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TEMAS DE LA SEMANA

Silvia Yankelevich: “Se intenta restituir un modelo tradicional agrietado”

Para la psicoanalista, diferentes modelos familiares buscan recuperar la unidad perdida. Afirma que el abuso es mayor en los extremos de la escala social y que la escuela ha dejado de brindar un espacio de independencia a los chicos.

Por Karin Miller
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Familias ensambladas, familias tradicionales, reproducciones asistidas, embarazos adolescentes, matrimonios igualitarios, desigualdades de género, lazos afectivos y violencias: las familias porteñas atraviesan por nuevas y viejas situaciones, que traen conflictos y consecuencias diversas. Silvia Yanquelevich es psicóloga clínica y explica cuáles son algunos de los principales cambios.
¿Cómo es hoy la relación entre padres e hijos? ¿Hubo una pérdida de autoridad o hay un mayor respeto por la identidad de los chicos?
Lo muy atacado, en el mejor y en el peor sentido, es la familia nuclear, la familia tradicional. Para bien y para mal, porque hay todavía una gran precariedad, es una época de mucha transición. En cuanto a las relaciones entre padres e hijos, los límites son buenas condiciones para todo el mundo. Lo que observo en general es que aparecen los papás con represalias y castigos ante los cuales los chicos son absolutamente inmunes. En general, los padres no jerarquizan entre una travesura, una picardía, una trasgresión y un delito. El castigo usualmente empieza por sacar elementos tecnológicos como el ipod o la PC que a los chicos los conectan con el mundo y con la vida hoy en día, con los efectos de vivencia castratoria que esto tiene, porque el celular forma parte de la mano de un chico adolescente. De todas formas, los chicos están absolutamente inmunes a toda represalia, por lo que debería haber un uso de la creatividad por parte de los padres para pensar formas diferentes a las del castigo cuando hablamos de límites. Especialmente con hijos adolescentes, que es el momento de más conflicto, de menos sujeción y menos sometimiento. La otra cuestión es cómo se van configurando figuras, tanto con varones como con mujeres.
¿Qué clase de figuras?
Hay que tener en cuenta dos aspectos: las relaciones de género y las relaciones generacionales, en este tema de padres e hijos, que es fundamental. Con las familias ensambladas las relaciones generacionales y de género son muy variadas, e implican también diferencias abismales entre un hijo del primer matrimonio y uno del segundo. Me remito a observaciones clínicas a partir de una mirada psicoanalítica atravesada por lo individual y lo colectivo. Las figuras que aparecen son las de un pater familias, que no tiene por qué ser sumamente autoritario ni maltratador, sino un padre que concentra cierto poder. Los hijos varones pueden aparecer como vagos, irresponsables. Las mujeres, como sus mujeres: la ex mujer, la nueva mujer, las hijas. La nueva mujer, mirada desde los hijos, desde la ex mujer e incluso desde ella misma y el marido actual como la influencia, buena o mala, sobre el poder. La ex mujer como una mantenida, desvalorizada, abandonada, por tanto no siempre figura identificatoria para las hijas mujeres. El pater familias todavía intentando imponer a las mujeres los roles de ama de casa y madre eventualmente. Reina una gran desconfianza recíproca muchas veces en las relaciones. Todas estas son figuras desvalorizadas que aparecen constantemente en el discurso actual familiar.
¿Hay aceptación de las familias ensambladas y las nuevas modalidades o todavía hay prejuicios?
Coexiste una aceptación a veces resignada de los cambios que han ocurrido en la familia, especialmente en el llamado matrimonio igualitario, que muchas veces incluye la diversidad sexual pero reproduce a la familia tradicional, con la familia nuclear que tiene los objetivos intactos de la sociedad más tradicional, religiosa y capitalista. Es necesario convocar a la familia a ocuparse en situaciones descentradas de lo tradicional de la familia, que tengan que ver con cuestiones sociales, políticas, comunitarias. Esto versus una enorme deshumanización social donde lo que falta es vivido como una falla, fundamentalmente si falta dinero. La humanización de la familia y la sociedad son fundamentales.
¿La familia hoy está más o menos conectada con el resto de la sociedad?
Conectada no quiere decir relacionada. Hay conexiones fugaces, conexiones tecnológicas y relaciones bastante lábiles. Todavía faltan narraciones discursivas que permitan un interjuego de prácticas e intercambios. Hoy hay un vaciamiento de contenidos afectivos, sensibles y discursivos dentro de la familia. Por ejemplo, no se les pregunta a los adolescentes qué quieren, hacia dónde van, qué les gustaría. Esto empobrece los aspectos más interesantes de la familia, por ejemplo la fraternidad, que debería ser el aspecto más democrático de la familia. Empobrece también los lazos afectivos sensibles y humanos.
