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TEMAS DE LA SEMANA

Silvia Iriondo: ‘Pertenezco al folklore’

La cantante habla del renacer del género y anuncia una versión propia de ‘Mujeres argentinas’.

Por Franco Spinetta
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Mate en mano, Silvia Iriondo recibió a Diario Z en su departamento con vista al Jardín Botánico, pleno Buenos Aires, aunque su voz remite a la Argentina profunda. Con más de 30 años de folklorista, Iriondo reviste de trayectoria una frescura que la mantiene a la vanguardia.

Contanos sobre Mujeres argentinas.

Es sobre ocho mujeres argentinas: Juana Azurduy, Guadalupe Cuenca (la esposa de Mariano Moreno), Manuela Pedraza, Gringa Chaqueña (que representa a las mujeres que poblaron el Chaco) y Alfonsina Storni, entre otras. Fue compuesta por Ariel Ramírez y Félix Luna en 1969, y grabada por Mercedes Sosa. El desafío fue tomar esa obra, que ya tiene una impronta, sobre todo por la voz de Mercedes Sosa, y adaptarla al presente y a mi voz. La tapa del disco está ilustrada con la flor nacional, la del ceibo. La leyenda dice que una princesa guaraní salió en defensa de su tierra cuando llegaron los colonizadores. Cuando la atrapan, la atan a un árbol y la queman viva. En ese momento, su cuerpo se enciende en flor de ceibo. Me parece que representa bien este disco, que es la lucha de la mujer en defensa de lo propio.

¿Cuándo lo presentás?
Los viernes de octubre en la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985), con entrada libre y gratuita. Actualmente hay una muestra de mujeres argentinas de 1810 a 2010, están las interpretadas en el disco y muchas más. Por eso me pareció muy indicado que uno pueda recorrer la obra y ver a las mujeres que influyeron en el país. Las anónimas y las conocidas, como Alicia Moreau de Justo, Evita, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco. Adriana Lestido acompañará el concierto con proyecciones fotográficas.

¿Hay un renacimiento del folklore?
Sí. Creo que se toma conciencia del valor que tiene la música del país. Estuvimos muy invadidos con un pensamiento, una lengua y una música que no eran propias. Entonces la recuperación de nuestro idioma y de nuestros ritmos llevó a mucha gente a valorar nuestra música. No es un nacionalismo tonto sino que tiene que ver con la identidad, la cultura… el terruño. Cuando salís del país y escuchás una zamba, te conmovés porque es el sonido de tu país.

En más de 30 años de carrera, ¿qué es lo esencial de tu mensaje?
La esencia es un criterio de orden subjetivo. Cada persona puede interpretar mi mensaje de diversas maneras. A mí me interesa el folklore, pertenezco a esta música. Me conmueve todo lo que se expresa con relación al paisaje, la persona inmersa en ese paisaje, utilizándolo para abordar temas trascendentes. Ésa es la obra de Yupanqui, donde se toma como excusa un «yuyito» del monte para hablar del alma o de la dicha. También me gustan la música contemporánea, la brasileña y el jazz. Utilizo todas esas vertientes para construir desde el folklore, que para mí es el centro de todo. Yo quiero contar sobre mi país. Y no le quiero agregar nada al folklore, porque lo tiene todo.

¿Cuál es el peso de Yupanqui?
Es uno de nuestros grandes compositores. Sus letras describen perfectamente la identidad del argentino y enaltecen el paisaje y eso lo utiliza como excusa para abordar filosóficamente la existencia. Es tremendo.

¿A quién incluirías en una guía introductoria del folklore?
Yupanqui, Castillas, Dávalos, Falú, Ramón Ayala, Cuchi Leguizamón. Todos ellos, desde el corazón mismo del paisaje, hablan y develan la intimidad de nuestra cultura. Si uno quisiera conocer de qué se trata la vida del país en las orillas de los ríos, en las montañas, en los desiertos profundos, hay que escucharlos.

Esa mirada tiene un contexto social.
Este momento social de polémica, pelea, puja e incomodidad es óptimo para la creación. Por más que se trate de aquella alma solitaria y callada, que le guste más escuchar que hablar. No se puede obviar el intento del gobierno nacional de reconstruir un pasado que fue silenciado. El miedo y la censura nunca ayudan al artista. El silencio sirve para encontrar tu intimidad. Pero no hablo de ese silencio, sino del vacío. Hablo de un silencio lleno de voces: para escuchar hay que hacer silencio. Éste es un momento para escuchar, pero sobre todo para participar; es un momento de encuentro y libertad. Es la única forma de amar lo nuestro y darnos cuenta de quiénes somos realmente.

 

Fuente Redacción Z
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