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Stolkiner: «Casi el 30% de la población tiene algún padecimiento mental»

Psicoanalista, docente, especialista en salud pública y en los nuevos paradigmas en salud mental, Alicia Stolkiner analiza cómo funcionan los servicios que tratan dolencias psíquicas en la Ciudad.

Por Alejandra Hayon
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Alicia Stolkiner
Alicia Stolkiner 2
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En su estudio de techos altos y paredes repletas de libros, la psicoanalista Alicia Stolkiner, también especialista en salud mental y salud pública, reflexiona sobre los nuevos paradigmas sobre los padecimientos mentales: desde las ideas de encierro que históricamente justificaron la existencia de manicomios hasta la sanción de la nueva ley de salud mental nacional y la situación de los servicios de atención de la Ciudad.

Licenciada en Psicología en la Córdoba insurrecta de los años siguientes al Cordobazo, con el golpe del 76 Stolkiner partió al exilio. En México se incorporó al Movimiento de Trabajadores de Salud Mental Argentinos, que atendía a los exiliados del cono sur y nicaragüenses. Allí trabajó con dos pioneras del psicoanálisis: Marie Langer y Silvia Bermann. De entonces data su inmersión en el estudio de los vínculos entre salud mental y salud pública, que hoy se expresa en la docencia y en la participación en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad

¿Qué es la salud mental?
Si tuviéramos una concepción integral de la salud, no deberíamos pensar en términos de enfermedades mentales o enfermedades orgánicas, tendríamos que hablar de problemáticas y sufrimientos complejos que tienen que ver con el cuerpo, con la mente y con la condición social. Actualmente, la salud mental tiene dos patas: por un lado, es un recorte de disciplinas, como el campo de la psiquiatría o la psicología, y, por el otro, una serie de ideas que la sociedad tiene sobre la locura, el temor y la peligrosidad, que conlleva la pérdida de razón que se ha ido construyendo en el tiempo. También se han incorporado en el terreno de la enfermedad mental padecimientos psíquicos que son característicos de una época y que se tienden a transformar en problemas médicos como parte de la medicalización de la vida en general. Casi el treinta por ciento de la población mundial tiene algún tipo de enfermedad mental.

¿A quiénes se considera loco?
La locura no es una categoría médica, es una construcción social. Popularmente, loco es toda persona que no se comporta siguiendo los parámetros esperables y que lo hace de una manera disruptiva o con conductas que no parecen adaptadas a la realidad. Sin embargo, hay gente muy extravagante que al tener un lugar de poder no se la considera loca. Un diagnóstico médico es un cuadro psicopatológico con características específicas y con un determinado cuadro, como un trastorno bipolar, por ejemplo.

¿Cuáles son las enfermedades psicológicas más frecuentes?
Por un lado, están las patologías psiquiátricas clásicas, que sufren quienes tienen episodios delirantes y períodos de crisis, y que por momentos requieren algún cuidado especial. La cantidad de personas afectadas es más o menos estable en toda la población. La esquizofrenia, por ejemplo, tiene una tasa universal, no aumenta ni disminuye. Lo que cambia es el sufrimiento según el lugar que la sociedad les da y la asistencia que reciben. Este tipo de trastornos fueron los que originalmente se asociaron a la idea de encierro.

¿Y fuera de los clásicos?
Después hay problemas serios para los que los servicios de internación prolongada no siempre son adecuados. Tenemos una tasa bastante alta de suicidios en adolescentes y la respuesta no pasa por encerrarlos, sino por generar los espacios preventivos, comunitarios, terapéuticos y asistenciales necesarios. También hay muchos casos psiquiátricos relacionados con el consumo problemático de sustancias y no únicamente de drogas ilegales. El alcoholismo es el problema de salud mental que más muertes produce en este país.

¿Cuáles son los servicios que tiene la Ciudad para la atención de este tipo de padecimientos?
Hay cuatro grandes instituciones psiquiátricas monovalentes –únicamente para enfermedades mentales– que son el hospital de emergencias psiquiátricas Alvear, para casos agudos; el Borda, que es exclusivo para varones; el Moyano, para mujeres y el Tobar García, para niños y adolescentes. Después están los centros Hugo Rosarios y Arturo Ameghino y los servicios dentro del resto de los hospitales generales, algunos con internación y otros sin ella.

