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TEMAS DE LA SEMANA

Susana Rinaldi, actriz, cantante de tangos y diputada

‘Ciudad pide que el tango sea patrimonio de la humanidad mientras tira abajo la casa de Filiberto’.

Por pablo-pizzorno
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Susana Rinaldi recibe a Diario Z en su oficina de la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI), donde se desempeña como vicepresidenta segunda. Allí reparte su tiempo con su despacho en la Legislatura porteña, donde asumió la banca en diciembre por la lista que encabezó Aníbal Ibarra y que apoyó la candidatura a jefe de Gobierno de Daniel Filmus. En la charla, se muestra feliz en su nueva tarea como diputada y critica la gestión cultural del gobierno porteño.

¿Cómo se siente en su función nueva? Siempre estuvo vinculada a la política pero es la primera vez que es legisladora.
Sí, ya había sido tres veces candidata. Es un momento de la vida que me llegó por casualidad. Yo no esperaba que Aníbal (Ibarra) me propusiera nada, si bien siempre fuimos muy amigos, y tampoco se me ocurrió que podía decirle que sí. Después de la muerte de Alfredo Bravo y de haber acompañado otras posibilidades, yo estaba, no decepcionada, pero no estimaba en este momento de mi vida meterme otra vez en el ruedo. Ahora agradezco estar en esta tarea contestataria, en el lugar donde se debe. No tenía la menor idea de cómo era el juego dentro de un despacho y tampoco imaginé estar rodeada de gente joven y fervorosa que demuestra tantas ganas. El mes último fui la diputada que presentó más proyectos y eso es posible porque tengo un equipo que me acompaña. Hasta ahora, mis compañeros nunca me han dicho que no y todos me acompañan de buen grado. Eso quiere decir que me vienen siguiendo hace rato en lo que soy y en lo que hice. Eso me hace bien y me estimula.

En la Legislatura tomó muchas cuestiones vinculadas a la cultura y le tocó ser vicepresidenta de la Comisión.
Lo de la Comisión fue algo que me sorprendió, no lo esperaba. Porque, la verdad, ¿quién se te ocurre para el cargo, estando yo ahí con 54 años en esta actividad dentro y fuera de casa? Me tuve que bancar que una primera minoría decidiera que todas las comisiones tenían que ser presididas por ellos. Pero con gran sorpresa, en la primera reunión, la presidenta de la comisión (Lía Rueda) me propuso como vicepresidenta. Si algo no esperaba, era eso. Ahí te parece que todo puede ser más posible. Pero no así en otros aspectos. Están los vetos que este señor (Macri) ha usado para tirar atrás cuestiones del campo cultural.

Usted escribió una carta abierta a Macri criticando su veto a la ley que expropiaba la que fuera la casa de Juan de Dios Filiberto en La Boca. ¿A qué atribuye los vetos del gobierno porteño relacionados con la cultura?
En realidad, mi primera llamada atención fue por la casa de Alfonsina Storni [N de R: fue demolida en diciembre pasado]. Yo estoy segura de que Macri nunca ha leído una frase de Alfonsina. Lo único que le importaba era deshacerse del inmueble. A mí me respondieron después de tirarla abajo y prometieron una especie de reparación. Con respecto a los vetos, creo que se deben a una profunda provocación que paradójicamente le permite estar en contacto con la sociedad. Si él no provoca, no logra que se hable de él. Hace dos años se rompieron el alma para que el tango fuera declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en la Unesco. Ahora lo desprecian y dejan que se venga abajo la casa de Filiberto, para hacer ahí un edificio y beneficiar vaya a saber a quien. En esa casa además hay murales de Benito Quinquela Martín. ¿No era que La Boca es el negocio más importante de turismo del país? La gente llega a Buenos Aires y lo primero que hace es ir a La Boca. Pero no, yo te provoco, hago lo que se me da la gana, aunque los míos hayan votado a favor de sostener y reparar esa casa.

Precisamente usted realizó una denuncia ante la Unesco por el «avasallamiento patrimonial» sobre la casa de Filiberto. ¿Qué recibió como respuesta?
Sí, fui el mes pasado a la sede de la Unesco en París. Ellos no pueden entender este proceder, el desfase entre cuidar por un lado y tirar a la basura por otro. No hay coherencia. Si la Ciudad pide que el tango sea patrimonio de la humanidad, no se entiende que después se tire abajo un lugar emblemático referido absolutamente al tango. Son exabruptos, y lo peor es que una vez cometido el exabrupto, nadie da explicaciones. Yo he presentado pedidos de informe y todavía estoy esperando respuesta. No es menosprecio, es lisa y llanamente desprecio. Macri se maneja como un patrón de estancia, pero nosotros estamos para decir que está equivocado y machacar sin cansarnos.

En la carta decía que Macri se refiere al tango como la «soja porteña». ¿Qué encierra esa definición en relación con la cultura?
Muestra que no hay otro criterio más que la rentabilidad. Yo estoy esperando definiciones sociales y culturales vinculadas a las necesidades de la ciudadanía.

Hace poco, Macri inauguró, por segunda vez en menos de un año, la Usina de las Artes. Usted presentó un pedido de informes respecto a la programación, hasta hoy inexistente.
Me deja una impresión de angurria, de acaparar todo para que no lo haga otro. Me parece torpe y en contra de la cultura que Hernán (Lombardi) sea a la vez ministro de Cultura y de Turismo. Los movimientos para defender la cultura no siempre van encaminados con los que defienden el turismo. A lo mejor, una cosa es consecuencia de la otra, pero con tiempo y después de un trabajo a conciencia sobre lo cultural. Acá se mezcla todo y hay una sola palabra: el negocio.

¿Cómo es la situación del Museo del Cine?
Fuimos a visitarlo y la sensación es la de un gran descuido. El problema es la desatención. Al no interesarse nadie por eso, piensan que un museo se instala para toda la vida y que no hay pérdidas, desmanes, filtraciones que perjudiquen las cosas expuestas. Se destruye por la estupidez misma.

¿Qué opina de los conflictos que atraviesan al Teatro San Martín?
Hay mucha confusión. Yo inauguré el San Martín en el 63, en la Sala Casacuberta, con Los físicos, de Friedrich Dürrenmatt. Siempre fue un terreno donde hay una cabeza principal, en este caso un director, de quien depende todo: la presentación, el gusto, los empleados. Es demasiado enorme el teatro para no saber delegar en otros. Entonces descubrís que a veces quienes debieran cuidar la estructura, permiten que los ascensores estén destruidos, que haya problemas de comunicación o de programación. No hay un cuidado de concepto, de lo que es un teatro y su funcionamiento. Una cosa es tener buenos técnicos: un director o un subdirector pueden ser buenos, pero el que sabe de teatro es el actor, el iluminador, los que lo hacen funcionar.

Usted siempre fue afiliada al Partido Socialista, sin embargo, hace tiempo que se alejó para acompañar al gobierno nacional. ¿Cómo ve ese alejamiento?
Hay una parte del PS que hace rato pensamos que tenemos que aggionarnos. Hay otra que sigue con la estructura de los años de la pera y no está de acuerdo en mirar para adelante. Hoy somos un grupo que se está conformando como Socialismo para la Victoria. Sentimos que este modelo que viene desde (Néstor) Kirchner es el que mejor ha representado nuestros ideales y esperanzas. Somos pocos, pero creo que se va a ir dando lentamente, y además tenemos la suerte de que muchos jóvenes están entrando.

DZ/km

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