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Szuchmacher: “El teatro público trabaja lo que el independiente y el mercado no aportan”

El director y dramaturgo opina sobre el estado del Teatro San Martín.

Por Néstor Rivas
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Actor, director, docente y coreógrafo, Rubén Szuchmacher dirige su propia sala, EL KAFKA. En 2008 asumió como director del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), cargo al que renunció en 2010.

¿Cómo ve la situación del Complejo Teatral de Buenos Aires?
Se está sufriendo un proceso de deterioro enorme, desde todo punto de vista. Lo que se expresa en el edificio, es muy contundente: la falta de mantenimiento de tantos años, que no solo responsabilidad de este gobierno, pero que más se ha notado en este último gobierno. Sumado a lo que uno podría llamar el vaciamiento de lo que fue una institución pública. Un vaciamiento con varias caras.

¿Cómo era antes?
Cuando lo tomó Kive Staiff, que dirigió el teatro entre 1971 y 2010, primero bajo la dictadura y luego en la democracia, el teatro llegó a constituir una entidad dentro de la ciudad. Había un proyecto. Cumplía la función que se supone que un teatro público tiene que cumplir: repertorios que no se hacían en otras partes, promoción de determinados autores que el mercado no promueve, etc. Todas las gestiones, algunas más felices que otras, cumplieron ese paradigma. Esta gestión, en cambio, empieza a diluir esa idea y no aparece un proyecto. Lo que aparece es la privatización. Vienen los empresarios y, si bien ponen obras cultas –no ponen cualquier cosa– se van fortaleciendo ciertos parámetros del teatro comercial. Eso es un vaciamiento, más allá de lo económico. El otro vaciamiento es estructural.

¿A qué se refiere?
A la desaparición de los talleres, algo que ya pasa en el Colón y que ahora atacó al San Martín. Básicamente, con la cuestión de jubilar a mucha gente y no cubrir los cargos, de no hacer tareas de perfeccionamiento de especialidades como vestuario, utilería, maquinaria. Esto es algo que la gente no sabe o se ve como un problema gremial. Pero es muy fuerte que un teatro de estas características, que supo tener uno de los mejores talleres de realización del país, asista a su desaparición. Los teatros oficiales de todo el mundo tienen talleres propios y elenco estable. Ni se les ocurre que no haya. Ahora, en el San Martín, quedan las secciones, pero ya no es lo de antes. Parte de las escenografías, que se hacían adentro, ahora se mandan a hacer afuera. Con algo medio perverso, que es que muchos de lo que trabajan ahí son los mismos que las hacen afuera. Desde el ministerio alguien está haciendo la vista gorda y permite que suceda. Si uno tiene un recibo de sueldo para hacer algo adentro, ¿por qué no lo hace adentro? Son formas veladas de la corrupción. No quiero decir que sea un acto corrupto, de manera directa, porque el teatro puede mandar a tercerizar algo. Pero parte de un planteo corrupto. Si está el dinero y la fuerza de trabajo en el teatro, ¿por qué no se hace ahí? Tiene que ver con este vaciamiento de concepto y de ideas.

¿Cuál es el rol de los empresarios privados?
Nunca se quiere discutir la característica de un teatro oficial. Un teatro público tiene que trabajar sobre lo que las escenas independientes y el mercado no aportan. Lo público tendría que trabajar sobre ese espacio, debe salir a investigarlo cada vez, porque va mutando. Cuando el San Martín logró estabilizar su repertorio, recogió autores que era impensable que fueran estrenados en otra parte, clásicos nacionales y algunos extranjeros, como Shakeaspeare, Chejov. Grandes títulos de la dramaturgia universal que necesitaban ese espacio, porque el teatro comercial no los iba a tomar y el teatro independiente tampoco, por sus capacidades. Una sala como la Martín Coronado no existe en el teatro independiente. Esto es lo que siguió Kive Staiff y formó un elenco estable. El teatro requiere de un elenco estable, porque es una actividad esencialmente grupal. Creo que hoy no hay ningún criterio de repertorio. Por eso son dos patas: una, de vaciamiento económico, y la otra, ideológica, de programación.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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