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Sin pegar un ojo

No todos necesitan dormir la misma cantidad de horas. Lo importante es descansar.

Por Marina Navarro
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Descansar poco y mal, levantarse con una sensación de agotamiento, son algunos de los indicios que marcan un trastorno del sueño. Pero no todas las personas lo sufren de la misma manera ni con la misma intensidad. Hay 84 tipos de trastorno del sueño. Los más frecuentes tienen que ver con disfunciones crónicas, insomnio, apneas y patologías mentales.

Pasamos casi un tercio de nuestra vida durmiendo. En condiciones normales, el sueño tiene funciones reparadoras que permiten que el cuerpo y la mente descansen para retomar la actividad durante el día. Pero esto no siempre se da así. Según la Asociación Argentina de Medicina del Sueño (Aamsue), en el país hay un 40 por ciento de la población que padece trastornos para conciliar el sueño y además duerme poco y mal. Lo que equivale a que cuatro de cada diez argentinos sufre de trastornos del sueño.

Descansar bien no solo es importante para poder retomar la actividad diaria, sino para no interrumpir las actividades vitales que ocurren durante el sueño. “Mientras dormimos, en apariencia el organismo está inactivo, pero es solo en apariencia porque la verdad es que para el sistema nervioso el momento del sueño es un proceso de mucha actividad. Tiene como objetivo restaurar, reparar y regenerar el organismo de forma física, mental y emocional”, explica Fiorella Ingrassia, psiquiatra de la Fundación Foro. “El proceso del sueño es muy dinámico e involucra muchas estructuras, el sueño ocurre en diferentes estadios y en diferentes etapas y cumple diferentes funciones”, detalla Ingrassia.

“No toda variación del sueño es patológica. Hay variaciones biológicas normales como por ejemplo la edad, un embarazo, un entrenamiento físico o mental intenso, situaciones de estrés o enfermedad”, señala la especialista. Lo importante no siempre es la cantidad sino la calidad del sueño. La sensación al despertar, si se descansó bien o por el contrario se despierta con sensación de agotamiento. 

Para tratar un trastorno del sueño el primer paso es el diagnóstico. Un registro detallado que documente tanto las actividades del paciente durante el día y antes del sueño como los hábitos, costumbres y consumos. También es importante la información que puedan aportar los acompañantes del paciente.

“Según los datos que tenemos en base a los registros que hacemos con los pacientes, en el 50% de los casos hay como causa secundaria enfermedades mentales, otro 25% tiene causas secundarias enfermedades médicas y del restante tenemos un 15% de insomnio y un 10% de otros factores”, explica Ingrassia. 

“Se puede disminuir los factores de riesgo que sin duda existen y tienen mucha trascendencia en cuanto a la calidad de ese sueño”, señala el doctor Horacio Encabo, jefe del Departamento de Neurofisiología de la Clínica FLENI. “Creer que uno va a tener una larga y satisfactoria noche de sueño es una experiencia frustrante. No porque el sueño está patológicamente modificado sino porque ha evolucionado con la edad. Son muchos los pacientes que consultan porque se despiertan varias veces por la noche y tienen 70 años. Es perfectamente normal. Y no siempre las expectativas y los cambios que se producen en el sueño de un individuo necesariamente están asociados a la edad cronológica. Lo que uno debe entender es que el sueño será bueno o malo no en tanto por lo que pasa durante la noche sino por lo que sucede durante el día”, explica.

No hay una medida exacta de las horas que se debe descansar, varía según la persona y la edad. “Hay gente que duerme 5 horas y está perfecta y otras que duermen 10 porque lo necesitan. El error es creer que la persona que duerme menos necesita ser medicada. Eso es desconocer que a medida que transcurren los años hay tres modificaciones fundamentales del sueño. El tiempo del dormir se abrevia, el dormir se hace más superficial y los estímulos que en otras ocasiones no alteraban el sueño ahora empiezan a hacerlo”, concluye el especialista.

A la cama, chicos

El ritmo de vida actual de los chicos en edad escolar no es igual que en la década pasada. La presencia de internet en los hogares, programas de televisión para toda la familia que comienzan a las diez de la noche o más tarde y padres que permanecen despiertos hasta la madrugada, son algunas de las razones más comunes.

Lo ideal es llegar a un equilibrio y que la actividad no se prolongue mucho más allá de las 23, de manera que el ciclo del sueño pueda cumplirse adecuadamente y el chico no se levante cansado al otro día. Ese estado puede traducirse en trastornos de aprendizaje. 

Los especialistas sostienen que durante el sueño se produce gran cantidad de hormonas, y que si se cambian los horarios éstas se alteran. A veces se intenta compensar con una siesta larga, pero no alcanza. El descanso más reparador es el de la noche.

Tips

-Establecer horarios para acostarse y para levantarse.
-Mantener el espacio donde se duerme limpio, ordenado y evitar los ruidos y la luz.
-No ingerir en exceso alimentos ni cafeína horas antes del horario de acostarse.
-Realizar ejercicio durante el día, pero no antes de acostarse.
-Utilizar la cama para dormir solamente y no para leer, mirar televisión o hablar por teléfono.
-Estimular las ganas de dormir mediante un baño para relajar el cuerpo.
-Pueden tomarse infusiones de te de tilo y valeriana.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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