Tiempo en Capital Federal

29° Max 19° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 49%
Viento: Nordeste 26km/h
  • Miércoles 29 de Enero
    Cubierto con lluvias21°   30°
  • Jueves 30 de Enero
    Despejado18°   27°
  • Viernes 31 de Enero
    Despejado22°   31°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Swing: viaje de una noche hacia los años locos

En Buenos Aires florecen reductos donde revive el ritmo del Harlem de los años 20.

Por Gustavo Slep
Email This Page

Hace tres horas que la medianoche del viernes dejó lugar al sábado. Una banda de músicos vestidos con camisa y pantalón gris y corbata roja hace sonar sus instrumentos. Cientos de personas se mueven febrilmente al ritmo del swing. Sus pies dibujan figuras indescifrables a toda velocidad. Ríen, gritan, disfrutan. Giran, saltan. Bailan. Parece una escena de una película de Woody Allen. Podríamos estar en Nueva York, en los locos años 20. Pero estamos en Buenos Aires, en un boliche lleno de jóvenes. Año 2012. Corte.

El lugar es el Teatro Mandril. Y la que toca es la Orquesta Inestable, un sexteto de músicos treintañeros que todos los viernes hace mover los cuerpos, con mayoría de temas propios y algunos clásicos del swing. Su música es un refresco para el género y un despertador para los chicos que rápidamente se suman a bailar en la pista, donde no faltan los hombres lookeados con camisa y pantalón de vestir, ni las mujeres con sweater negro y pollera roja.

Podría creerse que es un caso aislado. Pero no. La locura del swing se fue desparramando por toda la ciudad y hoy hay muchos espacios donde se dan clases y se organizan fiestas de swing a las que asisten cientos de personas, principalmente jóvenes.

En el Open Gallo, Victoria, de 28 años, hace un alto para tomar un poco de aire y cuenta que por las noches deja de lado la odontología, su profesión, y se prepara para una noche a todo swing. «Tomo todas las clases que puedo. Me permite desconectarme, divertirme, salir de la rutina. Para mí, es como venir a un club. Siempre conozco gente nueva».

«Es que las cosas buenas perduran. Y el swing, además de ser una música que le agrada a todo el mundo, es buena», señala Sebastián Pinto, guitarrista de la Orquesta Inestable.

El swing nació en el barrio neoyorquino de Harlem en la década de 1920. En sus calles y boliches se desarrolló el lindy hop, un estilo de baile de jazz en pareja, que fue evolucionando hasta lo que actualmente se engloba como swing. Y que ahora se da una vuelta por Buenos Aires, con intenciones de quedarse por largo rato.

La movida surgió de a poco y se fue extendiendo de boca en boca hasta instalarse en la noche porteña.

«Con mi hermana y un grupo de amigos empezamos mirando películas viejas, videos instructivos que en los años 80 y 90 eran bastante populares en Europa. Después fuimos intercambiando con gente que bailaba en otros lugares. Pero en la Argentina, en ese momento, no había baile de swing propiamente dicho», rememora Ernesto Biggeri, uno de los pioneros, quien junto con su hermana Claudia da clases de swing.

De igual modo, los chicos de la Orquesta Inestable comenzaron tocando en forma esporádica y, en la medida en que el rumor fue corriendo, pasaron a armar fiestas con clases y baile en el teatro Mandril, donde cada viernes llegan doscientas personas para vivir la experiencia del swing.
El espectro de gente es amplio, aunque la mayoría está entre los veinte y los treinta años. Chicho, uno de los miembros de la cooperativa que da vida al Mandril, describe que, en una noche típica, la gente «entra, toma una cerveza en la barra y después empieza la clase de swing con los profesores, que es muy divertida. Después toca la orquesta y todos se quedan bailando hasta que pueden. Hasta que les dan las piernas».

Muchos vienen de bailar otro tipo de música, como el rock and roll y el tango. Otros se acercan por primera vez al baile, por curiosidad. Otros buscan pasar una noche con amigos. O quieren conocer gente. O quizás encontrar un amor.

«Cada uno viene por un motivo y después se termina enganchando con todo lo demás», comenta Biggeri. «Vengas por una cosa o por la otra, el combo es conocer gente, hacerte amigos, aprender a bailar. Y después, una vez que le tomás el gustito, ya no lo querés dejar.»

Juan Manuel es profesor de educación física. Pero desde que una noche fue con unos amigos a bailar swing no pudo parar. «Empecé a tomar un montón de clases y fui avanzando cada vez un poco más. Está muy buena la movida».

Quizá sorprenda ver a tantos jóvenes bailando un estilo de baile de los años 20. Pero Juan Manuel tiene una explicación: «Es un baile muy divertido y muy abierto. No es tan cerrado, tan reglado, sino que tiene mucha improvisación en el medio que está buenísima para hacer. Te divertís mucho».
Biggeri agrega su punto de vista. «Es un baile en pareja y eso genera una conexión muy particular con el otro. Pasa algo parecido al tango, con el agregado de que esta música te mueve. Vos escuchás esta música y te dan ganas de bailar. Y la conexión de esas ganas de bailar con el conectarse con otros es muy fuerte». Y concluye que una de las claves es que no hay diferencias entre los novatos y los más experimentados. Acá «bailan todos con todos. No hay historia. La onda es compartir.»

Son las cinco de la mañana. Suena un nuevo tema. Todo se mueve. El swing vive en Buenos Aires. Quizás, algún día, llegue a los oídos de Woody. Luz, cámara, acción.

DZ/sc

 

Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario