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Sueños eróticos: secretos de la mente

Los sueños eróticos se relacionan con lo vivido durante el día y expresan, de forma distorsionada, deseos insatisfechos.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Se sabe, desde Freud para aquí, que los sueños, la actividad onírica, son “guardianes del dormir”. Es decir, el sueño nos deja dormir en paz. Otro dicho del padre del psicoanálisis es que “el contenido de los sueños son alu­cinaciones de deseos insatisfe­chos”. Concretamente, entonces, dormimos plácidamente, en tanto una serie de actividades automáti­cas expresan fantasías que por ra­zones diversas no hemos podido concretar durante el día.

Esto muestra una generalidad y nos puede ocurrir que sea relativa­mente fácil desentrañar la trama de estos elementos, siempre curiosos e interesantes. Nos asalta la pregun­ta: ¿cuáles son las razones por las que esos contenidos oníricos no se muestran directamente, por ejemplo, en actos sexuales o besos apasiona­dos? La respuesta es relativamente simple: los sueños, eróticos o no, se encuentran “disfrazados” en ropa­jes simbólicos. ¿Por qué? Porque nos despertaríamos, De allí que un sueño debe ser interpretado por alguien que conoce las claves de la estructura del “ropaje” con que se viste el sueño.

En el tema sueños y erotismo o sexualidad centró Freud sus intereses científicos iniciales hace más de cien años. ¿Qué tenían en común esos temas? Lo misterioso oculto. Y bu­cear en ello permitió abrir una brecha enorme hacia lo que era desconocido hasta ese entonces.

Pero debemos hacer una aclaración importante. Desentrañar el sentido y el significado de un sueño, nos dice algo –subrayo “algo”– del soñante pero ese algo es pequeño en comparación con los infinitos matices de otros aspectos de su persona total.

Colocar un microscopio en el tronco de un árbol, nos permi­te observar partículas que obviamente pasan inadvertidas a la vista común de ese árbol. Y la visión microscópica, nos ilumina sobre la constitución estructural de ese árbol. Pero no po­dremos concluir fácilmente, sobre la composición del bosque entero. De allí se deduce que saber la constitu­ción y significado de un sueño no dice nada de la per­sonalidad o de las conductas de ese soñante.

Un sueño erótico puede incluir elementos de lo conocido, lo desconocido o una combinación. Para entender el erotismo de un sueño es importante pres­tar atención a aquello que se denomina técnicamente “el resto diurno”. O sea, acontecimientos del día ante­rior o de dos días anteriores que hayan entrado a for­mar parte del sueño erótico de esta noche.

La conexión comunicativa que tenemos con una persona conocida puede motivar un sueño de conte­nido erótico. Recordemos para entender esto que la sexualidad humana, hoy, es casi un sinónimo de co­municación.

Pero tener fantasías que se cumplen en un sue­ño no significa que la persona tenga la intención de hacer esa fantasía realidad. Hay una diferencia entre fantasear y actuar.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.