¿Cuál es tu evaluación sobre el funcionamiento de esos servicios?
Uno de los mayores problemas es que los servicios de la Ciudad no funcionan en red y se deriva a los pacientes de un lugar a otro, sin indicaciones claras. Después, dentro de los hospitales monovalentes conviven iniciativas realmente innovadoras –la radio La Colifata y el Frente de Artistas en el Borda o el programa Cuidar Cuidando del Tobar García, donde los chicos ayudan a los cuidadores del zoológico–, pero con internaciones prolongadas, cronificación y graves denuncias de violaciones a los derechos humanos.

¿Cómo cuáles?
En 2007, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) publicó un informe sobre la situación de las personas internadas en estas instituciones psiquiátricas y detectaron situaciones terribles. Desde violaciones sexuales, ligaduras de trompas sin consentimiento, hijos sustraídos, maltrato físico y hasta muertes dudosas. Cuando una persona es considerada loca, su voz no tiene valor y si además fue declarada insana, ni siquiera puede hacer una denuncia. Independientemente de la buena voluntad, cuando tenés una institución enorme, con un solo enfermero a cargo de setenta pacientes, la única manera de mantener en orden esa sala es la sobremedicación. Es necesario transformar estas instituciones en dispositivo de atención abierta a la comunidad con hogares y talleres de asistencia e inserción laboral.

¿Por eso la nueva ley dice que no deben que existir los monovalentes?
Las malas condiciones de vida de los pacientes en los hospitales psiquiátricos tienen larda data y por eso hay que tener un especial cuidado con las internaciones prolongadas, incluso evitarlas. El campo de la salud mental es el único dentro de la medicina, en el cual una persona puede ser privada de su libertad involuntariamente. Si llego a un hospital con una apendicitis aguda y me dicen que me tienen que operar, me puedo negar. No importan los motivos, firmo los papeles y me voy. Como adulta que soy, en uso de mis facultades, puedo oponerme a recibir un tratamiento con el que no estoy de acuerdo. En cambio, cuando alguien tiene una crisis, se considera que no está en condiciones de tomar una decisión e históricamente se habilitó su internación y privación de derechos. Por eso es tan importante la nueva ley nacional que protege a los usuarios del sistema.

¿Ya no se aconsejan las internaciones?
Lo que sucedía tradicionalmente es que el paciente quedaba internado y la condición misma de la internación iba rompiendo sus vínculos sociales. Para que una persona aprenda a vivir en comunidad no la podés encerrar. La internación sólo se justifica cuando existe un riesgo cierto e inminente sobre sí mismo o sobre terceros. Mi experiencia, luego de años de trabajar con personas diagnosticadas como psicóticas, es que la peligrosidad que se consideraba sobre ellos no es mayor que el común de la gente. Hay personas psicóticas que son peligrosas como hay gente peligrosa sin ningún padecimiento. No era psicótico el empresario que mató a cuchilladas a su mujer en el country.

¿Cuáles son las medidas que se están tomando para pasar de los grandes hospitales monovalentes a los centros de atención integral?
La ley de salud mental plantea el año 2020 como fecha límite para los monovalentes y no veo que la Ciudad esté dispuesta a generar los dispositivos alternativos para llegar a ese plazo. Lo único que han hecho hasta ahora, en algunos casos y cuando interviene la Justicia, es derivar a instituciones de internación privada, por las que el Estado paga y cuya calidad de atención desconocemos completamente. La Ciudad ha tenido una actitud de indiferencia con la implementación de su propia ley, la 448, y una posición de desconocimiento total del nuevo marco nacional. De hecho, recientemente elevó una cautelar contra el órgano revisor de salud mental cuestionando su injerencia.

Entonces no hay muchos motivos para ser optimistas…
No te creas. Nuestra sociedad ha crecido muchísimo. Hemos avanzado ampliamente en la inclusión de personas que son diversas y eso se nota en la producción legislativa. Estas nuevas leyes, como la de salud mental, que refleja el nuevo paradigma de protección de derechos, es producto de la sociedad. No la pensó un ministro, fueron los actores sociales quienes las impulsaron. Hoy los usuarios del sistema de salud mental –como debe llamarse a los pacientes– tienen su propia voz y se sientan a discutir en los congresos al lado de los profesionales.

DZ/ah

 

Fuente Redacción Z
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