¿Qué implica que estemos en un período de transición?
Es un período de intento de una unión que más que una unión es una restitución frente a estallidos de la familia, por tanto se ven las grietas. No se trata de hacer una hipervaloración de la unidad, lo heterogéneo es fundamental. Pero se intenta hacer una reunificación como si nada hubiera pasado, restituir un modelo de familia tradicional agrietado.
¿Hay problemáticas diferentes en cada clase social?
Sí. Puede haber situaciones diferenciadas. Abusos sexuales hay en todas las clases sociales, pero quizás hay mayores sometimientos y narcisismos en clases de altos recursos. Hay situaciones paradojales, las patologías se agravan por problemáticas de bajos recursos o por excesos narcisistas producto de una clase social en donde no se denuncian públicamente y se mantienen guardadas algunas cuestiones. Las figuras desvalorizantes que nombré no dejan de ser situaciones de violencias verbales, todavía muy ocultadas, muy negadas y muy constantes. La escuela, que en otro momento podía funcionar separando a los hijos de la familia en el mejor sentido, hoy se ve muy vulnerabilizada e inestable.
¿Qué opina de los avances en materia legal?
Coincido con algunos aportes sociológicos que se han hecho acerca de que la juridicidad todavía no alcanza, aunque han cambiado algunas leyes. No son suficientes ni las leyes laborales para mejorar las situaciones de hombres y mujeres y los cambios familiares, ni las leyes sobre delitos que se inflingen al interior de la familia. Hay problemáticas que todavía si la sociedad no produce cambios a nivel macro es muy difícil resolver. Hay que hacer cambios a nivel de la humanización de las familias y ése es un trabajo en el que hay también que pensar los desmantelamientos que ha habido en la salud, que dejan para las clases populares pocos lugares y recursos. Por otra parte, en clases de bajos recursos y de altos recursos se ven problemas físicos, corporales, serios, más que en la clase media que tiene otras problemáticas en juego.
¿Cuáles son estos problemas?
Por ejemplo enfermedades autoinmunes, enfermedades psicosomáticas. Lo que estoy diciendo con esto es que la familia está muy atravesada por lo sociohistórico. Uno podría tener el atrevimiento de decir que hemos pasado por la época de la melancolía con la tuberculosis, de la psicosis con el cáncer, de las perversiones con el HIV. En esto de lo transicional podemos estar pasando por una época donde la problemática se fuga al cuerpo y hay problemas muy serios. Es lo que observo a nivel físico, con todas las consecuencias que esto implica en las familias, por supuesto en las familias más humildes mucho más graves por los recursos con los que se cuenta.
¿Cómo y por qué cambió el momento de tener hijos?
En algunos casos hay embarazos sumamente tempranos y por lo tanto riesgosos. Y hay también embarazos sumamente tardíos y complejos. Hay un atraso desde la mujer del momento reproductivo hasta llegar a situaciones muy límites. Muchas veces las mujeres necesitan estar preparadas para el mundo, en el caso de clases sociales de recursos y que llegan a actividades universitarias, o hay situaciones de anhelos de consumo y de progreso social, en toda la sociedad. Surgen de las propias necesidades de mujeres y varones, pero especialmente de mujeres, todas las técnicas reproductivas nuevas con sus consecuencias. Ya hace 20 años tenemos pacientes que han recurrido, con toda la carga emocional que implica, a donación de óvulos o esperma, a vientre alquilado. Estos recursos traen sus complicaciones. Por ejemplo, cuando es esperma donado con óvulo de la madre biológica no suele haber una información al niño que ha nacido de esa reproducción asistida, y queda la fantasía de que el hijo es hijo sólo de la madre. Cuando se le informa es para decirle “sólo sos hijo mío”, y siendo que el padre no puso la biología pero puso el apellido, la crianza y provee la herencia se supone que de las cuatro situaciones que garantizan formalmente una paternidad hay tres garantizadas. Hay manejos de poder que muchas veces se juegan a través de esto, que se ven en la subjetividad de los individuos y en características novedosas y conflictos novedosos de la familia. A situaciones muy interesantes que ha habido de cambio en la familia, no deja de haber situaciones de conflicto que aparecen a raíz de las novedades. No podemos decir ni que lo viejo haya sido lo peor ni que lo nuevo sea lo mejor ni viceversa. Es importante pensar en el atravesamiento social, en el cual falta mucho por resolver a nivel macro, como las igualdades o las aperturas a nuevas situaciones.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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