que la cárcel. Yo no siento un orgullo especial por haber estado preso. Sí por no haber traicionado mis ideas, mis pensamientos o a mis compañeros. Pero ya pasó mucho tiempo de esa experiencia. Cumplimos 30 años de democracia y ése es un logro de todos los argentinos.

¿Qué es lo primero que va a hacer cuan­do termine la campaña que ahora no puede hacer?

Leer los diarios tranquilo, mirar un poco la tele, estar con la familia. Per­der el tiempo en el buen sentido.

El Día de la Lealtad usted estuvo en la Plaza de Mayo. Como peronista, ¿qué significa para usted esa fecha?

Fue muy lindo estar en la plaza ese día, había muchos jóvenes. Los que no va­loran el peronismo ven en el Día de la Lealtad una muestra del verticalismo peronista, pero tiene un sentido más profundo porque es el pacto fundante del peronismo, que tiene una doble vía: es la lealtad de los trabajadores hacia su conductor, pero es también la lealtad de Perón a los intereses de los trabajadores. Y la lealtad básica es al concepto de la dignidad de los trabajadores. Los sindicatos ya existían, la identidad de clase ya existía, pero lo que no existía era un movimiento obrero que a su rei­vindicación gremial le diera una proyección po­lítica nacional como le brindó su asociación con un liderazgo político como el de Perón.

Fuente Redacción Z
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